Pita Laddaga
El niño pequeño muy rara vez manifiesta sus sentimientos con palabras, más bien lo hace a través de otras señales: el tono de voz, los gestos, ademanes, la postura, la respiración. Los padres debemos estar muy atentos, pues algunas veces lo que dice no concuerda con esos otros signos. Hay que saber identificar lo que en verdad trata de comunicarnos, escucharlo con verdadero interés y reconocer su manera personal de expresarse. Si los padres no mostramos respeto por los sentimientos de nuestro hijo, por su llanto, su risa ó su necesidad de caricias, el niño empieza a dejar de expresar y hasta de sentir esos sentimientos. Así su vida va perdiendo riqueza y oportunidades de relacionarse con otras personas.
La capacidad de una familia de compartir las emociones es la mejor señal de salud y armonía. El niño advierte como los padres nos tratamos uno al otro, como reaccionamos cuando alguien está alegre, triste ó preocupado. Así aprende a respetar, a consolar y ayudar a los demás. Nosotros somos sus modelos para expresar emociones y para escuchar lo que otros sienten. Mientras mayor sea la variedad de emociones que pueda observar y manifestar más ricos serán sus contactos con el mundo y mejor su capacidad de acercarse a los demás.
Para enseñar a nuestros hijos a conocer, sentir y expresar sus emociones, los padres tenemos que conocer, sentir y expresar nuestras propias emociones. Los niños pueden entender las palabras, pero comprenden también una mirada, un gesto ó el silencio. La forma en que los padres manifestamos nuestros sentimientos tiene consecuencias muy profundas para la vida futura de nuestro hijo. Cuando los padres reaccionamos de manera violenta, el pequeño se desconcierta, no sabe qué hacer y desarrolla un miedo constante ante una amenaza de la que no puede escapar. Los padres que tratan a sus hijos injustamente y con dureza, provocan que él repita esos comportamientos con otros niños y luego con sus propios hijos. La agresividad se trasmite de una generación a otra.
PROXIMO: El enojo es el sentimiento que menos capaces somos de dominar.
