Raúl Cremoux
Son ustedes nuestros representantes populares los que pueden y deben modificar y enriquecer la iniciativa de reforma hacendaria. Para ello tendrán inevitablemente que leer y hacer un esfuerzo por entender. Lo que no les guste, consúltenlo con sus representados, formen comités ciudadanos de análisis; aprenderán mucho sobre las necesidades de los pobladores y verán lo alejados que ellos están de las prerrogativas que ustedes gozan.
Salten por encima de sus límites y penetren la complejidad de la red fiscal; hagan un esfuerzo por desentrañar lo que Hacienda pide a los ciudadanos simples: pagar a pesar de los innumerables obstáculos que esa misma dependencia ha erigido. Busquen asesoría para que los contadores públicos y los fiscalistas les expliquen lo que es el CETU traducido como el nuevo impuesto de Contribución Empresarial de Tasa Única. Vean a unos y otros, recaben la información y valoren si tal imposición favorecerá o no al empleo.
No se dejen llevar ni por lo que dicen los grandes empresarios ni tampoco por los gritones extremistas. Recuerden que entre las máximas de los cobradores de impuestos está aquella que pide tasa baja y sencillez. Si el cobro es razonable, serán muchos los que contribuyan; si es alto, seremos muchos los que pretendamos pagar menos. Apliquen el principio de proporcionalidad; la misma tasa de 28% del ISR que paga el segundo hombre más rico del mundo se aplica a cualquier dentista que rebasa un ingreso mensual de 80 mil pesos. Esta falta de equidad es uno de los agujeros éticos y políticos más grandes que el fisco ha propiciado. Remédienlo.
Piensen en sus hijos. Si Pemex continúa como hasta ahora, siendo el causante determinante, cuando sean mayores quizás tengan que importar no sólo gasolina, sino hasta las tortillas, ya que el actual esquema de desarrollo inequitativo habrá fracasado completamente. Ustedes no tienen que vender productos piratas ni poner changarros en la vía pública; mandan a su secretaria a depositar sus dietas -cada vez mayores- y estarán lejos de pagar impuesto por depósitos en efectivo mayores a 20 mil pesos mensuales.
¿Creen que esta medida es una contribución de la llamada economía informal o que lesionará a la exitosa actividad del lavado de dinero? Tienen ustedes la oportunidad de enriquecer la propuesta hacendaria de gravar los ingresos de quienes más dinero acumulan.
En otros países se ha instaurado el impuesto a las grandes fortunas, a la forma suntuosa de vivir, y si bien en la bolsa lo mismo se gana que se pierde, ¿por qué no incluir a aquellos afortunados que elevan sus caudales con porcentajes elevados?
Finalmente, si quisieran ustedes ir a fondo, en sus manos está. Comiencen por casa, por esa amplia morada en la que viven y saltan de un puesto a otro: la clase política. Forman ustedes una amplia, muy amplia franja alrededor del cuerpo social; le condicionan la talla hasta hacerla extra ancha; el costo es brutal ya que la mayoría piensa que al llegar a un cargo público ha llegado a las puertas de la gloria. No sólo aumentan groseramente sus ingresos y su versallesca forma de vida. Aspiran, sobre todo, a ser considerados próceres que derraman entrega y servicio a la población. Nos urgen demostraciones éticas por doquier para que ustedes, señores legisladores, cuenten con la población. En la hora actual les pedimos sensatez, prudencia y generosidad.
cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista
