Rodolfo Tuirán
Entre el mundo urbano y el mundo rural existen asentamientos intermedios donde se entrecruzan los fundamentos de ambas realidades socioeconómicas. Son las llamadas ciudades rurales o agrovillas. Esencialmente, se trata de pequeños centros de población que reproducen algunos de los rasgos propios del hábitat urbano, aunque en ellos tiende a persistir la primacía económica, social y cultural de las pautas de vida rural. Estas ciudades, si bien se ubican en el escalón inferior del sistema urbano, configuran núcleos alrededor de los cuales gravitan las pequeñas localidades aledañas.
Varios centenares de asentamientos en el territorio nacional podrían caracterizarse como ciudades rurales. Desafortunadamente en el país no se aprecian esfuerzos significativos dirigidos a reforzar la importancia de estos centros de población en las tareas de ordenamiento territorial y ecológico. Sin embargo, es imperativo equipar a las ciudades rurales para que desempeñen, de manera eficiente, funciones económicas regionales, provean servicios esenciales a la población que habita en ellas o en las áreas circundantes, utilicen de manera sustentable sus recursos y planifiquen su expansión.
Un ambicioso proyecto que ilustra algunos de los desafíos y oportunidades en este renglón es el impulsado por el gobierno de Chiapas. En esa entidad se planea construir en los próximos cinco años un total de 27 ciudades rurales, con un costo promedio por asentamiento de casi mil millones de pesos. Estas ciudades buscan ofrecer una solución a los graves problemas de dispersión poblacional y fragilidad territorial de la entidad. Recuérdese que en Chiapas hay alrededor de 19 mil 500 localidades rurales, de las cuales tres de cada cuatro tiene menos de 100 habitantes y muchas de ellas se localizan en zonas de riesgo.
El proyecto se sustenta en la idea de que la creación de las ciudades rurales podría contribuir a atraer y aglutinar a las poblaciones que habitan en las pequeñas comunidades aledañas y, por esta vía, a reducir la marginación. Sin embargo, todavía no se delinean con claridad los grandes trazos que permitan asegurar el éxito de este proyecto. Con una sólo excepción, nada se ha dicho de las decisiones de localización de las nuevas ciudades rurales. Tampoco se ha hablado de las funciones y accesibilidad de estos núcleos, de su articulación al entorno regional, así como del acompañamiento con otras estrategias territoriales (incluso menos onerosas), como la propuesta por el Consejo Nacional de Población para atender la dispersión demográfica.
Apenas la semana pasada se anunció la construcción de la primera ciudad rural en un predio (de 80 hectáreas) cercano a la cabecera municipal de Ostuacán, donde se reubicará a la población de las comunidades aledañas afectadas por las inundaciones de noviembre pasado. Esta ciudad tendría una zona de uso habitacional, un paquete de servicios e infraestructura básica, además de centros acuícolas y un área de vocación agropecuaria.
Como ha ocurrido con otras experiencias similares, los esfuerzos de reubicación podrían enfrentar la reticencia de los pobladores a abandonar las zonas de riesgo donde se asentaban, el regreso a sus antiguos predios —una vez pasado el temor a lluvias y derrumbes— o bien la emigración a otros destinos. Por eso, el proyecto debe considerar cada detalle y poner especial atención en los procesos de adaptación e integración de la población reubicada en el nuevo entorno, instrumentando programas integrales de desarrollo comunitario y ofreciendo alternativas laborales —a través de la operación de proyectos productivos viables— que mejoren el ingreso de las familias y eleven sus condiciones de vida.
De no tomarse las medidas preventivas necesarias, se corre el riesgo de que las nuevas y deslumbrantes ciudades rurales no cumplan a cabalidad la misión encomendada o simplemente se conviertan en entidades fantasmas. De eso nos advierte el poeta y escritor mexicano Amado Nervo, cuando nos dice que el fracaso a menudo nos viene “por querer adelantar la hora de los éxitos”.
r_tuiran@yahoo.com.mx
Analista y subsecretario de Educación Superior de la SEP
