El buen paciente

Cristina Aguayo-Mazzucato

Los médicos siempre son evaluados como buenos o malos en función de los problemas que resuelven y su forma de hacerlo. Pero, ¿qué hay de los pacientes? ¿Existen pacientes buenos y malos? Sí, tanto los médicos y la literatura coinciden en que la calidad de los pacientes varía y además influye en la resolución de las enfermedades.
El término “paciente” proviene del latín y significa “aquel que sufre” o “aquel que soporta”. Para muchos sugiere una actitud pasiva ante su enfermedad cuando en realidad implica una actitud en la que se aceptan con temple situaciones adversas.

De hecho, la pasividad de los pacientes ante el médico y su enfermedad es una característica cada vez menos apreciada en la medicina moderna. Entonces, ¿qué características hacen que un paciente sea bueno o malo? ¿Cómo definen los médicos a sus pacientes?

Para responder a estas preguntas, además de la búsqueda bibliográfica de rigor, entrevisté a varios médicos de distintas especialidades, diferentes edades y en etapas de formación diferentes que incluían tanto residentes como médicos especialistas con muchos años de experiencia. Todos ellos tenían un concepto diferente de lo que era un mal paciente; a continuación enlisto las respuestas.

Un mal paciente es aquel que:

1. No sigue el tratamiento recetado y no cuida su salud.

2. Es grosero con las personas que lo atienden: médicos, enfermeras, camilleros, etcétera.

3. Nunca está satisfecho con los médicos que lo atienden, los diagnósticos que tiene y los tratamientos que lleva. Este tipo de paciente siempre cree que los demás son tontos, el hospital en el que está es malo y los medicamentos que toma son una porquería.

4. Nunca expresa sus dudas en el consultorio y con su médico. Sin embargo, una vez que llega a casa decide modificar el tratamiento a su criterio. Cuando vuelve al médico (si es que vuelve…) no le hace saber de los cambios y asegura que siguieron las instrucciones al pie de la letra, pero ¡no funciona el tratamiento!

5. El que se receta con base en experiencias de la abuela, el amigo o cualquiera con suficiente autoridad en la voz que les diga cómo resolver su problema. El problema es que el día que llega con un médico es una combinación de síntomas mal curados y de efectos causados por medicamentos que muchas veces desconocen.

Si se dan cuenta, el punto que tienen todas las quejas de los médicos por sus pacientes es una mala comunicación. Casualmente, es la misma queja de los pacientes por sus médicos.

Ahora, pasando a la parte positiva, ¿qué hace que un paciente sea bueno? Vale la pena mencionar que este concepto está cambiando. Actualmente nos encontramos en un limbo en la transición entre el paciente clásico, sumiso, que nunca cuestionaba a su médico, y lo que llaman el paciente del futuro: propositivo, que participa activamente en la toma de decisiones y tiene criterios y opiniones claras respecto a su diagnóstico y tratamiento.

Hace unos años, la revista médica Britsh Medical Journal (BMJ) publicó un artículo que resume las características que tendrá el buen paciente del futuro:

1. El paciente tendrá una lista de preguntas en espera de respuestas claras. Distintos estudios han probado que la mayoría de los pacientes salen del consultorio con muchas dudas debido a varios factores, entre ellos que en promedio el médico pasa menos de 10 minutos por consulta y además interrumpe al paciente a los 20 segundos que ha empezado a hablar. Contrario a lo que podría pensarse, los pacientes que externan sus dudas no incrementan el tiempo de consulta pero sí se sienten más satisfechos y mejora la evolución médica de la enfermedad.

2. El paciente del futuro decidirá hasta dónde involucrarse en la toma de decisiones sobre su salud. Habrá quienes decidan seguir las instrucciones del médico sin cuestionarlas hasta los que decidan por sí mismos la mejor opción terapéutica. El tener esta libertad de decidir el grado de participación ha demostrado mejorar la calidad de vida de los pacientes, mejora su adherencia al tratamiento y deriva en mejores resultados sobre su salud.

3. El buen paciente tendrá acceso a su expediente médico, el cual utilizará a su criterio y conveniencia. Esta práctica, actualmente no muy popular en el ámbito médico, permite la corrección de los expedientes y mejorar la comunicación con los médicos. Todo esto deriva en una mayor satisfacción.

4. Un buen paciente buscará segundas opiniones, sobre todo en casos de diagnósticos difíciles o en la elección del mejor tratamiento, sin que esto repercuta en la atención que recibe.

Estas características tomarán tiempo en ser asimiladas por médicos y pacientes. Pero lo que es evidente es la necesidad de mejorar la comunicación y llegar al punto en que se den cuenta que, como cualquier relación, es cuestión de dos. Finalmente, esta mejoría repercutirá en la satisfacción de ambos y eventualmente en los sistemas de salud.

Médico cirujano

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