Itinerario Político

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PRD, Pemex y Calderón

Ricardo Alemán

En política, todos lo saben, no hay casualidades

Con el diálogo, ‘Los Chuchos’ buscaban “reventar” la consulta popular

El “legítimo” y los suyos piden la rendición anticipada del adversario
En política, todos lo saben, no hay casualidades. En todo caso se debe hablar de causalidades. Por eso es posible entrelazar tres eventos que a simple vista parecen aislados, pero que son causa y efecto.

Primero debemos recordar que hace poco más de una semana el jefe interino de los amarillos, Guadalupe Acosta Naranjo, propuso de manera inesperada un acercamiento con las dirigencias de PAN y PRI para hacer posible la razón de ser de los partidos: dialogar, negociar, hacer política, en torno a la reforma petrolera. Una enmienda que será determinante para las elecciones de julio de 2009.

Así, y mientras que los jefes políticos de PAN y PRI aceptaron la invitación, en forma predecible “el movimiento soy yo” rechazó toda posibilidad de diálogo, porque, dijo, es sinónimo de “transa”. Todo eso, claro, a pesar de que el propio “legítimo” había propuesto precisamente dialogar al presidente Calderón sobre la reforma.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué por un lado el sector radical de los amarillos apostó todo a una consulta popular, mientras que el otro sector, el de los dialogantes, propuso dialogar y hacer política? ¿Qué significaba para los radicales amarillos que los negociadores abrieran una veta de diálogo con el resto de los opositores, como es el caso del PRI, y con el gobierno del “espurio”, a través de Germán Martínez?

El asunto es claro y a la vista de todos. El diálogo propuesto por Los Chuchos en el fondo no era otra cosa que un intento por “reventar” la consulta popular; ese engaño discursivo del que se ha valido “el movimiento soy yo” para continuar como presidenciable. Y es que todos saben que casi está lista una iniciativa petrolera elaborada por legisladores del PRI y del PRD —y que incluso fue vetada por AMLO cuando se aventó la puntada de decir que Pemex era intocable, porque él haría las reformas cuando llegara a la Presidencia— y a la que el PAN estaría dispuesto a sumarse.

¿Qué pasaría si el sector de Los Chuchos —que tiene el partido en sus manos— negocia con PRI y PAN una reforma petrolera? Quedaría exhibido el cuento de la privatización de Pemex, de la consulta popular y muchos otros mitos que se han mantenido de manera artificial. Y, claro, el “legítimo” se quedaría sin estandartes para arengar a las clientelas en la plaza.

Frente a esa posibilidad, la respuesta desesperada de “el movimiento soy yo” fue buscar una salida emergente capaz de romper el entrampamiento al que había sido llevado. Y entonces sí se abrió la posibilidad de diálogo. Pero sería un diálogo condicionado. ¿Cómo diálogo condicionado? Sí, el “legítimo” y los suyos empezaron a manejar la especie de que sí estarían dispuestos a dialogar, pero siempre que “Calderón retire su iniciativa”. En pocas palabras, piden la rendición anticipada del adversario.

En realidad lo que aparece a la vista de todos es que “el movimiento soy yo” ya percibió las señales claras de que el PRI, un sector del PRD y el PAN estarían acomodando sus piezas en dirección a una reforma inevitable, más allá de la tramposa, amañada y nada democrática consulta, y que su tabla momentánea de salvación sería pedir que Calderón retire su iniciativa. Es decir, poner de rodillas al Presidente para que luego se haga la luz: la reforma.

Pero, además, otro instrumento clave es el control del partido. Como vimos arriba, Los Chuchos tienen controlado el aparato a través de Guadalupe Acosta. Apenas el pasado sábado la lopista Comisión de Garantías decidió anular la elección del 16 de marzo pasado que, todos saben, terminó en un cochinero. ¿Qué significa la anulación? Está bastante claro. Es otro intento de “el movimiento soy yo” de arrebatarles a Los Chuchos el control del partido.

Y es que hoy Los Chuchos tienen el control de las cámaras de Diputados y de Senadores, además del presidente del PRD. Con ese poder pueden avanzar en una reforma petrolera con el PRI y con el PAN. Y esa posibilidad —nada remota— acabaría con el estandarte que AMLO emplea para seguir vivo políticamente.

Pero la historia no termina ahí. Entre algunos de los estrategas del gobierno de Calderón no es mal vista la posibilidad de que el Presidente retire su iniciativa si en el Congreso PRI, PAN y PRD llegan a una reforma de consenso. Sería lo más parecido a darle una oportunidad a la sensatez, a la grandeza política, y llevaría a los cuernos de la luna a un gobierno que tiene en mente la razón de ser del Estado: los ciudadanos. Se equivocan por completo quienes dan por muerta la reforma petrolera. Al tiempo.

En el camino

Por cierto, anularon la elección del PRD, entre otras cosas, por la carta que AMLO envió a la militancia. Es decir, cuando les convino era una carta legal, y cuando les sirvió la vieron como una carta ilegal. Y lo mismo hicieron con la consulta.

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