Roger Díaz de Cossío
Según el ´diccionario´ de la lengua española, equidad es: 1. Igualdad de ánimo; 2. Bondadosa templanza habitual. Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley; 3. Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva; 4. Moderación en el precio de las cosas, o en las condiciones de los contratos; 5. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.
Desde que yo recuerdo, hace más de 40 años, la palabra equidad ha sido utilizada en los planes educativos, pero con un significado que está lejano de las acepciones oficiales de la palabra. Más bien ha sido usada como el contrario de iniquidad que quiere decir: 1. Maldad, injusticia grande. Es decir, lograr la equidad es corregir o moderar las injusticias.
Pero el efecto de la equidad en los planes educativos ha sido como manifestar un buen deseo, nunca con programas operativos que persigan una mayor justicia. A lo largo de los años se han establecido programas dirigidos a los más desfavorecidos, pero nunca han tenido prioridad.
Estamos en una sociedad injusta con un sistema educativo injusto. En algunos aspectos la distancia entre la buena educación y la de los menesterosos es mayor que la diferencia en bienes materiales entre ricos y pobres. La educación está mucho peor distribuida entre los mexicanos que el maíz. ¡Qué vergüenza!
Para que la equidad deje de ser un buen deseo piadoso y se convierta en el propósito de la nación, o por lo menos del sector educativo, debe darse prioridad política y presupuestal a los programas que ya existen, destinados a los marginados, pobres y desfavorecidos. Todos deben incrementar su alcance.
El problema de marginación más grave que tenemos, porque nos cierra el futuro, es el de los jóvenes de 15 a 18 años de edad que no terminarán el bachillerato o que no entrarán al ciclo. Aquí hay que hacer enormes esfuerzos e incluso crear nuevos programas para jóvenes en todos los municipios de la República.
Entre 33 millones de jóvenes y adultos, mayores de 15 años que no han terminado la secundaria se encuentran los más pobres del país y son la razón de ser del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). Este organismo debe triplicar o cuadruplicar su presupuesto para que efectivamente el rezago empiece a disminuir. Se trata de lograr que se otorguen unos 700 mil certificados de secundaria cada año. Al INEA debe permitírsele atender también a los mayores de 18 años que, habiendo terminado la secundaria, no concluyeron el bachillerato. Todo esto, adicional a los grandes programas de acreditación del bachillerato, y muy pronto la secundaria, que ejecutará Ceneval.
No debe perderse el tiempo con programas de alfabetización a secas, porque son inútiles, como lo ha demostrado nuestra historia de campañas durante los últimos 90 años. Seguimos con el mismo número absoluto de analfabetas que en 1910. Se puede alfabetizar a una persona (para que escriba una carta) en seis meses. Pero, si no usa esa habilidad, la pierde por desuso en otros seis meses. Esto ha sido demostrado censo tras censo en México. La alfabetización no es más que la primera etapa de la primaria.
Se estima que cada año quedan sin entrar a la escuela entre 1 y 2 millones de niños, principalmente de comunidades remotas y pequeñas. En México tenemos más de 140 mil comunidades de menos de 100 habitantes, a las cuáles es muy difícil llegar con servicios. El Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), creado en 1973, es la única institución del sector educativo que a través de cursos comunitarios atiende a los niños de pequeñas comunidades. Jóvenes egresados de secundaria, con poco entrenamiento y mucho entusiasmo, desempeñan la labor de educar a unos cuantos niños de todas las edades que residen en estas minúsculas comunidades. El trabajo de Conafe es excelente pero su cobertura escasa. Cuando mucho cubre 33 mil comunidades. Por lo menos debería llegar hasta 80 mil.
Con estos programas contribuiríamos decisivamente a lograr una mayor equidad en el país.
rogerdc@prodigy.net.mx
Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana
