Roger Díaz de Cossío
Dediqué mi último artículo a Gabino Barreda, quien nos fijó, en 1868, una frontera en la educación que no hemos podido superar: el plan de la escuela preparatoria, a pesar de todos los problemas que se han presentado con ese ciclo desde entonces. Hoy escribiré sobre otro personaje de nuestra historia que ha afectado profundamente los destinos de la educación nacional desde los principios del siglo XX: Justo Sierra, insigne escritor, político y educador.
Nació en Campeche en 1848, en una familia de intelectuales dedicados al periodismo y a la política. Justo aprendió las primeras letras en Campeche y continuó en Mérida hasta 1861 cuando murió su padre. Entonces la familia se trasladó a la ciudad de México. Continuó sus estudios en el Liceo Franco-Mexicano y luego en la Escuela de Jurisprudencia, donde obtiene su título de abogado en 1871. Sigue una temprana etapa literaria en la cual publica cuentos, poemas y obras de teatro. Luego sus intereses se encaminan hacia la historia y la sociología. Inicia sus cátedras en historia, que continúa hasta el fin de su vida. Murió en Madrid, en 1912, como embajador en España.
Justo Sierra fue tribuno eminente y presidió, designado por Porfirio Díaz, dos eventos fundamentales en la educación nacional: los congresos de Instrucción Pública celebrados entre diciembre de 1889 y marzo de 1890, el primero; y entre diciembre de 1890 y febrero de 1891, el segundo. A estos congresos se convocó a representantes de los estados de la República, a los directores de las escuelas más importantes, como las diversas normales y las preparatorias, además de académicos distinguidos como Enrique Rébsamen que fue, además, el vicepresidente del primer Congreso. En fin, nunca se había visto tanto talento reunido para discutir los problemas más apremiantes de la educación. Los temas que se trataron fueron de la mayor importancia: el laicismo, la estructura de la educación primaria que se hizo obligatoria, la implantación del método objetivo de enseñanza con un maestro, y el abandono de las escuelas lancasterianas (enseñanza de unos a otros), los tipos y las estructuras de las escuelas normales, los planes de las preparatorias, la fundación de escuelas para adultos y muchos otros que fijaron el rumbo de la educación nacional.
Quiero hacer hincapié en un acuerdo, tomado con entusiasmo: la educación debería ser igual en toda la República, como elemento básico para lograr la unidad nacional. A lo largo de estos 112 años este acuerdo se ha exagerado, es ahora mandato constitucional: sólo la Federación puede diseñar y establecer los contenidos de la educación básica y normal para toda la República, que hoy tiene más de 105 millones de habitantes, contra los 12 que tenía en 1890. La disposición así como se aplica, a rajatabla, ya no tiene sentido. Se ha propuesto que los estados participen, pero casi nada se ha logrado. Y Justo Sierra apoyó con entusiasmo esta propuesta que es ahora una frontera que la educación nacional debe traspasar.
El otro tema en que Justo Sierra tomó una decisión que ahora se ve desaforada fue cuando recreó en 1910 a la Universidad Nacional. Decretó, como secretario de Instrucción Pública, que la Universidad estaría formada por las siguientes escuelas: de Altos Estudios (recién creada), Bellas Artes (sección de Arquitectura), Medicina, Ingeniería, Jurisprudencia y, finalmente, la Escuela Nacional Preparatoria. Esto creó desde el principio, y con la similar fundación de otras universidades en el país, una distorsión: se creaba la universidad con la preuniversidad.
En 1923 se estableció la secundaria, que le quitó tres grados a la preparatoria, pero de cualquier manera las universidades nacieron con un chipote, que casi 100 años después se ha vuelto enorme. En muy pocos países del mundo las universidades tienen preuniversidades. En general son tres ciclos. El primario, el secundario y el terciario, que ahora corresponde a licenciatura y posgrado.
Esto va a impedir que en unos cuantos años tengamos un ciclo medio integrado y articulado entre sí y con la primaria. Porque la aspiración del país debe ser que todos sus habitantes por lo menos cursen 12 grados de instrucción y esto se podrá lograr con mayor facilidad si los ciclos se pueden integrar.
En resumen. Justo Sierra representa dos fronteras en la educación que no hemos podido todavía traspasar.
rogerdc@prodigy.net.mx
Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana
