Fe de ratas

Alejandro Gertz Manero

Teníamos razón quienes sostuvimos pú-blicamente desde hace varias semanas que las acusaciones del “chino de las lomas” y de sus abogangsters eran ridículas y grotescas, ya que solamente estaban sustentadas en otra farsa mediática, de las que les gusta organizar a ciertos abogados estadounidenses para convertir en supuestos conflictos sociales, políticos o raciales, los casos que son indefendibles jurídicamente, como ocurrió con el asunto del actor y deportista O. J. Simpson, acusado del asesinato de su ex esposa, y quien absurdamente fue absuelto en materia penal, para después perder el mismo caso pero en el ámbito civil, demostrándose su plena responsabilidad y condenándolo a entregar hasta la ropita que traía puesta.
Ahora, en un montaje mediático semejante y después de varios capítulos verdaderamente lamentables que ni El pecado de Oyuki se hubiera atrevido a exhibir, los payasos profesionales que se dedican a defender a ratas y ratones tuvieron que desmontar su lamentable espectáculo, después de reconocer que no tenían una sola prueba de sus afirmaciones calumniosas contra funcionarios del gobierno actual y de su partido; pero eso lo hicieron ya que habían dañado la imagen del país y de su administración durante varias semanas, sin sustento alguno y en forma impune.

Lo que sí ocultaron esos leguleyos farsantes y su cínico cliente fue el señalar con precisión los nombres y las actividades de los cómplices y encubridores que durante varios años protegieron a ese sinvergüenza que organizó y maquinó con toda alevosía una cadena de actividades delictivas para importar ilegalmente y traficar con precursores para las nuevas drogas sintéticas que están envenenando a la juventud de nuestro país, mientras ese mentecato se disfrazaba de impoluto empresario, vivía como un rey en mansiones de fantasía y derrochaba decenas de millones de dólares en los garitos de Las Vegas.

Sobre esa parte del caso, que todavía sigue en la oscuridad, también hemos insistido que la misma debe aclararse a plenitud y sin duda alguna, en razón de los delitos que presuntamente cometió dicho individuo, falseando documentos aduanales, introduciendo precursores de drogas ilegales para obtener enormes cantidades de dólares en efectivo, que de algún lado salieron antes de ser confiscadas.

Ahora que este individuo ya ha sido detenido en Estados Unidos para ser extraditado, su caso debe ser manejado con absoluta transparencia para demostrar que México no es un país de pícaros, como se pretende publicitar, y que si bien hay delincuentes incrustados en todos los sectores de la sociedad, también nuestro sistema todavía es capaz de identificarlos y exhibirlos para quitarnos de encima esa descalificación nacional que la inmensa mayoría de los mexicanos no merecemos.

También es indispensable cumplir con esa tarea para así acallar a medios televisivos en Estados Unidos que mantienen programas cotidianos en los que la imagen de México queda por los suelos en razón de sus trabajadores migratorios y por casos como el del chino, lo que no debemos permitir porque esas apreciaciones son desmesuradas, injustas y falaces.

Por todo ello, es necesario que las autoridades correspondientes, en un plazo perentorio, identifiquen con toda claridad la forma como se introdujo, se organizó y funcionó la pandilla criminal de la “lata que cole” para que todos sepamos, tanto en México como en Estados Unidos, que aquí sí hay una estructura jurídica que puede localizar a los delincuentes y a sus cómplices, castigándolos y estableciendo así una diferencia muy clara entre un pequeño grupo de criminales y un gran país, que no merece ser descalificado.

editorial2003@terra.com.mx

Doctor en Derecho

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