Enrique del Val Blanco
Con la entrada en vigor del Reglamento de Insumos para la Salud a partir de este martes pasado, quizás se pueda esperar en este país el desarrollo de un programa de abasto de medicamentos seguros y asequibles a la mayoría de los mexicanos que los necesiten.
Con dicho reglamento inicia el fin de lo que muchos han calificado como el engaño de los medicamentos denominados “similares”, productos que han permitido hacer un gran negocio por parte de muy pocas personas, ya que a partir del año 2010 sólo se permitirán en el mercado medicamentos clasificados como “genéricos intercambiables” y los de patente o marca, como comúnmente se les conoce.
Sin embargo, no son muy alentadoras las declaraciones del responsable de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Como ha declarado a EL UNIVERSAL el 1 de febrero, en primer lugar, que el actual gobierno desconoce cuántos medicamentos, o productos que así se denominan, se venden en nuestro país y, en segundo lugar, lo que por cierto marca la incapacidad de los gobiernos panistas para entender lo que es la salud, cuando menciona que no hay precio que pueda comprar la salud, agregando que el interesado debe pagar el costo, tal como sucede en todos los países. El señor comisionado responsable de la comisión anteriormente citada debería saber, ya que se ha publicitado ampliamente, que en varios países se está luchando por bajar los precios de los medicamentos, mediante disposiciones legales que permitan a las autoridades acabar con los fraudes que con muchas patentes hacen cotidianamente las empresas farmacéuticas en todo el mundo, incluyendo por supuesto a nuestro país.
De acuerdo con las cifras publicadas, cerca de 35 mil personas mueren diariamente en el mundo por causa del sida, el paludismo, la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas graves que se presentan principalmente en los países de África, Asia y América Latina. Con excepción del sida, se trata de enfermedades a las que los grandes laboratorios químico-farmacéuticos no les prestan la menor atención, por la sencilla razón de que su investigación y posible puesta en circulación en el mercado de medicinas no son rentables, ya que los pobres no pueden pagar sus precios.
Por esta forma de pensar y actuar hoy millones de personas en México y el mundo se mueren por no tener los recursos económicos para pagar los exorbitantes precios de muchos de los medicamentos nuevos.
En un estudio realizado por la organización no gubernamental Médicos sin Fronteras encontramos que de mil 556 nuevos fármacos registrados entre los años de 1975 y 2004, sólo 20 fueron destinados a tratar enfermedades tropicales y la tuberculosis. Padecimientos como la comúnmente conocida “enfermedad del sueño” (tripanosomiasis humana africana) hoy todavía son combatidas con compuestos altamente tóxicos, al igual que se hacía a mediados del siglo pasado; para combatir la leishmaniasis visceral se echa mano de un veneno que se viene utilizando desde los años 30 del siglo pasado. Y así podríamos continuar con otros casos y demostrar que la industria farmacéutica mundial lo único que busca, a pesar de sus anuncios y fundaciones, es investigar y patentar aquellas medicinas que sean rentables y, por tanto, las que sólo pueden pagar los ricos.
La ONG antes mencionada, junto con el Instituto Pasteur, la Organización Mundial de la Salud e instituciones del sector salud de Brasil, Francia, Kenia y Malasia fundaron en 2003 la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (IMEO), con la finalidad de impulsar el desarrollo de medicamentos para los pobres de todo el mundo.
Entre los éxitos obtenidos, a finales de 2006 se logró sacar un medicamento para combatir la tuberculosis y cuyo costo es menos de un dólar para adultos y 50 centavos de dólar para los niños. Lo más importante, a mi juicio, es que una compañía farmacéutica ha aceptado hacerse responsable del registro y producción del fármaco, sin recurrir a la patente y así permitir a otros fabricantes producirlo. Sería conveniente que nuestro país formara parte de esa iniciativa.
Por lo anterior es que la lucha que están llevando a cabo muchos países por impugnar las patentes y porque haya medicamentos asequibles a todos debe ser apoyada por los todos gobiernos, incluyendo el nuestro, que se ha quedado marginado de la lucha que países como la India a la cabeza, pero también Tailandia, Sudáfrica y Brasil, entre otros, están dando para lograrlo.
Incluso en estos días en la meca del capitalismo, EU, las autoridades están revisando si el medicamento para el tratamiento contra el colesterol denominado Vytorin, que es producido en conjunto por dos de los gigantes farmacéuticos de ese país, Merck y Schering Plough, no es un engaño y su efectividad no es mejor que la versión genérica que, por supuesto, cuesta un tercio del precio del producto mencionado.
Es decir, en muchos de los países las suspicacias con respecto al comportamiento de las empresas químico-farmacéuticas están a la orden del día. Por eso mismo nuestro gobierno debe ponerse exigente, ya que creo que hay muy pocos países que tengan los 10 mil productos registrados y, sobre todo, que muchos de ellos no sean meros cambios de envase o números de píldoras, para así poder registrarlos, claro, con un nuevo y más alto precio.
Ojalá que las autoridades de salud entiendan lo que está pasando en el mundo y especialmente en su ámbito de responsabilidad, con la finalidad de lograr que el acceso a medicamentos genéricos más baratos sea una realidad en el corto plazo.
Hoy la potencia en los medicamentos genéricos es la India y los vende a decenas de países. La gran pregunta que surge es: ¿por qué en nuestro país los industriales o el gobierno no le han prestado atención a este sector cuando, con la bola de nieve que es el Seguro Popular, la demanda de medicamentos se incrementará de manera excesiva, aunada a la que ya presentan el IMSS y el ISSSTE? Son tan poderosos los laboratorios químico-farmacéuticos extranjeros en nuestro país que han logrado tener cautivo el mercado por muchos años.
Por último, sería muy conveniente que el responsable de la Cofepris tuviera un poco más de cuidado con sus declaraciones.
Analista político y economista
