El potencial de la izquierda moderna

Esteban Moctezuma Barragán

México no logrará la moderni-dad sin una izquierda madura y fuerte. Los desequilibrios del país en materia social, regional y de género urgen la construcción de una fuerza de equilibrio, un motor que impulse, no un ancla que detenga.
Los mexicanos deseamos vivir en un país armónico, y ese es precisamente el resultado del trabajo y la tensión entre todas las fuerzas políticas.

Sin embargo, los partidos que se definen del lado izquierdo del espectro político aún no configuran un rostro claro ante la ciudadanía, ni la unidad necesaria para su consolidación y crecimiento.

Los ciudadanos vemos hoy una lucha interna entre diferentes corrientes que no nos dicen mucho sobre la propuesta de nación que persiguen. No nos queda claro si su disputa es por visiones distintas de país o simplemente son luchas de poder.

Nos informamos de las tácticas de protesta y manifestación, pero poco de las propuestas para elevar la calidad de vida de la gente.

Lo que es más, lo anterior opaca la fuerza real que tienen en el Con-greso federal, en las cámaras locales y en las administraciones munici-pales y estatales. El PRD es un importante actor en la vida pública de México y desde esa posición debe convertirse en el líder natural del cambio social y el crecimiento económico equilibrado.

Una cosa es cierta. Si un grupo en el PRD lee correctamente la realidad y propone, acuerda y construye una izquierda moderna, el resultado puede ser sorprendente.

¿Qué es una izquierda moderna?

Aquella que pone su atención en las personas, no en dogmas. Quienes viven en la pobreza requieren procesos de creación de riqueza y políticas públicas que garanticen equidad, no encendidos discursos.

Una izquierda moderna no teme a la riqueza. Lo que es más, promueve la generación de riqueza en un marco de igualdad de oportunidades.

Además, sabe que para que exis-ta igualdad de oportunidades, paralelamente se debe construir un esquema de desarrollo de capacidades y competencias.

Una izquierda moderna promueve el crecimiento de la base productiva de la nación. Busca que se multipliquen los empleos, los negocios, las empresas. Entiende al país y al mundo. Comprende los fenómenos globales para aprovecharlos a favor de la población nacional. Adopta un posicionamiento inteligente para reducir efectos negativos y multiplicar beneficios del comercio internacional y la inversión extranjera.

¿En qué se diferencia una izquierda moderna del resto de las fuerzas políticas? En su terquedad por que los beneficios del desarrollo lleguen a todos. En su empeño por que todo aquel que quiera trabajar y ser productivo lo logre. En su determinación por desarrollar las habilidades y competencias de las mayorías. En su compromiso por evitar la desnutrición, la enfermedad y la discapacidad. En el impulso a cambios legales para apoyar a todo aquel emprendedor que quiera iniciar una micro, pequeña o mediana industria. En su pasión por una cultura nacional incluyente. En su conocimiento del territorio nacional para promover la creación de infraestructura en donde más se necesite. En el logro de la equidad de género. En su autocrítica y permanente deseo de aprender de la realidad.

El sentimiento que despierta en la población una izquierda moderna no es el miedo, sino la esperanza. No impone sus ideas sino la generación de conciencia sobre los problemas estructurales y coyunturales de nuestra nación.

Eso no va en contra de protestar o resistir cuando se debe, sino a favor de ser la punta de lanza para señalar el rumbo que más conviene a la sociedad para crecer sanamente. Sin duda, esta es la tarea que le espera a un perredismo autocrítico al que los analistas calificarían como neoperredismo.

Presidente de Fundación Azteca

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