Evolución por los derechos humanos

Ernesto López Portillo

La secretaria general de Amnistía In-ternacional (AI) visitó México y es momento para ponderar la aproximación de esa organización a las violaciones a los derechos humanos en México y la reacción de las autoridades. Primero planteó dos premisas: los derechos humanos (DDHH) están en el vértice del sistema jurídico y político de una democracia, nada ni nadie, bajo ninguna circunstancia, puede disponer de ellos. Segunda, el rol de AI en el mundo implica un contrapeso indispensable ante los operadores del Estado que a lo largo del mundo cometen abusos, en ocasiones de manera sistemática. Sólo desde un cinismo ilimitado que añora el ejercicio premoderno del poder se podría negar el valor de esa organización de alcance global.
Me pregunto si en realidad existe diálogo entre AI y las autoridades mexicanas, y pongo a discusión la necesidad de evolucionar el formato de interlocución entre el sector de derechos humanos y el Estado. Hace unos meses participé en una mesa de expertos en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, desde donde inició la redacción de un informe sobre el impacto de las políticas en seguridad pública y en materia policial vigentes en América Latina, y las posibles alternativas, precisamente desde un encuadre de DDHH.

Definir el perfil del informe respecto de su aproximación a los gobiernos de la región fue central; reduciendo la discusión, dos eran las posibilidades: “radicalizar” o modular el discurso, es decir, centrarnos en la denuncia de la violación sistemática a los DDHH, logrando con ello evidenciar el tamaño del problema extremo que vive la región, o reducir el espacio y la centralidad de tal denuncia, a cambio de amplificar al máximo posible un ejercicio profundo de alternativas técnicas, basadas en la evidencia de que a mayor respeto a los derechos humanos en la seguridad pública y la función policial, mayor es la eficacia en el cumplimiento de los objetivos de ambas. Me sumé a la segunda opción.

En 2006 AI publicó un libro extraordinario denominado Understanding policing; la propuesta central del texto es avanzar desde la visión de los DDHH hacia la comprensión del quehacer policial, para alcanzar una interlocución profunda y técnica entre el enfoque de derechos y las prácticas y necesidades de la policía, y así caminar hacia reformas a favor de aquéllos. La propuesta implica un proceso evolutivo en la búsqueda de mayores impactos sobre el instrumento del Estado que al mismo tiempo tiene el mayor potencial a favor y en contra de los derechos humanos: la policía.

Según informó AI, fue inédita la dureza de la reacción ante esa organización por parte de las autoridades mexicanas. No hay sorpresas, el gobierno de Calderón no ha dado muestras contundentes de su compromiso con los derechos fundamentales (el caso de Oaxaca es de tal desproporción que merece análisis aparte). Así, las posturas tienden a endurecerse. Mi hipótesis es la siguiente: a mayor desarrollo de capacidades técnicas en el sector de los DDHH, menor será el espacio político y técnico que propicia y reproduce la violación de derechos. El libro citado avanza en tal dirección. La discusión con este sector apenas empieza.

Director ejecutivo del Instituto para la Seguridad y la Democracia, AC

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