Guanajuato, Gto. Las horas preliminares al inicio Festival Internacional Cervantino (FIC), en su edición 53, la capital de Guanajuato y las personas se transforman. La ciudad es centro de trabajos de remozamiento en sus recintos y vialidades, pero más importante es que las muestras de exaltación y expectativa en las calles y el número de visitantes se incrementan.
La noche del 9, la última antes del Cervantino, en los rostros de los jóvenes se ve cierta seriedad, cansados algunos, o solemnes. Aún no domina la explosión de contento o el quiebre de la cotidianidad; tampoco la contagiosa alegría.
Todavía un ambiente de ciudad turística del interior, con su ritmo pausado y propicio para apreciar las bellezas arquitectónicas de las que se enorgullece. El trato de los guanajuatenses empieza a agitarse. Cambia en una corriente tan tenue, la urbe del Bajío y herencia minera.
Un chico, frente al templo de San Francisco, a pesar de la cierta oscuridad lee su libro en la Iconográfico del Quijote. Unos pocos paseantes o los grupos pequeños deambulan desinteresados de los bares semivacíos bajo una llovizna suave. Los edificios brillantes por una película de agua vierten en la calle música fuerte y convocante. Parecen más un ensalmo pidiendo concurrencias amplias.
Unas horas antes, ya había expectación entre los habitantes de la ciudad para el inicio del ciclo con el concierto en la emblemática Alhóndiga de Granaditas, y que atrae multitud de visitantes, desde los puramente interesados en la cultura y hasta los innumerables jóvenes que hacen del Cervantino una fiesta del 10 al 27 de octubre.
Reyes Torrijos
En un restaurante, un encargado batalla contra el viento para mantener en su lugar un flamante pendón con el logotipo del FIC, mientras una sutil lluvia parece flotar más que caer. Los túneles aún no están abarrotados por el tráfico. Todavía se escucha el sonido de la ciudad y aves en algún momento. Como si la ciudad alisara su mejor traje para esperar a los invitados.
El frente del Teatro Juárez, símbolo del FIC, luce vacío, con sus brazos abiertos a la espera de las riadas de fanáticos del arte y mirando al parque donde se congregarán también los jóvenes amantes de la fiesta.
La vida nocturna todavía es reducida. Se llegan con claridad los reverberos de las campanas eclesiales. Pululan los integrantes de estudiantinas, quienes cubiertos hasta el cuello contra el frío publicitan la tradicional callejoneada, a la espera de las multitudes que abarrotan del Jardín de la Unión, ahora con sus bancas desocupadas. Los mariachis conversan, poco solicitados todavía.
La mañana siguiente aumenta la visita en una urbe donde se encarnarán las artes, desde la piel de tres mil quinientos creadores provenientes de 31 países. Ya se ven en las aceras líneas de personas arrastrando maletas del centro guanajuatense y los grupos más amplios de visitantes con sus mochilas ligeras, de muy alegres jovencitas vocingleras.
Reyes Torrijos
Es la segunda llamada antes del arranque. Las voces discuerdan con el tono regional. Ya los grupos buscando hospedaje. El primer acercamiento a la ciudad de quienes llegaron de madrugada. Incluso el clima cambia: de la lluvia constante de la jornada anterior a los atisbos de sol este viernes.
En una noche de diferencia ya las sonrisas en los rostros juveniles, las personas que pasan revisando la programación y atisban con deseo los recintos. Es palpable el cambio de la actitud entre los concurrentes.
Una familia de Jalisco, que apenas se enteró del Cervantino, comentó a este diario: iremos a espectáculos de música. Y se van a disfrutar en Guanajuato su largo y, al tiempo, breve fin de semana.
Con información de EL INFORMADOR
