Las razones de Calderón

Raúl Cremoux

Por supuesto que en las democracias es posible ganar con sólo un voto de diferencia. En la nuestra, teníamos la extraña costumbre de que el ganador se alzara con diferencias notables: 70 aquí y 30 allá; 87 contra 23 y hasta del 100 contra cero, como fue el caso cuando López Portillo llegó a la Presidencia.
Como candidato, Felipe Calderón, previendo que si ganaba lo haría por un margen estrecho, aseveró que en su gobierno tomaría en cuenta a la oposición y la incluiría. No ha sido así. Otros candidatos triunfadores, en diversas partes del mundo, aun cuando ganan por diferencias notables, nombran a sus ex rivales en puestos gubernamentales de importancia. Quizás el ejemplo más notable y también más reciente es el de Nicolas Sarkozy en Francia. Se alzó sobre Segolene Royal por más de ocho puntos porcentuales de diferencia, y sin embargo, en su gobierno hay un ministro, cuatro secretarios de Estado socialistas y tres centristas. Esos nombramientos responden parcialmente al sistema electoral francés, pero sobre todo, a la estrategia de apertura y reconciliación de Sarkozy.

¿Cuáles habrán sido las razones del presidente Calderón para no haber incluido en su gabinete a miembros de otros partidos? Quizás buscó el principio de la lealtad por sobre todos los demás; o tuvo otros razonamientos. Lo cierto es que, al tener una ventaja tan pequeña de casi medio punto porcentual, lo deseable hubiera sido que incluyera a dos, tres o más miembros prominentes de la oposición.

Y tal medida, casi necesaria aunque no tengamos un régimen parlamentario, al país le reportaría claros beneficios. Un secretario en Desarrollo Social, otro en Agricultura, quizás en el Trabajo y mejor aún en Relaciones Exteriores provenientes del PRD, segunda fuerza en el Congreso, darían un contrapeso decisivo para que se atenuaran los extremos y se le diera un definitivo impulso a las reformas que necesitamos: hacendaria, educativa, laboral, energética, electoral, en suma del Estado. De haberse realizado ese tipo de inclusiones, la celebración del primer aniversario de las elecciones quizás se festejaría con un principio de unidad y cohesión conveniente para todos.

Hoy continuamos con añejas discusiones partidistas que revelan un problema de fondo. No se libran las mejores ideas para construir un sistema político y una nación más representativa y eficiente. Lo que las partes buscan es consolidar primero y extender después el control de poder y sus privilegios.

La iniciativa hacendaria no tendría las características de una batalla, sino que articularía y tendría estímulos decisivos por parte de las diversas oposiciones, si estuvieran representadas en los proyectos previos y en las acciones de diversos sectores, tanto del gabinete presidencial como de los diputados, asesores, académicos y hasta de los empresarios nacionalistas y de mayor visión.

Felipe Calderón es un hombre experimentado en las entrañas del Congreso; sabe bien lo que significan las negociaciones y los acuerdos. De ahí que a siete meses de su gobierno los empeños en asuntos tan diversos como los operativos contra el narco, aportaciones al drenaje profundo o sus visitas a Dinamarca y Alemania apenas comiencen a ser percibidos favorablemente por la población tal y como lo señalan las encuestas de nuestro diario. Muy a tiempo está Calderón de realizar cambios en su entorno que le den agilidad a su gestión y resultados a la población.

cremouxra@hotmail.com

Escritor y periodista

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