Incompetentes

Macario Schettino

Es evidente la incompetencia de Luz y Fuerza del Centro, el viento sólo la exhibió. Es evidente la incompetencia de Pemex, la caída en la producción hará las veces del viento en los próximos meses. Es evidente la incompetencia del sistema educativo mexicano, mostrada por varios exámenes internacionales. Tanta incompetencia no es una casualidad.
La manera en que México construyó su régimen político y su modelo económico en el siglo XX resultó extremadamente costosa. La estructura sobre la que se sostenía el régimen, corporativa, exigía la continua entrega de prebendas a las bases a cambio de su permanente sometimiento. Así, la política forzaba a la continua redistribución de la riqueza, no de los ricos a los pobres, sino de todos hacia los pilares del régimen. No existe manera de construir una economía sana en esas condiciones, y no se construyó.

Los primeros 30 años del régimen de la Revolución, que terminaron a mediados de los años sesenta, se beneficiaron de la existencia de recursos ociosos. Pero cuando éstos terminaron, las dificultades económicas se hicieron patentes, específicamente a fines del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, frente a lo cual el régimen privilegió su supervivencia. Así, los gobiernos de Echeverría y López Portillo intentaron financiar el reparto de prebendas, cada vez mayor, con deuda externa. La crisis en la que terminó el gobierno del segundo debería haber convencido a todos de que ese camino estaba agotado.

No fue así. Quienes por décadas habían vivido de las prebendas que compraban su sometimiento no pudieron comprender lo que veían. A la fecha, no lo comprenden. Su interpretación se guía por el fácil expediente de la conspiración de los enemigos tradicionales del régimen: los ricos, la Iglesia, el extranjero. En su simple manera de ver el mundo, México nunca vivió mejor que bajo ese régimen corruptor.

Los herederos de la Revolución, anclados en esa visión del mundo, guiados por el legítimo y ahora coordinados por el echeverrismo en pleno, están prestos a defender a esos monumentos de incompetencia, a inventar crisis económicas, a enfrentar lo que sea, con tal de regresar al poder perdido. Están dispuestos a llevar a México a la destrucción absoluta, si es necesario, con tal de mostrar que sus ideas no eran equivocadas.

Cuando se evidencia la incompetencia de una empresa pública, los revolucionarios responden que se debe a la falta de inversión por varias décadas. Pero no ha habido inversión porque todo el dinero disponible se ha ido para pagar las prebendas sindicales. Insisten en que esas ventajas que tienen son producto de las luchas laborales, no recuerdan que fue el pago del régimen a sus genuflexiones. Argumentan que se trata de una conspiración para desacreditar a la empresa pública y entonces privatizar, un complot más. Y una conspiración no requiere pruebas.

Porque Luz y Fuerza es indefendible, lo mismo que Pemex, el sistema educativo o el Seguro Social. Son pozos sin fondo que se tragan todos los recursos posibles y nos dan a cambio un pésimo servicio. Y sólo defienden a esos organismos quienes trabajan ahí, sus pensionados, y los echeverristas del FAP. No sé si además de ellos hay mexicanos bien intencionados que han olvidado cómo era México antes. Pero las buenas intenciones no compensan la ignorancia.

Después de casi un siglo de discursos revolucionarios, el país sigue teniendo millones de pobres. Es decir que la manida Revolución no cumplió su promesa principal. Pero a cambio, nos dejó millones de parásitos que mantener, que además nos impiden tener un abasto razonable de energía, un sistema educativo que prepare a los jóvenes para competir y un sistema de salud decente. ¿Cómo esperan que México crezca sin salud, educación y energía? La cantinela de echeverristas es culpar al neoliberalismo, al FMI, y a quien puedan, por este gran fracaso. Pero mienten: el gran fracaso ocurrió antes de que se inventara el neoliberalismo. ¿Recuerdan que la crisis de 1982 nos dejó sin azúcar, leche, pasta de dientes?

Basta ya de seguir soportando a estos farsantes repetidores de cuentos, inventores de conspiraciones, vividores de la política. Ya nos costaron mucho. Es tiempo de reconocer que el experimento fracasó y que tenemos que realizar cambios profundos para que nuestros hijos tengan una oportunidad.

www.macario.com.mx

Profesor en la división Humanidades, ITESM-CCM

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