El neopriísmo y la izquierda

Rubén Aguilar Valenzuela

El problema no es Andrés Manuel López Obrador. Él ya ha decidido. Él nunca ha sido un militante de la izquierda y tampoco lo va a ser en el futuro. Él, fiel a su tradición priísta, posición que nunca ha abandonado, se ha opuesto siempre a un proyecto de izquierda. Su opción, en eso siempre ha sido congruente, es el populismo planteado por el presidente Echeverría.
Con ese pensamiento se identifica. Lo hace presente en cada declaración. Hay que ver sus textos y discursos. De esa tradición, que se niega a morir, se ha vuelto su más sólido baluarte. De ahí que cualquiera que enarbole las posiciones de la izquierda de hoy, muy ajenas al populismo de los años 70, es acusado de revisionista por López Obrador y sus seguidores. Él no se formó en la izquierda y sí en la ideología priísta que siempre la combatió.

El problema es el PRD. Éste todavía no termina de definirse y elegir. Es cierto que una muy buena parte de la energía del PRD y de todos los grupos que lo integran se invierte sólo en las elecciones. Ahora existe, con todo, una disputa de ideas que gana espacio y se hace cada vez más presente. El debate es entre el caudillismo de López Obrador y un vago e indefinido proyecto de izquierda.

A México le urge un verdadero y sólido partido de izquierda. Se trata de superar para siempre el priísmo que ha sido hegemónico en el PRD, para hacer valer las posiciones propias de la izquierda. Si gana López Obrador se habrá renunciado a la izquierda e impuesto las posiciones priístas del nacionalismo revolucionario con las que se identifican vastos sectores de la sociedad mexicana. Setenta años en el poder construyen cultura y dejan huella.

Si eso ocurre las fuerzas de izquierda tendrían dos opciones: abandonar el neopriísmo populista del PRD, para intentar constituir un verdadero partido de izquierda, o seguir trabajando desde dentro, lo que se ve muy difícil, pero no imposible, para ganar el partido a López Obrador. Si por el contrario ganan las posiciones de izquierda, López Obrador tendría que dejar el PRD, para construir un nuevo partido o quedarse a intentar hacerse de él. La indefinición hace mucho daño al PRD y le quita posibilidades de victoria. El peor escenario es que continúe indefinidamente la disputa por el partido.

La vocación de la izquierda es ver más allá de su propio tiempo. Es plantearse el proyecto del futuro. El ver hacia atrás, el fijarse en un determinado momento de la historia, es lo más propio de los grupos conservadores y milenaristas, que se niegan a reconocer la realidad presente y que siempre ven en el pasado, no en el futuro, el mundo a construir. El antes siempre fue mejor que el mañana.

Esa es la posición que defiende López Obrador. Esa es la que no puede asumir la izquierda. Ella está obligada a ir más adelante que nadie. Se debe atrever a pensar al mundo de otra manera. Ideas nuevas son las que urgen. Ese es su aporte. Eso es lo que necesita el país.

ruben.aguilarv@gmail.com

Profesor de la Universidad Iberoamericana

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