Confirma el FAP a Mouriño
Ricardo Alemán
Pocas veces un Presidente ha reconocido sus errores; Calderón sigue ese camino
Un cambio en el gabinete de seguridad sería lo más parecido a un suicidio
Es muy probable que los titulares del llamado gabinete de seguridad del gobierno de Felipe Calderón —Segob, SSP y PGR— deban renunciar a sus cargos debido a su notoria ineficacia.
Es posible que Juan Camilo Mouriño, Genaro García Luna y Eduardo Medina Mora no sean los mejor calificados para los cargos que ocupan, frente a una crisis de inseguridad e ingobernabilidad como la que vive el país.
Pero de lo que no existe ninguna duda es que desde esa simpática botarga que se llama Frente Amplio Progresista (FAP), todos los días se le otorga un pasaporte de supervivencia y larga vida en el gabinete de Calderón no sólo al secretario de Gobernación, Mouriño —el hombre al que en forma literal reventó Andrés Manuel López Obrador apenas al concluir el primer año del gobierno “del empleo”, y al que hoy parecen empeñados en mantener con vida—, sino a García Luna y a Medina Mora.
Y es que cuanto más insisten en que renuncien a sus cargos los integrantes del gabinete de seguridad —reclamo que lanzan un día sí y otro también desde el gobierno legítimo, desde la simpática ala radical del PRD y desde la comodidad de esos costosos compañeros de viaje que son PT y Convergencia—, más afianzan la decisión presidencial de mantener en sus cargos a los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y al titular de la PGR. ¿De qué estamos hablando en el fondo?
Vamos por partes. Aquí hemos argumentado que a partir del ataque con granadas a la sociedad indefensa, lanzado por manos criminales la noche del 15 de septiembre en Morelia, el gobierno de Calderón debía responder con una sublimación de su responsabilidad, talento y esfuerzo que, por lo menos, debía incluir la remoción del gabinete de seguridad. ¿Por qué creemos que deben ser relevados? Por una razón elemental: en los dos primeros años de la administración de Calderón no han hecho todo aquello que reclama la circunstancia.
Pero en el ejercicio del poder, en el día a día del gobernante —en México y en todo el mundo—, existen reglas básicas que regulan la actuación de todo gobierno, de derecha o de izquierda, azul, amarillo o tricolor, en el caso mexicano. Y una de ellas es la de que el gobernante en turno no se equivoca. Y si se equivoca, nunca reconoce de manera pública su equívoco.
Calderón no va a cambiar a sus secretarios ni a su procurador —claro, salvo un escándalo, como el que en tiempos de AMLO provocaron las caídas de Bejarano y Ponce y en el de Ebrard las caídas de Félix y Ortega—, porque removerlos del cargo no sería tanto reconocer las incapacidades de sus colaboradores, sino que el Presidente se equivocó. Pocas veces hemos visto que de manera pública un presidente mexicano reconozca que se equivocó. Calderón no será la excepción.
Pero, además, los tres servidores públicos en cuestión tienen un blindaje de supervivencia que alcanza al mediano plazo, porque para todo hombre de poder y de gobierno, ceder a la presión de un opositor —como sería el caso si Calderón accede al reclamo del FAP o de AMLO— también sería una muestra de debilidad extrema. ¿Veremos alguna vez esa muestra del Presidente frente a su archiadversario AMLO? Aquí apostamos a que nunca lo veremos. Pero hay más.
Está claro para todos que las elecciones de julio de 2009 —que para efectos prácticos ya arrancaron y que no sólo tienen que ver con renovar los 500 diputados federales de San Lázaro, sino una decena de gobiernos y congresos estatales, del Congreso y delegaciones del DF— serán las de la seguridad. ¿Qué significa eso? Por donde se le vea y para el gobierno que sea, un cambio en el gabinete de seguridad —a mitad de la carrera por la seguridad en cuanto percepción y a renta político-electoral— sería lo más parecido a un suicidio.
Por lo menos hasta que se instale la legislatura de San Lázaro que será electa en 2009 no habrá cambios en el gabinete de seguridad. Y eso lo saben perfectamente bien AMLO y sus socios de la simpática botarga que es el FAP. ¿Por qué entonces la insistencia de que renuncien? Está claro, porque saben que no les darán gusto. Es la coartada perfecta.
EN EL CAMINO
Grata sorpresa ver y escuchar a León Krauze en el mañanero de Televisa. Se confirma que no riñen sobriedad, talento y simpatía.
