Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

Pequeño dictadorzuelo

Alexander Trinidad Vázquez poco necesitó para revelarse como el peor de los aprendices del arte de gobernar con las tripas; incapaz de resolver los problemas que en menos de un mes se creó él mismo, ha optado por recurrir al secuestro como arma para acallar las voces en su contra y para encubrir sus fallas como alcalde de una de las ciudades más importantes de Chiapas. Molesto porque Beatriz Guadalupe Velásquez Roque pretendía negociar su injustificado despido, ordenó a la recién estrenada jefa del departamento Jurídico de la alcaldía de Cintalapa, Enriqueta Palacios García, “detener” a la exempleada municipal, sin mediar orden judicial y sin tener un motivo legal que justificase la retención de ésta. El escándalo se desató y para cuando el dictadorzuelito intentó atemperar la tempestad, todo se le había venido encima, al grado que la locura le invadió e inició una embestida contra los Medios de Comunicación locales que hicieron público el secuestro de Velásquez Roque.

Amenazas, injurias, insultos y gritos desternillados salieron de la caverna que tiene por boca sin darse cuenta que con ello, más que apagar el fuego, lo avivaba de tal manera que muchos ciudadanos molestos por la brutalidad del alcalde, decidieron dar todo su respaldo a la afectada, así como a los Medios que fueron amenazados por el simple hecho de haber denunciado las tropelías de un sujetillo insensible, torpe y falto de sentido común. Lo que ocurre en Cintalapa, es grave. Muy grave. Primero, porque el energúmeno que ha quedado al frente de la alcaldía, apenas tiene un mes en el cargo y ya está dando muestras de ineptitud, pero también de incapacidad para solucionar de manera civilizada los problemas de la alcaldía. Y más grave aún si para enmendar sus yerros, recurre a la violencia y la provocación como si él fuera el dueño del pueblo y el caporal de sus habitantes.

Es inaceptable que un edil invente sus propios métodos para someter a quienes le reclaman lo que es justo. Puede admitirse que Trinidad Vásquez sea ignorante de las leyes y puede también admitirse que en su infinita torpeza, no sepa que ha cometido un crimen al detener sin mandato judicial a una mujer a quien dejó incomunicada por varias horas; pero no se puede entender que, con las evidencias de por medio, ninguna autoridad de competencia voltee los ojos hacia aquel municipio y exija al edil, no solo una explicación a la idiotez que ha cometido, sino un justo pago por el atropello inconstitucional que ha cometido. Un secuestro como el que sufrió la exempleada municipal, no puede quedar en la impunidad, a menos que el alcalde cintalapaneco goce de ésta y la autoridad competente haya perdido su fuerza moral sobre los delincuentes. Sí, leyó bien. Escribí “delincuentes” porque quien comete una brutalidad de ése tamaño, no es más que un vil y vulgar delincuente.

Torturador impune

José Guadalupe Arias Bustos es recordado por cientos de internos y expresos como el hombre que se ensañó con ellos cuando cayeron en sus manos. “Era -recuerda Heber, un antiguo prisionero que conoció a Arias Bustos en el penal de Cerro Hueco- el encargado de meternos al pozo de mierda y reventarnos los oídos a cachetadas”. Sádico, Arias Bustos también es recordado como el empleado penitenciario que violó a muchos presos a quienes también robó sus pocas pertenencias durante el encierro. Cuando estuve preso en “El Amate” por órdenes del tiranito Pablo Abner Salazar, conocí a un interno que me contó cómo el ahora director del Penal “El Encino” con sede en Ocosingo, le arrancó los vellos de la entrepierna con una tenaza para luego introducirle un tolete en el ano. “Luego -me dijo aquel hombre llamado José Alberto- me obligó a lamer el tolete mientras él me penetraba por atrás”.

Así se comportó durante la dictadura y así, según tenemos entendido, se sigue comportando en el penal que dirige, como si la tortura fuese un método aprobado por la sociedad para castigar a quienes, por cualquier razón, llegan a purgar penas a las cárceles. La situación de los internos del penal número 16, es extremadamente grave. La tortura, la represión y los castigos inhumanos, no pueden seguir en detrimento de la dignidad de los prisioneros. No es posible que mientras el Gobierno del Estado lucha por mejorar las condiciones de la población interna, un torturador desalmado como lo es José Guadalupe Arias Bustos, siga haciendo de las suyas, como si el penal que dirige, fuera de su entera propiedad.

Urge que los organismos defensores de los derechos humanos y las autoridades judiciales, intervengan no solo para frenar los abusos que se cometen en nombre de una ley inexistente, sino para llevar, justo a esas mismas celdas, a un loco que se niega a respetar los derechos humanos y las garantías civiles de los presos. Esperamos que esto no quede en la impunidad. Sería un mal mensaje para los ciudadanos que se siga permitiendo el abuso y la tortura. Ojalá, se ponga fin a esa tenebrosa práctica.

Tarjetero

*** El negociazo de la familia Díaz Ochoa, quedó al aire. No podrán construir sus casas en Los Humedales porque esa tierra ha sido declarada, por decreto del Ejecutivo y aprobación del Legislativo, reserva natural. Tenía razón mi amigo y colega Miguel González Alonso, quien fue incansable defensor de esa reserva que hoy, deja sin casi 200 millones de ganancias a la familia del sinvergüenza que cree ser el alcalde de San Cristóbal de las Casas. *** Rodolfo era un joven con muchas ganas de vivir; estaba en planes de boda cuando la negligencia médica en un hospital particular (se les pasó la mano con la anestesia, dictaminó un médico del mismo nosocomio) le cortó la vida apenas ésta semana. Las Paredes de ese hospital, siguen siendo testigos de muchas muertes por negligencia que ninguna autoridad investiga. Le tendré toda la historia muy pronto. *** El Carnaval Zoque de Ocozocoautla, es algo digno de verse. Ayer, en la Preparatoria de ese municipio, vimos una probadita de lo que es la fiesta grande que empezará éste domingo. Vaya a Coita y conozca ancestrales tradiciones que se estaban perdiendo y ahora, los muchachos buscan rescatar. *** Luego nos leemos.

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