Emergencia

Ramón Cota Meza

El programa gubernamental para mitigar la emergencia del alza de precios de alimentos y de insumos vitales ha sido impugnado con diversos argumentos: que los recursos a gastar son insuficientes o que su enfoque es defectuoso; que los números publicitados son pura prestidigitación presupuestal, o que el programa en conjunto recuerda demasiado las abominables políticas populistas de los 70. Mientras tanto, el gobierno se abstiene de responder.
La verdad es que lo más parecido a los 70 no es el programa gubernamental, sino la situación económica en sí misma: escalada inflacionaria global y movilización salarial en ciernes en un contexto internacional con muchos puntos de tensión. Si el gobierno está tomando medidas parecidas a las de los 70 no es por gusto: hay imperativos de poder que lo obligan a actuar, disimulando su credo económico o radicalizándolo en otras áreas para equilibrar las miradas y guardar las apariencias.

La dualidad proviene de ostentar una ideología económica tajante, sin margen para paliar contingencias con decisiones imprevistas, como la comentada. Contra esta propensión a la rigidez, Keynes declaró: “Cuando los datos cambian, mi mente cambia también”. El conocimiento económico es una “caja de herramientas”, de la cual pretendemos sacar la herramienta adecuada para arreglar la descompostura en cuestión. No hay un corpus de conceptos capaces de representar verazmente cada nueva circunstancia económica. Es más confiable el análisis basado en la historia económica porque permite comparar, distinguir y prever hechos y fenómenos, lo que de todos modos no sirve para evitar desastres, pero sí para encarar sus consecuencias.

La crítica prevaleciente de la política económica de Echeverría y de López Portillo tiene un enfoque muy estrecho. No ve que todos los gobiernos de países similares respondieron igual ante una escalada inflacionaria global inesperada, cuyas grandes causas fueron el precio del petróleo y el déficit fiscal de Estados Unidos por la guerra de Vietnam. La crítica prevaleciente omite también que la crisis de insolvencia de México en 1982 fue sólo la primera de 40 más en el mundo en dos años. Fue la “crisis de la deuda del tercer mundo”, una crisis del sistema financiero global.

Ya que los platos rotos de la crisis recayeron en los países deudores, tuvo que hacerse una crítica devastadora a los gobiernos respectivos. Fue una crítica fraguada al gusto de los acreedores, como si ellos no hubieran tenido nada que ver en el desastre. La verdad es que su actuación de entonces es igual a la de ahora en el mercado hipotecario de Estados Unidos, y aún tienen gas para proseguir su frenesí especulativo en los mercados de materias primas y alimentos.

Si el gobierno de Calderón responde ahora con subsidios es que no tiene otro instrumento. A ver cómo responde ante la movilización por aumentos salariales que se perfila. El panorama asalariado actual y la relación de las organizaciones sindicales con el gobierno son notoriamente distintos a los prevalecientes en los 70. El mercado de trabajo es ahora más diverso, con segmentos estables bien remunerados, otros con salarios buenos o regulares pero prestaciones reducidas o nulas, y muchos más con salarios miserables y prestaciones de ninguna índole. A este último segmento pertenece la mayoría de la fuerza laboral de reciente ingreso al mercado de trabajo.

La movilización salarial en ciernes podría dar pie a conjeturas sobre una carrera precios-salarios como la de los 70. La verdad es que los precios ya llevan la delantera y será difícil evitar la reacción de los asalariados. Calderón podría enfrentar aquí otro dilema a la Echeverría en un contexto no muy propicio a la anunciada reforma laboral.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político

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