PITA LADDAGA
Comunicación en la familia. Hablar a nuestros hijos
La comunicación no es un mero intercambio de palabras sino un acto de confianza, sinceridad y comprensión.
Una buena comunicación se logra si escuchamos con atención e interés y si hablamos con claridad y franqueza. Para comunicarnos necesitamos estar dispuestos a exponer honestamente nuestras opiniones, pero también aceptar puntos de vista diferentes a los nuestros.
El elemento clave de la buena comunicación es el respeto
Respeto no significa que estemos siempre de acuerdo, sino que nos escuchemos, que tanto los padres como los hijos expresemos ideas y sentimientos sin temor a ser rechazados o juzgados. La principal barrera que se opone a la buena comunicación es nuestra tendencia evaluar, aprobar o reprobar las afirmaciones de los demás.
Es muy importante observar cómo nos comunicamos
Existen varias formas de comunicación, quizá las hayamos usado todas, pero hay alguna que empleamos con mayor frecuencia.
Una comunicación agresiva nos lleva a ofender ya utilizar gritos, palabras hirientes y hasta golpes para controlar a nuestro hijo. Estas conductas le pueden causar daños físicos y psicológicos, además van creando en él hostilidad y resentimiento. El ambiente familiar se daña con la agresión. Cuando falta el respeto todos salimos lastimados.
No es válido decir: “ Yo soy así, enojón y violento. Eso es lo que aprendí”. Todas las personas somos libres para cambiar y responsables del tipo de relación que establezcamos con nuestro hijo.
Un niño merece ser tratado siempre con dignidad y consideración para que viva seguro y aprenda a comunicarse.
En la comunicación pasiva evitamos intervenir en cuestiones conflictivas, con el fin de evitar roces o problemas. Al decir: “Como tu quieras” o “Me da igual”, y al renunciar a la autoridad perdemos el respeto de nuestro hijo y lo hacemos sentirse inseguro, pues no le damos la enseñanza y el apoyo que aún requiere de nosotros.
Una manera muy destructiva de ser pasivos es ignorar a nuestro hijo, ser distante, comportarnos como si no tuviera que ver con nosotros. Es triste cuando el niño se esfuerza por conseguir nuestra atención, nos habla, nos llama y ni siquiera lo miramos.
En la comunicación afirmativa respetamos y nos damos a respetar. Elegimos el momento oportuno para expresar lo que necesitamos, exponemos nuestros principios, ideas y sentimientos, pero también consideramos las necesidades, ideas y sentimientos de nuestro hijo.
ser afirmativos con nuestros hijos significa también compartir con ellos los asuntos que les afectan, explicarles algún hecho que ha ocurrido o una decisión que hemos tomado, por ejemplo, la próxima llegada de un hermanito, o la determinación de la madre de trabajar fuera de casa, o bien, consultarles y pedirles su opinión sobre si construimos una nueva habitación o arreglamos su recámara, o si es necesario cambiarlos de escuela.
Conviene que los niños sepan que la familia completa está invitada a participar en las discusiones de los asuntos importantes; que lo que cada uno de nosotros haga o piense es parte de la vida de todos los demás.
Para lograr una relación sana y satisfactoria en la familia, debemos cultivar este estilo de comunicación.
Un aspecto clave de la comunicación familiar es escuchar.
Escuchar significa poner todos los sentidos para comprender lo que el otro expresa, por lo tanto debemos ampliar nuestros recursos de comunicación.
Así como es necesario aprender a escuchar, también tenemos que aprender a hablar con nuestro hijo.
A veces, las conductas del niño nos incomodan o nos disgustan. Cuando esto sucede, es importante expresar nuestras necesidades con claridad y encontrar la manera de enviar mensajes para que sean tomados en cuenta.
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