La conciencia del partido

Carlos María Abascal Carranza

La Asamblea Nacional del Partido Acción Nacional que se llevará a cabo los próximos días 2 y 3 de junio en León, Guanajuato, a primera vista parecería un proceso ordinario para un partido con casi siete décadas de vida interna democrática. Desde el tiempo de sus fundadores, Acción Nacional sabía que para predicar la democracia afuera, hacia la sociedad, tenía que practicarla adentro. Los panistas renovarán el órgano que en algún momento denominó Efraín González Luna como “la conciencia del partido”: el Consejo Nacional.
Integrado por alrededor de 400 personas, 300 electas en la asamblea más las vitalicias y las exoficio, el Consejo Nacional es mucho más que el órgano estatutario que revisa y aprueba la gestión del presidente del partido y que, cada tres años, lo elige. Es el cuerpo colegiado encargado de discutir, valorar y definir su rumbo político.

La apertura del partido a los ciudadanos, para que éstos puedan participar en la selección de los candidatos a cargos de elección popular, es, por ejemplo, una decisión política de gran trascendencia para Acción Nacional y para la democracia misma.

Puesto que al interior del partido el análisis del tema no ha alcanzado conclusiones definitivas, el Comité Ejecutivo Nacional decidió, por unanimidad, continuar su estudio, el cual seguramente será abordado por el consejo que será elegido el próximo sábado, quien decidirá cómo y cuándo plantear el tema para su aprobación a la Asamblea Nacional.

Múltiples decisiones políticas del partido han pasado por la deliberación de esta “conciencia del partido” de 400 cabezas y corazones. Pudo haber habido decisiones equivocadas; pero el éxito del PAN muestra que el sentido de sus decisiones ha sido acertado.

El nuevo Consejo Nacional enfrentará, entonces, sus obligaciones estatutarias y, por supuesto, su responsabilidad política.

Después de padecer 70 años de fusión gobierno-partido, el PAN afronta la necesidad de definir el modelo de relación entre Acción Nacional y el Ejecutivo Federal de él emanado.

Durante el sexenio del presidente Fox la relación entre el gobierno federal y la agrupación política fue inercial. Cada institución hizo lo que le correspondía. El presidente Fox no había trabajado en la estructura del partido. El partido dio al gobierno todo lo que el gobierno podía esperar del partido.

En este joven sexenio surgen nuevas necesidades. El presidente Felipe Calderón es ex presidente de Acción Nacional. Lo conoce muy bien. Espera más del mismo. Hasta ahora el partido tiene plena convicción de que ha dado total apoyo al gobierno del presidente Calderón. Todos los hechos políticos así lo acreditan (toma de posesión, presupuesto 2007, reforma a la Ley del ISSSTE, lucha contra la delincuencia organizada, etcétera). Este respaldo significa que el PAN es responsable, ante el electorado, de los gobiernos que de él emanan y de colaborar de manera respetuosa, activa y decidida al éxito de dichos gobiernos; la eficacia de tal respaldo ha dependido y dependerá de la solidez del partido como tal.

No obstante, en el ánimo de algunos panistas se percibe la conveniencia de responder a lo siguiente: ¿cuánta y qué tipo de influencia debe tener el gobierno en el partido, en aras de un apoyo partidario eficaz? El nuevo Consejo Nacional tendrá que abordar este tema político y resolverlo para hacer, una vez más, una valiosa aportación a la democracia mexicana. Acción Nacional tiene suficiente doctrina, historia, experiencia y talento humano como para dar una respuesta eficaz a estos planteamientos.

Los delegados a la Asamblea Nacional elegirán una vez más, en conciencia, a quienes estarán llamados, a su vez, a ser la conciencia de Acción Nacional.

Que los adversarios del PAN y los analistas políticos no tengan dudas: el presidente Calderón ha contado, cuenta y contará con su partido.

Secretario General Adjunto del CEN del PAN

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