Sara Sefchovich
En la búsqueda de factores que nos permitan entender la situación en que vivimos y cómo llegamos hasta acá, hablé hace algunas semanas en este espacio de los obstáculos culturales. Un amable lector me corrigió el vocablo “obstáculos” , lo cual en sentido estricto es correcto si se quisiera hablar también del otro lado del mismo proceso, es decir, el que facilita o incluso estimula cierto tipo de desarrollo, sólo que en este momento lo que me interesa explorar es precisamente lo que impide una y otra vez que demos el brinco, lo que nos detiene e incluso nos echa para atrás.
Una teoría sobre “obstáculos” que hoy está muy en boga es la que tiene que ver con la geografía. Según Jeffrey Sachs, ciertas partes del mundo están “geográficamente favorecidas”, entendiendo por esto que tienen acceso a recursos naturales importantes como ríos navegables y cercanía con el mar, así como a recursos energéticos y minerales, disponen de amplias planicies en lugar de abruptas regiones montañosas y de climas adecuados para la agricultura y para la salud tanto de humanos como de animales.
En su opinión, estas condiciones las cumplen las regiones templadas del planeta (él no divide al mundo en norte/sur sino en templado/tropical) y para sostener su teoría muestra que entre los países más ricos y desarrollados 21 están en Europa occidental. Si aceptáramos esta teoría para México, la zona del Bajío cumpliría con varios de esos requisitos y no en balde ha sido históricamente nuestro granero.
El estudioso inglés Peter Hall piensa que la localización es importante porque significa que por ciertos sitios no sólo pasan las mercancías y el dinero, sino también personas e ideas, con lo cual se generan nuevas formas de pensamiento y de creación que a su vez inciden en la mejoría de las sociedades. Y pone como ejemplos a la Atenas de tiempos de Platón, a Londres en tiempos de Shakespeare, a Florencia en época de Miguel Ángel y a París de principios del siglo 20, ciudades todas “con mucha energía y con intensa vida económica, intelectual y artística”.
Un estudioso de la música, Henry Louis de La Grange asegura que la razón principal por la cual hubo música y músicos excelentes en Viena y por la cual ese esplendor se prolongó durante muchísimo tiempo fue su situación geográfica excepcional.
Raymundo Lazo, el estudioso de la literatura hispanoamericana piensa lo mismo. Desde su punto de vista, “la peculiaridad de México comienza en la geografia”, la cual, al contrario de la capital austriaca, ha hecho que nuestro país no haya tenido un desarrollo y un empuje adecuados precisamente por sus condiciones tan difíciles, que lo aislan de todo y le dificultan todo.
Eso ha tenido un lado “bueno”, y es que casi no hemos tenido guerras con el extranjero ni intervenciones, pero el lado “malo” es que cerró los contactos con las nuevas ideas y creaciones.
Lo que Lazo no explica (y que obsesionó a Paz) es cómo sucedió entre nosotros el proceso por el cual, por una parte, hemos tenido siempre minorías dominantes empeñadas en imitar lo europeo y lo estadounidense, que han adoptado e impuesto ideologías e instituciones divorciadas de nuestras realidades y que nunca cuajaron del todo; pero, por otra parte, existe la perenne negativa a aceptar todo cuanto suene a extranjero, al punto que incluso cualquier fuereño que ha vivido en estas tierras señala como característica una cerrazón hacia ellos, como decían Juan Comas y Gabriela Mistral. Pero ya José Revueltas había advertido que entre nosotros todo es contradicción.
Jarred Diamond, profesor de California, ha escrito dos libros en los que le da fuerte peso a la geografía en el ascenso y decadencia de las sociedades. En su opinión, los recursos naturales con que se cuenta y los vecinos que le tocan a cada país son dos factores determinantes en el desempeño de las sociedades. Dicho de otro modo, que para bien y para mal, no es lo mismo tener en la frontera a Estados Unidos que a Guatemala.
Por supuesto, a estas alturas del pensamiento ya ningún estudioso considera que el factor geográfico es puro y único ni que se aplica de manera mecánica, es decir, que por peores o mejores que puedan ser las condiciones de localización de un país, sus vecinos y sus recursos naturales, lo que hace la diferencia es el manejo que se le da a eso, esto es, las decisiones que se toman sobre el uso de los recursos y sobre cómo conducir las relaciones con los vecinos. Muy cierto, pero significa que regresamos a las explicaciones culturalistas que con tanto empeño quieren negar.
sarasef@prodigy.net.mx
Escritora e investigadora en la UNAM
