Elecciones en Estados Unidos

Ricardo Pascoe Pierce

Las próximas elecciones presidenciales estadounidenses tendrán un impacto significativo en México. Por ello, es menester entender y atender las señales que provienen de ese proceso con sumo cuidado. Y es un buen momento para dejar atrás tradicionales análisis prejuiciados emanados de nuestros propios centros reflexivos sobre la relación de México con su vecino, a fin de evaluar objetivamente qué hacer ante los datos que nos ofrece la realidad.
Los temas recurrentes en las campañas, tanto de los demócratas como los republicanos, refieren el asunto de la posibilidad de una recesión económica en su país, el Tratado de Libre Comercio con México (ojo: el blanco del debate es México, y no Canadá), la inmigración indocumentada, los servicios de salud y de seguridad social, además de la guerra en Irak, aunque este último asunto es cada vez menos el tema central, en la medida en que “mejora” la situación en aquel pobre país.

Lo que conviene destacar, por tanto, es que los temas “internos” empiezan a cobrar mayor importancia en el debate entre los diversos precandidatos, sobre los que pudieran considerarse “externos” o de política internacional.

El debate en torno al Tratado de Libre Comercio de América del Norte es un caso ilustrativo. Casi todos los precandidatos, tanto demócratas como republicanos, han cuestionado, con distintos grados de ferocidad, los supuestos beneficios del tratado para su país. En general, existe entre ellos la idea de que el TLCAN debiera ser renegociado, para sacarle mayores ventajas para la sociedad y economía estadounidenses. Para quienes, desde México, plantean reabrir el capítulo agropecuario, se les puede asegurar que habrá un presidente estadounidense a partir de enero de 2009 dispuesto a su renegociación, pero ahora con más exigencias hacia nuestro país, a cambio de rediscutir el maíz y el frijol. Que no les quepa la menor duda en ello. ¿Maíz a cambio de petróleo?

En el terreno migratorio se observa un escenario parecido. Una sociedad asustada por las dificultades económicas que se pronostican en el horizonte próximo es presa fácil de las propuestas obvias o de rápida digestión. Tal y como lo hizo el actual presidente de Francia durante su campaña electoral, cuando azuzó al electorado de su país con el espanto a la “invasión” de extranjeros ilegales que arrebataría empleos a los propios franceses, en Estados Unidos existe la misma tentación por parte de los precandidatos de cada partido. Además, para asegurarse el voto sindical, que es el voto corporativo más importante en aquel país (observen el caso del estado de Nevada, donde el voto sindical define el rumbo de las primarias internas de cada partido), es necesario contar con una propuesta “antiinmigrante indocumentado” y sobre la valla entre México y su país, a fin de frenar la inexorable invasión de extranjeros que empobrecen al país, arrebatan empleos y cambian sus tradiciones y valores culturales.

Entiendo el argumento que sostiene no solamente que no es así, sino que, además, el trabajo inmigrante enriquece a ese país. Pero, visto con el lente estadounidense, el temor a perder empleos por la supuesta invasión de inmigrantes, muchos indocumentados, es absolutamente comprensible. Es más, es perfectamente identificable como un tema electoral, por más injusto que sea, desde el punto de vista de los inmigrantes. Lo que es cierto, y necesario reconocer, es que la valla entre la comunidad estadounidense y la comunidad inmigrante ya existe, aunque sea dentro de ese país, y entre las comunidades mismas. Quizá la injusticia radica en que la comunidad inmigrante indocumentada no tiene cómo defenderse públicamente, debido a la falta de los instrumentos idóneos a su disposición y por obra y gracia del temor.

Tanto el debate, o esgrima, en todo caso, en torno al TLCAN y el asunto migratorio proviene de los temores engendrados por el desfavorable entorno económico estadounidense. Alguna vez Condoleezza Rice explicó el porqué, desde su punto de vista, el déficit estadounidense no era para preocuparse, argumentando que el cálculo no podía darse solamente a partir de la economía “interna” estadounidense, sino tomando como parámetro la economía mundial, debido a las inversiones de su país en todo el mundo, empezando por China. Resulta interesante el argumento, pero es categóricamente desmentido por la población estadounidense, que toma en cuenta lo que sucede dentro de su país, económicamente, y no fuera de él.

Cada país construye sus mitos y fantasmas. Las campañas estadounidenses nos están permitiendo una vista excepcional a los temores e inquietudes de la población de ese país. Quede quien quede en las candidaturas, primero, y en la Presidencia después, lo evidente es que la relación entre ambos países seguirá siendo difícil y compleja. Siendo vecinos cercanos, bien nos vendría entenderlos más.

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político

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