Demetrio Sodi de la Tijera
Cuando en enero de 1993 un grupo de siete asambleístas del DF (Amalia García, PRD; Pablo Gómez, PRD; Patricia Garduño, PAN; Pablo Jaime Jiménez, PAN; Alejandro Rojas Díaz Durán, PRI; Óscar Mauro Ramírez, PARM, y el que esto escribe, Demetrio Sodi, PRI) convocamos a un plebiscito para conocer la opinión de la ciudadanía en cuanto a la elección directa del jefe de Gobierno y los delegados, la conversión de la Asamblea de Representantes en Congreso local y del DF en el estado 32, la reacción del gobierno encabezado por Manuel Camacho y Marcelo Ebrard fue muy similar a la reacción actual del gobierno federal sobre la consulta que han convocado López Obrador, el jefe de Gobierno y el PRD sobre las reformas a Pemex.
Trataron por todos los medios de parar el plebiscito; dijeron que no estaba en la Constitución, a los priístas nos amenazaron con sacarnos del partido, nos cerraron los medios de comunicación, algo que ya no es posible actualmente, exigieron que el gobierno pusiera vigilantes y fotógrafos en cada casilla, que se votara con tarjeta de elector, y llegaron al extremo de robar urnas para desprestigiar los resultados.
A pesar de todo lo anterior fracasaron en su intento de impedir su realización, y con la consigna del “plebiscito va”, miles de ciudadanos se abocaron a poner mesas de votación y más de 330 mil personas participaron en éste, que fue el primer plebiscito ciudadano de la historia del país.
Los resultados, en forma aplastante a favor de la democratización de la ciudad, sirvieron para obligar al gobierno federal y del DF a las reformas, que permitieron en 1997 la elección del jefe de Gobierno y en el año 2000 la de los 16 delegados.
Hoy es paradójico que los que estaban a favor del plebiscito estén en contra de la consulta, Santiago Creel y Federico Reyes Heroles, y los que estuvieron en contra estén a favor, Marcelo Ebrard y Manuel Camacho.
Es cierto que hay una diferencia importante, ya que mientras los ciudadanos podemos hacer todo lo que no esté prohibido, y el plebiscito no lo estaba, el gobierno sólo puede hacer lo que le está permitido por la ley, y el gobierno del DF sólo puede convocar a consultas que se refieran a programas o acciones del DF, no a asuntos que tienen que ver con la legislación federal.
Mas allá de lo anterior, que se le puede dar fácilmente la vuelta haciendo que quienes convoquen sean organizaciones de la sociedad civil, la mayor parte de los mexicanos, según las encuestas, quieren participar en la decisión sobre las reformas de Pemex y están de acuerdo con la consulta. Pemex es, para la mayoría de los mexicanos, mucho más que una empresa pública, y es símbolo de nuestro nacionalismo, por lo que cualquier forma de privatización es rechazada en forma mayoritaria.
Es cierto que la consulta puede dar al traste con una reforma que es indispensable para reactivar el crecimiento económico del país y evitar caer en una mayor dependencia externa en energéticos, sin embargo, sería muy peligroso para la estabilidad política del país en lo que resta del sexenio aprobar algo en que la mayoría de la gente esté en contra. Por eso, más allá de la consulta, el gobierno tiene que hacer un esfuerzo mayor para convencer a la población de la necesidad y ventajas de sus propuestas.
Por otro lado, más allá de si el gobierno del DF o los perredistas tienen facultades para convocar, lo que es seguro es que “La consulta va” y si el resultado es mayoritariamente en contra de las reformas, ésta puede paralizar al Congreso o dar un pretexto para llamar a un paro nacional que desestabilice al país si éste la aprueba.
El gobierno debe, por lo tanto, no perder tiempo en discutir si se hace o no la consulta, y abocarse a convencer a la mayoría de la población que con su propuesta no perdemos soberanía ni autonomía como país, y que la participación del sector privado en refinerías y transporte va a ayudar a hacer más transparente y eficiente a Pemex, impulsar la economía y la creación de empleos y aumentar la inversión pública en educación y salud.
demetriosodi@hotmail.com
Analista político
