Julián López Amozurrutia
En la reflexión seria de los últi-mos años sobre el moderno Estado liberal ocupa un lugar importante el famoso debate entre Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) y el filósofo Jürgen Habermas (Letras Libres, junio 2005). Se trató de un ejercicio ejemplar, porque pudieron plantearse sin apasionamientos estériles dos posturas que encontraron espacio para comunicarse y enriquecerse sin anularse o desacreditarse; fue un verdadero diálogo, que demostró lo que se realiza cuando existen las condiciones y cuando el cuestionamiento sobre las bases culturales de una sociedad llega a su auténtico fundamento.
Destaca la conclusión de Habermas, en la que el espíritu crítico que caracteriza a la Escuela de Frankfurt fue llevado a un nivel heroico de congruencia con sus propios principios, aplicándolo a la revisión de la misma laicidad: “La neutralidad del poder del Estado hacia diferentes concepciones del mundo, que garantiza una libertad ética igual para cada ciudadano, es incompatible con la universalización política de la cosmovisión secularizada. Cuando los ciudadanos secularizados asumen su papel político, no tienen derecho ni a negar a las imágenes religiosas del mundo un potencial de verdad presente en ellas, ni a cuestionar a sus conciudadanos creyentes el derecho que éstos tienen a aportar, en un lenguaje religioso, su contribución a los debates públicos. Una cultura política liberal puede incluso esperar que los ciudadanos secularizados participen en los esfuerzos por traducir las contribuciones pertinentes del lenguaje religioso a un lenguaje que resulte accesible a todos”.
Está fuera de cuestionamiento la libertad del autor de estas palabras respecto a la religión, y el ejemplo de Alemania dista mucho de haber renunciado al carácter laico de su Estado.
La discusión mexicana en torno a los 15 años de relación con el Vaticano en ciertos ámbitos mediáticos volvió a lugares comunes y a desacreditaciones automáticas del desafío lanzado por Dominique Mamberti, por el nuncio apostólico Christophe Pierre y por el arzobispo de León José G. Martín. No sin asombro se leen comentarios sobre una pretendida intención de ministros de culto de proponerse como candidatos a cargos de elección popular. Nada más ajeno a la verdad. Sencillamente se trata de reconocer en toda su amplitud el derecho a la libertad religiosa.
De cualquier manera, tal vez sea oportuno recordar también la enseñanza de la Iglesia católica en el ámbito de la participación del cristiano en la vida pública, y la función que en ella se da al bautizado no sacerdote, que es llamado en lenguaje eclesial precisamente “laico”.
En la Christifideles laici, el papa Juan Pablo II señalaba que “para animar cristianamente el orden temporal —en el sentido de servir a la persona y a la sociedad— los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común. Todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades. Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública. Son, en cambio, más que significativas estas palabras del Concilio Vaticano II: ‘La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan el peso de las correspondientes responsabilidades’”.
Tal vez sea oportuno recordar que del mismo modo que el principal desafío político en México se encuentra en despertar la participación de la sociedad civil, para la Iglesia católica consiste en hacer conciencia entre los laicos de su responsabilidad política.
teyamoz@prodigy.net.mx
Sacerdote y teólogo católico
