Leonardo Curzio
El viernes pasado escribía Carlos Abascal en nuestro diario lo siguiente: “que los adversarios del PAN y los analistas políticos no tengan dudas: el presidente Calderón ha contado, cuenta y contará con su partido” . Si esto es verdad, cómo explicar entonces las fricciones entre Espino y el gobierno de Felipe Calderón. Si el punto no es una diferencia de programa, debe ofrecerse una explicación razonable que dé cuenta de la profundidad del encono. Se ha escuchado que es una disputa sorda por el poder lo cual es razonable suponer que exista en un partido de las dimensiones del PAN.
Sin embargo, hay elementos básicos de cortesía política que han sido atropellados en esta querella. Podría explicarse también esta situación a partir del protagonismo del dirigente nacional, o bien como una resistencia del PAN a rendirse totalmente ante el poder de su hijo pródigo, hoy Presidente de la República. Puede finalmente tratarse de una crisis de identidad mal canalizada. Tratemos de ver este último punto en perspectiva.
Todo partido político está condicionado por la forma y las circunstancias que acompañaron su nacimiento. El PAN nació como una reacción a lo que consideraban “excesos” del gobierno revolucionario y en buena medida como un partido orientado a reducir el protagonismo personal de los caudillos y las figuras iluminadas en favor de la construcción de instituciones. No en balde su fundador, Manuel Gómez Morín, es uno de los más destacados “arquitectos de instituciones” del siglo pasado. El PAN fue un partido que durante el siglo XX contribuyó, con algunos dobleces, a democratizar el sistema político y hacer de la lucha electoral el instrumento de transformación del país.
Los fundadores del PAN aparecen ante nuestros ojos como personajes más modernos que los líderes actuales, que parecen haber adoptado formas políticas impropias de su tradición. ¿Cuándo los disciplinados e institucionales panistas de otros tiempos hubiesen abierto un boquete a la propia credibilidad de su partido, como la que Espino abrió con sus declaraciones sobre el papel de Mouriño en Yucatán?
En 2000 ganó la Presidencia y hoy por hoy es el partido más votado en todo el país. Puede, por supuesto, invocar su pasado para solazarse, pero esto es un consuelo pueril y poco útil en la circunstancia actual. En las dos últimas elecciones presidenciales un buen número de votos a favor de Vicente Fox y Felipe Calderón tuvieron como impulso principal el rechazo al PRI en 2000 y a AMLO en 2006. No todos son votos panistas, algunos caen en la órbita blanquiazul por descartes sucesivos. El Partido Acción Nacional está usufructuando ese voto que no necesariamente le corresponde, como aquel que gasta el dinero de su familia sin habérselo ganado personalmente.
Desde que los panistas llegaron al gobierno no han conseguido desarrollar un modelo político que aporte diferencias sustantivas, como si lo hicieron como oposición al ejercicio tradicional de la política priísta. El falso dilema que ellos mismos se han planteado en la relación del partido con el gobierno, denota la estrechez de sus miras. Un partido que apoya a su gobierno en un contexto plenamente democrático, no es un partido oficial, tal como lo fue el PRI durante muchos años. Sostener al gobierno de su propio signo es un ejercicio de coherencia no de servilismo.
El PAN necesita, en resumen, dejar de vivir de su renta y darse cuenta que es el partido de Gómez Morín, pero también el partido de Manuel Espino.
Analista político
