José Sarukhán
Buenos días, lectores estimados, en la suposición de que habrá algunos. Soy nuevo aquí y por eso el inopinado saludo. Después de hacerlo, debo agradecer la gentil hospitalidad de esta prestigiada casa editorial, que a partir de hoy me acoge en forma quincenal. Disponer de una ventana en esta casa para comunicarme con sus observadores es un privilegio.
Soy nuevo también en el oficio de escribir regularmente para un público general, interesado en asuntos que le resultan de relevancia. En la vida académica uno está acostumbrado a publicar para especialistas y recurrir al grado de detalle necesario para sostener afirmaciones, hallazgos y conclusiones; confío que la relativa sobriedad de las publicaciones científicas me ayude a exponer mis temas concisa y claramente dentro del espacio asignado.
Cuando la oferta temática es tan amplia como la que ofrece este medio, resulta complejo encontrar temas o enfoques a los mismos que eviten redundancia en los espacios del diario. ¿Qué temas pienso abordar? Desde hace un buen número de años he sostenido que hay tres E fundamentales —si las tenemos bien cuidadas— para la vida digna, bien cimentada e independiente de una nación. Estas tres son la educación, la ecología y la economía. Parecerían temas asaz desconectados, pero encuentro que están fuertemente relacionados. ¿Por qué estos tres temas y por qué pretendo tratarlos?
De las dos primeras tengo ciertas nociones por razones de oficio y profesión; de la última, quizá no más que el sentido común del ciudadano normal, aunque su relación con la ecología me acerca mucho más que a un ciudadano regular.
Como no pienso impartir cursos de ecología en este espacio, sino referirme a temas que son el resultado del impacto de la actividad humana sobre nuestro ambiente y el capital natural de la nación, estaré tratando asuntos en los cuales las dimensiones sociales y económicas son tan importantes como las ecológicas.
La llamada “agenda ambiental” ha adquirido una relevancia internacional que hace apenas tres décadas no tenía y que finalmente permite referirse a estos asuntos sin que tilden a quien lo hace de “abraza-árboles”. Hay mucho trecho que recorrer en este tema, a pesar de los avances en el mismo.
México tiene condiciones ambientales privilegiadas, una diversidad natural y cultural igualadas quizá por una o dos naciones más. Todos los seres vivos y las sociedades humanas dependemos del capital natural que nuestros ecosistemas representan y que es la trama donde se sostiene el desarrollo del capital financiero, humano, de infraestructura, etcétera.
Es importante, en esta intersección, ver qué pasa con nuestro capital natural en consecuencia de las formas de desarrollo que hemos adoptado y cómo esto tiene consecuencias para el bienestar social y la economía de la gente y del país —en el contexto del desarrollo sustentable—, y aquí es donde me atreveré a asomarme a la tercera de las E: la economía.
Finalmente, años de docencia y una vida de investigación universitaria —y dentro de ella su administración— constituyen mis bases para tratar asuntos relacionados a la primera E. Si me forzasen a elegir cuál es la E prioritaria, sin duda la de la educación estaría al frente, en una prioridad que nunca ha gozado en nuestro país.
La educación y la investigación —la creación de nuevo conocimiento en todas las ramas del saber humano— están íntima, aunque no exclusivamente, ligadas en una educación superior concebida no sólo como formadora de profesionistas que alimentan el sector de servicios, sino especialmente como la productora de los creadores y los innovadores que el país requiere en forma dolorosa.
Este es un concepto que, a pesar de haber sido la clave de la riqueza de los países tradicionalmente desarrollados y lo es en el presente para los que se acercan aceleradamente a ese desarrollo —y a los que admiramos infantilmente deslumbrados— nunca parece haber calado en el entendimiento, ni de los muchos gobiernos ni de la sociedad misma.
Aprovecharé además, en ocasiones, para adelantar en estas líneas materiales que estoy redactando para un libro sobre mis experiencias en la Rectoría de la UNAM. Así pues, hasta la próxima.
jose.sarukhan@hotmail.com
Investigador del Instituto de Ecología de la UNAM
