José Luis Calva
Dos días después de que los precandidatos presidenciales del Partido Demócrata, Hillary Clinton y Barack Obama, coincidieran en que de llegar a la Casa Blanca su país se retiraría del TLCAN “a menos que México y Canadá acepten renegociar para mejorar los estándares laborales y ambientales”, el presidente George W. Bush afirmó: “Este acuerdo ha traído prosperidad a nuestros países”; “el TLC ha sido buen instrumento para combatir la inmigración indocumentada” (EL UNIVERSAL, 27/II/08 y 29/II/08). Ciertamente, Bush no pasará a la historia como hombre de elevada cultura.
De acuerdo con cifras del Pew Hispanic Center Project, durante el periodo 1994-2006 (de operación del TLCAN), 5 millones 758 mil 800 mexicanos emigraron a Estados Unidos, o sea, 442 mil 984.6 por año (www.pewhispanic.org).
Desde México las estadísticas del Consejo Nacional de Población indican que durante toda la operación del TLCAN (1994-2007), el saldo migratorio de nuestro país —considerando no sólo la migración a EU, sino también a Canadá y otros países— fue negativo en 7 millones 609 mil 398 personas, o sea, 543 mil 528 por año (www.conapo.gob.mx). Además, el Banco de México reporta que las remesas enviadas a nuestro país por trabajadores mexicanos residentes en EU saltaron de 5 mil 078.9 millones de dólares en 1993 (año previo al TLCAN), hasta 23 mil 391.8 millones de dólares en 2007.
La razón de la creciente migración es sencilla: para crear suficientes puestos de trabajo para sus nuevos demandantes de empleo, la economía mexicana debe crecer a una tasa de 6% anual o mayor. Esta relación, aceptada por los especialistas, tiene por fundamento el dato empírico de que la población demandante de empleo crece a una tasa cercana a 4% anual —debido a las tasas de crecimiento demográfico observadas durante los años 70 y 80, sumadas a la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral—, de manera que un crecimiento económico de 4% anual sólo sería suficiente para absorber a los nuevos demandantes de empleo si la productividad del trabajo no aumentara. Con un crecimiento de la productividad de 2% anual (o mayor) sería necesario un crecimiento económico cercano a 6% anual (o mayor) para dar ocupación a nuestros nuevos demandantes de empleo.
Sin embargo, durante el periodo de operación del TLCAN (1994-2007), el PIB mexicano apenas creció a una tasa media de 3% anual. Por eso, más de 6 millones de mexicanos emigraron a Estados Unidos durante este lapso.
De hecho, en vez de constituir un camino hacia la prosperidad para México, el TLCAN ha mantenido —y aun ahondado— la enorme brecha de ingreso que nos separa de los países desarrollados. Paradójicamente, así lo reconoció el secretario de Comercio de EU, Carlos Gutiérrez, cuando afirmó —en conferencia organizada por la embajada de su país en México— que el TLCAN “es exitoso para los tres países socios”, puesto que “ha contribuido, desde 1993, a incrementar en 51% la economía mexicana y en 54% la estadounidense” (El Financiero, 28/II/08). Por lo visto, Gutiérrez no resultó un buen apagafuegos de la crítica al TLCAN desde México. A diferencia de la Unión Europea, donde gracias a los fondos estructurales y de cohesión social, así como al libre flujo de mano de obra, se ha conseguido la convergencia en niveles de ingreso y bienestar (véase nuestra entrega del 28/II/08), en el área del TLCAN se agranda la desigualdad entre las naciones.
En el ámbito universal, la experiencia indica que las economías que han pasado al primer mundo durante el último siglo lo han logrado creciendo a tasas superiores a 6% anual, en vez de 3% anual como lo ha hecho México durante la época del TLCAN. Por eso, como observó la directora del Banco Mundial para México, Isabel Guerrero: “Una tasa de crecimiento del PIB de 4% anual es buena para la economía estadounidense, pero no necesariamente es buena para México, que tiene mucha pobreza”. “El país necesita crear puestos de trabajo productivos, con buenos salarios, y para ello debe crecer como China o la India” (El Financiero, 28/IX/06). Este potencial de crecimiento, que ha sido sólidamente argumentado por economistas académicos de México, ha sido también reconocido por otros organismos internacionales. Incluso el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría ha admitido que “México tiene capacidad para crecer a tasas anuales de 7% a 8% sostenidamente, como China, India y Corea” (EnPleno, Num. 80, 8/III/07).
Sin embargo, para que la economía mexicana logre crecer de manera sostenida a una tasa próxima a su potencial, como lo consiguió bajo el modelo económico precedente al neoliberal (6.1% anual durante el periodo 1934-1982), es necesario modificar la estrategia de desarrollo e inserción en la globalización. Uno de los posibles caminos consiste en la enmienda del TLCAN, no sólo para mejorar los estándares laborales y ambientales, así como el capítulo agrícola, sino también para que sean instituidos fondos estructurales y de cohesión social al estilo europeo, además del libre flujo de mano de obra entre nuestros países, a fin de asegurar realmente la prosperidad compartida en el área del TLCAN.
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM
