Legalización de las drogas

Demetrio Sodi de la Tijera

Después del apoyo total que recibió el presidente Calderón por su decisión de emprender una guerra a muerte contra la producción y el tráfico de drogas, en las últimas semanas ese apoyo se ha ido revirtiendo, y ha ido creciendo la duda de si esa estrategia es la más adecuada para atacar el problema del narcotráfico.
Es cierto que el gobierno mexicano estaba en riesgo de perder el control de varias zonas del país, por lo que no había otra alternativa que recurrir al Ejército para recuperarlas, sin embargo, prolongar por demasiado tiempo su presencia en las calles puede ser suicida para el prestigio de las Fuerzas Armadas y para nuestra democracia.

El Ejército mexicano no tiene la capacidad física de controlar el narcotráfico en todo el territorio nacional y lo más seguro es que en cuanto abandone una zona, los narcotraficantes volverán a controlarla. Lo que estamos viendo es una guerra de guerrillas, en donde el enemigo no da la cara, y por lo tanto es imposible derrotarlo.

La violencia que se ha desatado ha cobrado, en lo que va del año, cerca de 800 muertes, y es probable que sólo estemos en el inicio de una lucha aún más sangrienta. De prolongarse más esta violencia, se corre el riesgo de que el gobierno mexicano enfrente el mismo desprestigio que enfrenta el gobierno de EU por la guerra de Irak.

Para muchos analistas expertos en el tema, es una guerra que se tiene que dar sabiendo que no se puede ganar, pero es un error convertirla, como se ha hecho, en el eje central de la acción del nuevo gobierno. Todos quisiéramos que la guerra contra el narcotráfico se gane, pero la experiencia en otros países enseña que una guerra contra enemigos invisibles, que cada vez que se les da un golpe se multiplican, no tiene fin, y por lo tanto no tiene gane.

Según varios expertos, lo que estamos viendo después de cinco meses de lucha abierta contra el narcotráfico, no es el debilitamiento de los cárteles, sino sólo un reacomodo y el surgimiento de nuevos.

Hasta ahora, la estrategia impulsada por EU a nivel mundial para combatir el narcotráfico ha fracasado, por lo que es necesario buscar otras alternativas para evitar que el consumo aumente y el narcotráfico ponga en riesgo a los estados y a la población.

La demanda de la droga es inelástica, y el drogadicto está dispuesto a pagar el precio que sea para conseguirla, o recurre a drogas sintéticas que son aún más dañinas. Habría que analizar, si combatiendo en serio el consumo a través de información y educación, se pueden obtener mejores resultados que con la guerra abierta que se ha estado llevando a cabo contra los narcotraficantes.

La opción de la legalización de las drogas es para muchos la forma de acabar con el poder y la violencia de los narcotraficantes, y a partir de ahí combatir en serio el consumo de drogas.

La legalización no es que sea buena, pero es para muchos la única alternativa de acabar con el gran negocio y poder que significa el narcotráfico.

La legalización no puede ser la decisión de un solo país, pero ante el fracaso para combatir la producción, tráfico y consumo de drogas en el mundo, es una opción que no hay que descartar.

La posible legalización de la comercialización y el consumo de algunas drogas es una posibilidad que podría dar mejores resultados que los que está dando una guerra que no se puede ganar.

demetriosodi@hotmail.com

Analista político

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