Diego Valadés
No hay un concepto unánime de democracia. Existen numerosas definiciones, y siempre será posible formular otras; empero, más allá de los enunciados doctrinarios, se pueden señalar algunas características básicas de todo sistema democrático: elección libre de los gobernantes, desempeño responsable y temporal del poder, y garantía para los derechos fundamentales.
Hay otros elementos, como el ejercicio eficaz del poder, la distribución de la riqueza y el acceso a la justicia. Si en este caso nos conformamos con las notas más comunes para aplicarlas a la situación de México, podemos decir, en términos generales, que tenemos elecciones libres, que la titularidad del poder es temporal y que disfrutamos de garantías razonables para nuestros derechos. Hasta aquí el balance es positivo. Falta, sin embargo, un elemento importante: el ejercicio responsable del poder.
La expresión “responsable” tiene un significado muy amplio en una democracia. Responder de las acciones del poder es dar cuenta de lo hecho, informar de las razones que se han tenido para actuar en un sentido y no en otro, y someterse al veredicto de la comunidad o al menos de quienes la representan. Si se hace un relato de lo realizado, sin expresar los motivos, e incluso si se exponen éstos, pero no existe un órgano representativo que valore lo hecho, para aceptarlo o desaprobarlo, todavía no se está en una democracia plena. En los sistemas autoritarios los titulares del poder anuncian sus decisiones, y algunos hasta divulgan las causas y los objetivos por las cuales las tomaron; esto no los hace democráticos.
Muchos sistemas presidenciales están en proceso de cambio, o ya se transformaron. En 14 de esos sistemas los ministros dependen de la confianza del presidente y del Congreso; en 29 los congresos preguntan con regularidad a los ministros, en varios de ellos los pueden interpelar y en algunos incluso es viable censurarlos.
Los ministros son sujetos responsables y, en esa medida, tienen una enorme capacidad política de actuación, porque mientras están en funciones se entiende que el jefe de gobierno y la mayoría congresual les ofrecen apoyo. Los gobiernos son más fuertes cuando disfrutan de una base mayoritaria, natural o negociada, que sustenta su labor. Donde esto existe, no suele producirse el bloqueo sistemático entre las fuerzas políticas, y las políticas públicas ofrecen resultados positivos para los gobernados.
Hoy, entre nosotros, se habla de transparencia como sinónimo de democracia. Son dos cuestiones distintas: podemos conocer el costo de las fiestas de los funcionarios, del mobiliario que utilizan, de los arreglos de sus oficinas, de los viáticos asignados, y cosas por el estilo. Aun así, casi todo cuanto sabemos carece de consecuencias, porque en el fondo obedece a una estrategia diversiva. En lugar de conocer lo importante, se entretiene a la sociedad con el anecdotario del poder.
Donde el poder se ejerce sin responsabilidad porque no existen consecuencias jurídicas ni políticas de los errores y de los abusos de los gobernantes, puede haber transparencia mas no democracia.
Los presidentes no tienen que explicar las razones por las que pierden su confianza en un colaborador. La remoción de funcionarios es un derecho que todos los sistemas asignan a los titulares del gobierno. En una democracia la cuestión de fondo consiste en determinar si sólo el presidente puede conocer y valorar el desempeño de los servidores públicos del máximo nivel político.
En México, el éxito o el fracaso de los secretarios ha sido un asunto que sólo los presidentes juzgan. Nuestros representantes no tienen una voz que sea escuchada, ni los secretarios tienen responsabilidad pública alguna. Sólo responden en privado. Este sigue siendo un déficit de nuestra democracia.
¿Podemos hablar de plenitud democrática en un sistema que depende de la voluntad de una sola persona? ¿Qué ha cambiado, en este punto, con relación a hace seis, 12 o más años? Con independencia del concepto que se tenga, no existen las democracias de un solo hombre. La democracia está a medio camino allí donde los gobernantes no son responsables ante la sociedad ni ante sus órganos de representación.
diegovalades@yahoo.com.mx
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
