FILIPICAS /Paco Ramírez /El magisterio, el mundial y la mirada de Washington

Hay un momento en que un conflicto deja de ser asunto interno. México llegó a ese momento.
Las marchas de la CNTE, los bloqueos de casetas y los disturbios en las calles de la Ciudad de México y en varios estados del país, ya no son solo una disputa entre maestros y gobierno. Con el Mundial 2026 en marcha y millones de ojos del mundo puestos en México, cada imagen de caos que sale por televisión o redes sociales vale más que cualquier comunicado oficial.
El problema con las capuchas
No todos los que vandalizan son maestros. Detrás de las protestas más violentas se han colado grupos radicales —anarquistas, colectivos de izquierda extrema— que usan la multitud magisterial como escudo para enfrentarse al Estado. El problema es que nadie en el exterior hace esa distinción. Para un inversionista en Chicago o un legislador en Washington, lo que ven es desorden. Y el desorden se traduce en riesgo.
La estrategia de Sheinbaum: contener sin tocar
La presidenta ha apostado por una línea que podría resumirse en tres palabras: dialogar, contener y no reprimir. Pero ejecutarla ha sido más complicado de lo que parece.
Desde Palacio Nacional, Sheinbaum fijó una postura clara: mantener abiertas las mesas de negociación, rechazar cualquier forma de represión y evitar caer en lo que considera intentos de provocación por parte de grupos que buscan llevar el conflicto a un terreno de confrontación.
La táctica tiene una lógica política precisa. La presidenta advirtió que la estrategia de ciertos grupos es generar disturbios para que los corresponsales internacionales concentren su nota en acusar al gobierno de reprimir al magisterio. En otras palabras: si el gobierno responde con fuerza, pierde; si no responde, también. La trampa estaba diseñada desde el principio.
Para evitar caer en ella, las autoridades implementaron medidas de contención como la colocación de vallas en puntos estratégicos, para impedir enfrentamientos entre manifestantes y elementos de seguridad. No es represión, pero tampoco es tolerancia ciega. Es una zona gris deliberada.
En paralelo, Sheinbaum sugirió que las manifestaciones más radicales podrían estar siendo financiadas por grupos de ultraderecha que buscan proyectar una imagen de inestabilidad justo antes del inicio del Mundial. La acusación —lanzada sin pruebas explícitas— cumple una función política: separar a los maestros legítimos de los grupos que los infiltran, y justificar la inacción frente a los segundos.
Lo que el gobierno ofreció en la mesa tampoco fue menor. En las reuniones en la Secretaría de Gobernación, el gobierno planteó la desaparición de la USICAMM, la implementación de una aseguradora pública del ISSSTE y un paquete adicional en materia de seguridad social. La CNTE lo analizó, pero no lo aceptó. Las asambleas internas del magisterio tienen su propio ritmo —lento, deliberativo y difícil de controlar desde arriba.
El movimiento más audaz llegó después: Sheinbaum planteó llevar el debate directamente a las escuelas, consultando maestra por maestra, plantel por plantel, a partir de agosto. Es una apuesta inteligente: si la CNTE no representa a la mayoría del magisterio nacional, el gobierno puede aislarla políticamente sin necesidad de confrontarla físicamente. Pero es también una estrategia de largo plazo en un conflicto que exige respuestas inmediatas.
La trampa en la que está Sheinbaum
La presidenta enfrenta una contradicción real: si ordena una respuesta de fuerza, corre el riesgo de crear mártires y encender aún más estados como Chiapas, Oaxaca o Guerrero, que tienen una larga historia de conflicto social. Pero si se queda quieta mientras los problemas se acumulan frente a las sedes del Mundial, el mundo leerá esa inacción como debilidad del Estado mexicano.
No hay salida fácil.
Lo que Washington observa —y lo que le importa
Para Estados Unidos, el derecho a protestar tiene un límite muy claro: que no afecte la logística del Mundial, las cadenas de suministro del T-MEC ni la seguridad de sus ciudadanos. Si el gobierno mexicano es percibido como incapaz de mantener el orden, las consecuencias llegan rápido: alertas de viaje, presión comercial, desgaste diplomático.
Lo que debe pasar
Las mesas de diálogo son indispensables. El conflicto magisterial arrastra décadas de agravios y reformas a medias —no se resuelve con policías, sino con acuerdos. Pero el diálogo necesita ir acompañado de algo igual de claro: la demostración de que el Estado puede garantizar el orden cuando la casa está bajo la mirada de todo el mundo.
La estrategia de Sheinbaum, enfocada en encontrar acuerdos sin recurrir a medidas de fuerza, puede ser la correcta en el mediano plazo. El problema es que el Mundial no tiene mediano plazo.
Soberanía no es solo el derecho a decidir. También es la capacidad de cumplir lo que se decide.

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