El futuro de las Fuerzas Armadas

Ana María Salazar

“Mucho tilín tilín, pero nada de paletas”. Con esto se describen los resultados palpables de la reunión del ASPAN que se llevó a cabo esta semana en Canadá. Había muchas expectativas de que los presidentes Calderón y Bush anunciarían un multimillonario paquete de asistencia, cuyo objetivo es apoyar a México en su esfuerzo de enfrentar los grupos del crimen organizado. Y al no proporcionar detalles sobre este paquete que podría ser de más de mil millones de dólares, deja la impresión de que ambos países todavía no han podido llegar a un acuerdo, o el contenido del paquete es tan controversial que se decidió posponer cualquier anuncio buscando un momento políticamente más adecuado.
Pero no importa cuál sea el contenido del paquete, el solo hecho de que contenga alguna asistencia para las Fuerzas Armadas mexicanas abrirá la puerta para lanzar una serie de críticas. Y es que muchas de estas críticas estarán fundamentadas en información incorrecta. Otras críticas tienen que ver con un debate fundamental que no se ha hecho en México: ¿cómo deben transformarse las Fuerzas Armadas mexicanas ante la transición democrática que se vive en México? ¿Qué cambios o reformas requieren las Fuerzas Armadas para enfrentar las nuevas amenazas que surgen debido a la globalización?

Al igual que la mayoría de los países del continente, en México el concepto de seguridad nacional es un término confuso, controversial y político. Esta polémica es resultado del uso que se le dio al término durante la guerra fría, cuando sus estrategias se utilizaban para debilitar procesos democráticos, para apoyar a los gobiernos militares y para permitir la injerencia extranjera en asuntos internos.

En general, recuerda la época en que por “defender” al Estado había que reprimir al pueblo. Y muchos de los críticos a cualquier apoyo de EU o de cualquier país a las Fuerzas Armadas mexicanas recurren a estos argumentos. Por lo tanto, una pregunta fundamental es: ¿cómo ejercen las Fuerzas Armadas sus funciones sin recurrir a mecanismos autoritarios y antidemocráticos?

Hoy día, al igual que las otras instituciones políticas y gubernamentales en México, las Fuerzas Armadas también tienen que “democratizarse”, y mejor reflejar los deseos y las necesidades de la población. Alvin y Heidi Toffler, en su libro Las guerras del futuro, publicado en los 90, identificaban esta problemática señalando que los ejércitos de países democráticos “no pueden ganar guerras sin apoyo popular, sin hallarse respaldados por un consenso”. Surge otra interrogante: ¿las funciones actuales de las Fuerzas Armadas, incluyendo la lucha en contra del crimen organizado y el narcotráfico, tienen el respaldo político necesario?

Según Barry Buzan, un reconocido académico y autor, la seguridad nacional es estar libre de amenazas y la capacidad de los estados de mantener su identidad, su independencia, integridad y funcionamiento ante fuerzas hostiles. Entonces, ¿qué estamos protegiendo? Tradicionalmente, los intereses de seguridad nacional del Estado implicaban proteger la soberanía territorial, que era la justificación primordial de la necesidad de tener un ejército. Pero en la actualidad, junto con el concepto de soberanía, este concepto ha sufrido una modificación fundamental alrededor del mundo, dejando de ser la prioridad en el tema de seguridad.

De hecho, según las pocas encuestas que se han hecho sobre este tema, en México es nula la preocupación del mexicano hacia una intervención extranjera (en octubre de 2000, solamente 0.8% consideraba que una invasión pondría en riesgo la seguridad nacional). Algunos países definen la seguridad nacional como la condición permanente de paz, libertad y justicia social, lo cual se convierte en un objetivo nacional. También debe entenderse como aquello que permite al Estado identificar presiones, riesgos y amenazas a la unidad política y a la armonía social en una forma ordenada. Entonces la pregunta es: ¿cuáles son las amenazas de seguridad nacional que enfrenta México?

Ante las nuevas amenazas a la seguridad nacional que surge por la globalización, claramente esto requiere que las Fuerzas Armadas tengan la capacidad de reclutar, capacitar y hacer uso de tecnología como armas en lugar de emplear bayonetas. ¿Se están llevando a cabo las reformas que requiere el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina para enfrentar amenazas no con la fuerza bruta sino, como lo señala Toffler, con la fuerza mental?

salazaropina@aol.com

www.anamariasalazar.blogspot.com

Analista política

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