Cambio climático: medios y remedios

Rossana Fuentes-Berain

En papel reciclado, con la presencia de ocho secretarios de Estado, la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático presentada por el presidente Felipe Calderón “sembró” la semilla de las que serán las líneas de acción, las políticas y las estrategias para que México mitigue primero y combata después los efectos del cambio climático.
El anuncio que congregó a los servidores públicos también concitó la presencia de representantes de distintas organizaciones civiles que participan en labores de prevención de emisiones de gases invernadero y en la promoción del cumplimiento de los compromisos suscritos por México con Naciones Unidas para respetar el medio ambiente, particularmente el Protocolo de Kioto.

México aparece como el número 13 en la tabla de los 25 principales emisores de gases de efecto invernadero. Es decir, no es de los países más contaminantes pero tampoco ha logrado un desarrollo industrial, como España, más limpio.

A eso hay que aspirar: a no parar nuestro crecimiento pero a compaginarlo con la sustentabilidad.

No es un asunto nada más de ética y de responsabilidad para con las generaciones futuras, que ya por sí mismo valdría la pena, sino de viabilidad económica en el largo plazo. Sin atención a los efectos del cambio climático lo demás puede resultar ocioso, pues una emergencia ambiental haría relativo cualquier otro planteamiento.

El único mexicano que ha logrado gracias a su trabajo científico ganar un Premio Nobel, Mario Molina, ayudó a identificar, a través de su Centro para Estudios Estratégicos, oportunidades para la generación y el uso de energías más limpias.

De igual manera, 45 empresas nacionales e internacionales, desde Altos Hornos de México hasta Vitro, han decidido participar de manera voluntaria en la revisión de sus actividades para promover la identificación de mejores prácticas en la reducción de gases que producen el temido efecto invernadero, así como fomentar la participación en los mercados de bonos de carbono.

Esos mercados para los cuales expertos como Gabriel Quadri han diseñado ya estrategias que permiten la participación desde México crecerán a medida que se cobre mayor conciencia internacional de que nadie, por grande y poderoso que sea, puede estar al margen del cuidado del planeta.

Es Quadri precisamente quien ha planteado una idea concreta que mucho aportaría a la Estrategia Nacional de Cambio Climático: hacer en México el equivalente a un Reporte Stern.

¿Qué quiere decir esto y para qué se haría? Significa que todos, gobierno, iniciativa privada y sociedad civil, contarían con una evidencia basada en la investigación económica de cuánto cuesta depredar el medio ambiente.

Igual que hizo el primer ministro Tony Blair con el informe Stern presentado en noviembre del 2006, que puso precio al intangible daño ecológico internacional y en particular el de Gran Bretaña, hacer uno específicamente para México le pondría dientes a la comisión que explícitamente nace “chimuela” porque se reconoce que “está por determinarse qué parte de las políticas y medidas mencionadas en esta estrategia podrán costearse con fondos fiscales y qué parte tendrá que apoyarse en mecanismos de cooperación internacional para asegurar su viabilidad”.

O sea que, en buen español, no hay dinero específico asignado en el presupuesto federal para atender la vulnerabilidad de México frente a los efectos del cambio climático.

Un informe a la Stern haría evidente para los mexicanos lo que con la buena voluntad del informe presidencial no se logrará: ponerle cantidades precisas a lo que nos cuesta la quema de combustibles fósiles, los incendios forestales, el uso de fertilizantes y la degradación de suelos, la refrigeración, el aire acondicionado, la petroquímica , la producción de aerosoles y tantas otras actividades humanas que están en el origen de la mayor emisión de gases.

Es la actividad humana, la huella humana, la que hay que documentar, medir, tasar, cuantificar, para convencernos todos de que la acción temprana y a fondo para prevenir el calentamiento es una inversión altamente productiva. No hacerla aumenta los riesgos de comenzar a enfrentar consecuencias funestas que equivaldrían a perdidas de entre 5% y 20% del PIB mundial cada año.

Se ahorran centavos en no asignar presupuesto al tema y se arriesgan pesos, muchos, de no actuar a nivel nacional e internacional con sentido de urgencia para atajar los efectos del cambio climático.

Periodista e investigadora del ITAM

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