Bucareli

Radio DF

Jacobo Zabludovsky

Una gran crónica de la ciudad de México es parte principal del proyecto con el que Rafael Tovar y de Teresa celebrará el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución
Una gran crónica de la ciudad de México es parte principal del proyecto con el que Rafael Tovar y de Teresa celebrará el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. En realidad son dos: una, la crónica de los cronistas y su obra y, otra, la crónica de la ciudad en nuestros días.

Me ha encargado y acepté el honor debido más a la amistad que a mis méritos de escribir sobre la ciudad y la aparición en ella de la radiodifusión, sus orígenes, su paso de experimento a industria que habría de transformar costumbres de varias generaciones de mexicanos, crear ídolos populares, convertirse en instrumento indispensable de la vida familiar.

Empecé a recopilar datos, redactar algunas notas desde la prehistoria de la radio capitalina hasta su presencia actual, con énfasis en la cobertura radiofónica del hecho más traumático en la historia de la ciudad: el terremoto del 19 de septiembre de 1985. Aquí comparto con usted este boceto del principio de mi aportación a la obra que se prepara.

En unas cuantas manzanas, dentro del marco formado por las avenidas Juárez, Chapultepec, Bucareli y Lázaro Cárdenas, nació la radio de la ciudad de México. Un barrio popular cuyo destino y carácter fueron marcados por la iglesia, el mercado y una industria, la gran fábrica de cigarros El Buen Tono, que construyó ahí viviendas para sus obreros y le dio nombre a la colonia. Zona de teatros y carpas, cines, restaurantes y fondas, tabernas y billares, con el castillo siniestro de la Sexta Delegación de Policía rodeado de gitanos, españoles, judíos, libaneses junto a sus carnicerías, arreglo de relojes y paraguas, librerías, tiendas de ropa y cafés para ver pasar la vida y escuchar la buenaventura.

De la planta baja del teatro Ideal salieron las primeras palabras que podían escucharse a larga distancia. No tan larga, porque llegaron apenas al esqueleto del palacio que se construía a dos cuadras y se llamaría de Bellas Artes. Fue la noche del 27 de septiembre de 1921 cuando los hermanos Pedro y Adolfo López Fernández, financiados por el empresario Francisco Barra Vilela, transmitieron un programa musical como presagio del uso que tendría el nuevo invento: la niña María de los Ángeles Gómez Camacho cantó Tango negro, de Belisario de Jesús García, y el tenor José Mojica el Vorrei de Paolo Tosti. Esa emisión inaugural de la radio capitalina fue parte de los festejos por el centenario de la consumación de la Independencia. La estación trabajó hasta 1922.

El 7 de marzo de 1923 los integrantes del Club central de Radiotelefonía se reúnen en el callejón de 5 de Mayo para sintonizar, en aparatos construidos por ellos mismos, algunas señales de onda corta. También transmitían y un día, de un rancho aislado en lo que hoy es la colonia Del Valle, alguien reportó que hasta allá los escuchaban. El primer “comercial” salió de ese callejón, histórico por eso, y fue gratis, según lo narra Jorge Marrón, famoso años después como el Doctor IQ:

“En cierta ocasión la colonia española de México celebraba el onomástico del rey Alfonso XIII. De un conocido restaurante nos mandaron de regalo helado y pasteles. Yo tomé el micrófono para dar las gracias y alabar la calidad de los productos que vendía aquel establecimiento. No imaginaba que estaba transmitiendo el primer anuncio radiofónico del país.”

Ese año, 1923, el apellido Azcárraga se liga por primera vez y para siempre al nuevo invento. Raúl, comerciante, dueño de una tienda de receptores en la avenida Juárez llamada “La casa del radio”, se asocia con Carlos Noriega Hope, director de El Universal Ilustrado para fundar una estación de radio. El 8 de mayo a las 8 de la noche, se inaugura la CYL. Entusiasmado por don Raúl ansioso de vender más radios, el ingeniero José J. Reinoso, gerente de El Buen Tono, lanza la CYB para anunciar sus cigarros. Después, cuando por regulaciones internacionales, las estaciones mexicanas adoptarían las letras XE, esa sería la XEB.

Emilio Azcárraga Vidaurreta, hermano de Raúl, entra al negocio al inaugurar el 18 de septiembre de 1930, a las 8 y media de la noche la XEW, en la calle de 16 de Septiembre, altos del cine Olimpia, frente al restaurante Prendes. Ahí permaneció entre cortinas de terciopelo traídas de casa de su madre hasta que don Emilio decidió cambiarla, a principios de 1934, a Ayuntamiento 52 y 54. Por la entrada del 52 estaba la oficina de don Emilio, donde conocí, antes del profesional, su lado humano. Alguna vez me regañó por el peligro de usar bicicleta. Y desde que conoció a mi novia Sarita la llamó siempre Jacoba, de forma afectuosa que hacía aceptable la broma. La nueva casa de la W se convirtió en sitio de peregrinación: primero la Basílica y luego la W o viceversa.

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