Inquisidores liberales

Leonardo Curzio

En la formación clásica del mexicano el liberalismo se presenta siempre como una ideología referencial muy ligada a nuestra historia. En los grandes momentos de la historia del siglo XIX los liberales aparecen, a justo título, como los grandes forjadores de la modernidad y de la lucha contra la opresión y el oscurantismo. Los liberales mexicanos tienen reservado un culto de latría.
Juárez, por ejemplo, es objeto de todo tipo de ceremonias, vamos, hasta día de guardar tiene. Y sin embargo su ideología no logró permear en el cuerpo social de manera consistente y coherente. El liberalismo en México aparece siempre de manera contrahecha, con una enorme fricción entre sus componentes.

No hace muchos años que el PRI, de la mano de Salinas y con el apoyo de intelectuales prestigiados, impulsó la idea de un liberalismo social. Varias fuentes se exploraron para conciliar dos corrientes de pensamiento que se excluyen.

El experimento de poner en marcha el pensamiento de Rosselli fracasó rotundamente porque Salinas y su equipo querían diseñar un monstruo improbable con tres cabezas. La primera, un liberalismo económico a medias, pues su capitalismo de compadres no fomentó una genuina competencia. La segunda, una política social basada en un programa manipulador y electorero. Del liberalismo político mejor ni hablar. Hicieron todo para frenar la libertad de expresión y cercenar la dignidad mínima del ciudadano. El fracaso fue clamoroso.

Por el lado del PAN la contradicción es menos explosiva, pero también existe. Los panistas tienen un franco respeto por las libertades económicas. Ha sido un partido comprometido con las libertades (bajo sus gobiernos hemos abandonado las libertades condicionadas) del ciudadano y aunque han tenido sus deslices, es un partido fundamentalmente libertario en esos dos campos.

Pero al momento de enfrentar la prueba del ácido del liberal, su naturaleza conservadora sale a flote sin disimulo. En la polémica sobre la despenalización del aborto quedó claro que el PAN no es la derecha moderna que ha mandado sus valores religiosos a la esfera de lo privado. Su matriz cristiana sigue siendo la que define su proceder. El PAN se mostró pacato y recalcitrante, más cercano a una moral del nacional catolicismo franquista que a la de un demócrata liberal.

Por el lado del PRD la contradicción es igualmente marcada. Es un partido que reivindica la figura de Juárez de una manera casi obsesiva y en algunos temas (como la defensa del laicismo) se muestra rabiosamente coherente. Es un partido que ha colaborado de una manera decisiva para abrir espacios de libertad a los ciudadanos. La democracia que hoy tenemos sería impensable sin su concurso.

Pero también incurre en la gran contradicción (desde el esquema liberal se entiende) de ser un partido que todavía no cree cabalmente en el mercado, es más, la propiedad privada les resulta sospechosa. Su discurso es antiempresarial y su vocación es estatista. Es un partido bovinamente obsesionado en culpar de todos los males al “neoliberalismo”.

No hemos tenido, en resumen, una generación de liberales que al mismo tiempo que defiendan las libertades individuales, promuevan la formación de ciudadanía y estén convencidos de que promover la prosperidad pasa por promover las libertades económicas.

Analista político

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