El retorno de los Potros de Hierro del Atlante al máximo circuito del balompié nacional no representa un ascenso ordinario ni una simple adición al calendario deportivo.
Este acontecimiento significa, en esencia, revivir uno de los capítulos más nostálgicos, románticos y culturalmente densos del fútbol azteca.
La jornada del jueves 16 de julio de 2026, marcada por el rodar del balón en la cancha del Estadio Victoria, trascendió la mera disputa de las primeras tres unidades correspondientes al Torneo Apertura 2026.
Lo que verdaderamente presenció la afición fue el renacimiento de una conflagración deportiva que hunde sus raíces en la historia misma del país.
Estamos hablando de un duelo que se fraguó en los campos de tierra y en los barrios populares de la Ciudad de México hace casi un siglo, erigiéndose firmemente como una de las enemistades más longevas, tradicionales y fervientes de toda la República Mexicana.
Las raíces de un choque centenario en la época amateur
Para dimensionar adecuadamente la trascendencia de este enfrentamiento y comprender a fondo las razones por las cuales se le ha otorgado el prestigioso título del “padre de los clásicos”, resulta indispensable realizar un viaje retrospectivo en la cronología deportiva.
Es imperativo trasladarnos específicamente al 2 de octubre de 1927. Aquel día quedó registrado en los anales del deporte nacional el primer partido oficial entre ambas escuadras, en el marco del antiguo Campeonato de Primera Fuerza.
Aquel choque inaugural concluyó con un electrizante empate a dos anotaciones, un resultado que encendió de forma inmediata y definitiva la chispa de una rivalidad recalcitrante entre dos de las instituciones que gozaban de mayor arraigo popular, pasión desbordada y éxito deportivo durante la era amateur en la capital.
A lo largo de la década de los años 30, estas dos escuadras ejercieron un dominio absoluto y monopolizaron la gloria del balompié mexicano, obsequiando a la posteridad pasajes que se volverían inmortales.
El conjunto azulgrana, conocido cariñosamente como los Potros de Hierro, logró alzar su primer campeonato de liga en la temporada 1931-32, tras superar a la escuadra rojiblanca en una vibrante y dramática serie de desempate.
No obstante, el contraataque de su contraparte no se hizo esperar en lo absoluto. Como una réplica contundente e inmediata ante la afrenta recibida, la legendaria escuadra de los “Once Hermanos” del Necaxa consumó su revancha apenas un año más tarde.
En dicho compromiso, los electricistas le infligieron a su acérrimo rival una dolorosa y estrepitosa derrota con un marcador de 9-0.
Esta apabullante victoria se mantiene inamovible hasta nuestros días como la máxima goleada jamás registrada en la centenaria historia de los enfrentamientos entre ambos clubes.
La permanencia de un clásico ante los embates de la modernidad
A medida que las décadas avanzaron, el entorno social, económico y deportivo de ambas instituciones experimentó transformaciones radicales.
La transición hacia la era del profesionalismo formal, la mudanza definitiva del Necaxa al estado de Aguascalientes, el constante e itinerante peregrinaje del Atlante por diversos estadios y ciudades de la república, sumado a los trágicos descensos que padecieron las dos franquicias, provocaron que este clásico perdiera de manera paulatina su espacio estelar y su visibilidad en las pantallas de la televisión abierta.
En consecuencia, este choque de enorme valor histórico fue relegado y cedió su lugar a rivalidades más jóvenes, las cuales contaban con un respaldo mucho más agresivo por parte de las estrategias de mercadotecnia modernas.
Sin embargo, a pesar de las innumerables adversidades, las crisis institucionales y el prolongado distanciamiento en las canchas, la llama de esta histórica rivalidad jamás llegó a extinguirse por completo en el corazón de sus fieles aficionados.
El registro más reciente de este tradicional enfrentamiento en la máxima categoría del fútbol mexicano se remontaba al ya lejano 16 de abril de 2011, en un partido que concluyó con una igualada 1-1.
Posterior a la pérdida de categoría del conjunto hidrocálido, los caminos de ambas escuadras únicamente se cruzaron en los terrenos de la división de plata.
El último antecedente oficial en dicha categoría inferior se escenificó el 30 de abril de 2016. En aquella oportunidad, los Rayos del Necaxa se impusieron con un vibrante marcador de 3-2 en el duelo de vuelta de las Semifinales del Ascenso MX, un triunfo crucial que sirvió como el trampolín definitivo para que la escuadra de Aguascalientes lograra su ansiado retorno a la Primera División.
Hoy en día, una década entera después de aquel último choque directo en el máximo circuito, el destino y la historia vuelven a sonreírle a la nostalgia del balompié nacional.
El auténtico “padre de los clásicos” redactó una nueva e ilustre página en el césped del Estadio Victoria.
Con información de EL INFORMADOR
