¿Por qué hasta ahora?
Ricardo Alemán
Mostró la clase política su nivel de insensibilidad e incapacidad
Asistimos a inédito empoderamiento social, si no pueden, ¡fuera!
El tamaño del diagnóstico, el severo tratamiento recomendado y la abundancia de medicinas confirman la gravedad del enfermo social y la agresividad del pernicioso virus de la criminalidad y la violencia.
Pero el diagnóstico, el tratamiento de choque recomendado y la cantidad de píldoras y antivirales recetados también dejan ver no sólo la debilidad de todas las instituciones del Estado, la insensibilidad de la clase política, de los gobernantes, sino una creciente respuesta social, cuya articulación hizo posible lo impensable: sentar a gobiernos servidores públicos, legisladores, juzgadores y líderes para reclamarles que cumplan con la encomienda o, de lo contrario, que dejen el cargo.
Encuentro de buena parte del Estado mexicano convocado no por el ardor y la urgencia de cumplir la responsabilidad contraída como mandatarios —porque todos deben su cargo a los ciudadanos—, sino por el reclamo social que, en voz de Alejandro Martí, exigió a los representantes de las instituciones del Estado cumplir su obligación. Si no pueden, pidió Martí, “que renuncien”. Habilidoso, oportunista, Marcelo Ebrard se lució y aceptó el reto.
Sin embargo, el inédito que vivimos los mexicanos la noche de ayer —al que debemos dar el beneficio de la duda—, no es, no debe ser una concesión graciosa de los tres órdenes de gobierno —municipal, estatal y federal—, tampoco de los poderes de la Unión —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— y menos de los partidos políticos y su grosera partidocracia —financiados con dinero público—, sino que es una primera respuesta, acaso insuficiente, a un legítimo y sonoro reclamo social para que los depositarios de las instituciones cumplan la responsabilidad constitucional contraída.
Como no había ocurrido en otros encuentros similares —pero sin duda con la carga retórica de siempre—, se ofreció un diagnóstico de desastre nacional, de Estado en desgracia, al que gobernantes, políticos, legisladores, representantes judiciales respondieron con 10 artículos y 74 numerales de compromisos a los que se les puso nombre, destinatario y fecha en el calendario. ¿Estaremos de nuevo ante un engaño retórico de la ineficaz clase política mexicana?
Nadie sabe si serán acertados y suficientes diagnóstico, tratamiento y medicinas —eso se verá al cumplir compromisos y plazos propuestos—, lo que sí sabemos todos o casi todos es que para proponer un tratamiento de choque y medicinas como las anunciadas ayer, debieron pasar dos años del nuevo gobierno, de la nueva legislatura, de la nueva Corte, nuevos mandatarios estatales y del DF; debieron elevarse a niveles descomunales, como nunca, los secuestros, el crimen de policías y militares. Todos fallaron, en mayor o menor medida. Y esa situación la confirma que hasta hoy, a casi dos años de iniciado el nuevo gobierno, se decide escuchar a los ciudadanos y responder con una verdadera respuesta del Estado. ¿Por qué hasta ahora?
¿Por qué hasta hoy, una vez que el hartazgo se convirtió en un sonoro “¡ya basta!” de una sociedad y opinión pública que llegó al límite, luego que cientos o miles de familias han sido víctimas del crimen, el secuestro, la violencia? ¿Cuántos ciudadanos han sido secuestrados, policías asesinados, trabajadores asaltados, casas robadas, en las tres o cuatro horas que duró la presentación y firma del Acuerdo Nacional para la Legalidad y la Seguridad?
Les guste o no a los gobernantes, legisladores, políticos, partidos, juzgadores, líderes políticos… en las semanas, meses, años previos asistimos a una grosera muestra de insensibilidad de los políticos, legisladores, gobernantes de todos los partidos, quienes cada tres o seis años salen a pedir el voto, a prometer el oro y el moro, pero que cuando consiguen ese voto se olvidan, dan la espalda a la sociedad, y se dedican a alimentar carreras políticas y ambiciones personalísimas.
Nadie sabe si será suficientes el “¡ya basta!”, el “¡no más!”, si serán la medicina adecuada y el tratamiento correcto los 10 artículos y sus 74 numerales propuestos. Nadie sabe si los compungidos políticos, servidores públicos, gobernantes que vimos anoche en Palacio Nacional hoy habrán olvidado lo que firmaron y la razón por la que aplaudieron. Lo que sí está claro para millones de ciudadanos, para miles que han sido víctimas de la delincuencia, para muchos que están hartos de promesas partidistas y pleitos por el poder, es que vivimos un lento pero sostenido proceso de empoderamiento social.
No hemos perdido la capacidad de asombro, de indignación, de reacción. Y les seguiremos reclamando que si no pueden, que se vayan.
EN EL CAMINO
Por cierto, ridículo que hizo el PRI, no como gobernantes, sino como partido. La mezquindad, ahora en los tricolores.
