La escandalocracia

Miguel Alemán V.

México “no se gobierna con enca-bezados”, me dijo uno de los más serios periodistas que he conocido. La historia reciente nos demuestra que día tras día, los mexicanos somos propensos a reaccionar ante un escándalo político o económico de diversas magnitudes. Pero la misión de la noticia no debe quedar reducida a darle un apodo al suceso o a someter a un juicio sumario a las partes involucradas, por el contrario, se requiere conocer los hechos con la mayor objetividad, oportunidad y veracidad.
Por ejemplo, en los primeros años del mandato del ex presidente Salinas de Gortari la atención del país se centró en la persecución de dos líderes del sindicato petrolero; también recordamos las sospechosas muertes de ganado atribuidas a un personaje evanescente con el descriptivo apodo de El chupacabras. En esas fechas el DF vivía la asfixia informativa emanada de la propaganda a los Imecas y algún fraude financiero.

En el año de 1994 un movimiento indígena chiapaneco sacudió la conciencia de la nación, cuyos líderes con sus emblemáticos pasamontañas abrieron un capítulo más de esta serie de hechos con los que nuestro país parece estar acostumbrado a sorprenderse. En ese año se tiñó de sangre el escenario político-electoral con los lamentables asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, seguidos de una inverosímil hazaña para encontrar unos restos mortuorios con la ayuda de una vidente de fama súbita: La Paca.

Al inicio del sexenio del ex presidente Vicente Fox, el escenario nacional también tuvo su dosis de asombro ante el Pemexgate, por el manejo de los dineros de un sindicato para usos electorales, seguido de La Mataviejitas, los “videoescándalos” de las lanas y las ligas, o las conversaciones telefónicas “preciosas”. El caso del desafuero de López Obrador llegó al extremo de que quienes lo promovían pertenecían al mismo partido de aquellos madrugadores que generosamente pagaron la fianza para evitar su detención.

Iniciamos este sexenio con titulares de plomo y plata; cientos de asesinatos, algunos grotescos, del crimen organizado. Hay manifestaciones y marchas que antes se identificaban por sus causas y ahora por sus atrevidos desnudos. En los últimos días el país ha estado inmerso en una nube de atención al caso de un ciudadano chino —que resultó mexicano— cuya abultada fortuna entre más se explica, más se complica.

La construcción de una democracia madura, responsable, cívica y participativa tiene como prerrequisito el respeto total a la libertad de expresión para que la ciudadanía conozca los hechos con mayor nivel de análisis e investigación, para mejorar así la comprensión de las realidades del país; aquellas que no se acaban de resolver, como la pobreza, el desempleo o la erosión de la estructura de valores de la sociedad, asuntos que posiblemente no dan para el escándalo pero sí para la vergüenza.

Esta reflexión, amigo lector, busca reemplazar cada día la improvisación por la construcción conjunta de un mapa nacional de superación y corresponsabilidad; sustituir el imperio del escándalo por el de la razón, para que no nos tomen por sorpresa la adversidad y la derrota —y de futbol ni hablamos—, pero sobre todo para percatarnos de que en los últimos 18 años una nueva generación de mexicanos ha nacido y crecido en la noción de que nuestro país es así, debe ser así y sólo puede ser así.

Los chinos también lloran. ¿Resolverá este misterio la maestra?… pero la de Harry Potter… Intrigas y desconcierto en los próximos capítulos.

articulo@alemanvelasco.org

Político, escritor y periodista

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