EDUCAR

PITA LADDAGA

MANEJAR LOS SENTIMIENTOS. ESCUCHAR A NUESTROS HIJOS II PARTE

No negar o descalificar los sentimientos del niño
Mientras más tratamos de alejar sus sentimientos diciéndole: “En realidad no sientes enojo, lo que sucede es…” o “ No llores”, “No grites”, más se apegará a ellos y menos podrá manejarlos y superarlos.
Ponernos en su lugar
Por ejemplo, si su madrina le teje un chaleco para su cumpleaños, él puede sentirse desilusionado y mostrar enojo: ”Es un regalo horrible, lo voy a tirar a la basura”, . En vez de decirle: “Esta precioso, no seas malagradecido”, nuestra reacción podría ser: Sé que a ti no te gustan los chalecos y que esperabas otro regalo. Sin embargo, es necesario que aprendas que los regalos siempre se agradecen y que las personas nos lo obsequian con cariño”. De esta manera no pasamos por alto sus emociones, y al mismo tiempo lo educamos.
Aceptar sus sentimientos sin juicios
Es recomendable evitar criticar a nuestro hijo, burlarnos o prohibirle que muestre emociones “negativas”.
Cuando nos dice “Estoy furioso. Los compañeros de mi equipo no me ayudaron a hacer el trabajo”, y le respondemos: ”Tu tienes la culpa por escoger esos amigos inútiles”, le damos a entender que no nos importan sus sentimientos, así que no intentará decir más.
En cambio, al darle señales de que lo entendemos, como asentir la cabeza o decir : “Te parece injusto” o “Te sientes poco apoyado”, el niño percibe que reconocemos lo que siente y que aceptamos su emoción. Así que puede animarse a seguir hablando.
En realidad, el niño no necesita que estemos de acuerdo con él ni que lo aprobemos. Incluso un juicio positivo como decirle: “Tienes toda la razón”, no lo anima a identificar lo que siente ni a buscar posibles soluciones.
Dar un nombre a sus sentimientos
El niño siente consuelo al escuchar la palabra que describe lo que está experimentando. Nombrar su sentimiento le ayuda a reconocerlo y entenderlo: “Me parece que te sientes decepcionado… “Me magino que estás preocupado…”
Desde luego se requiere mucha práctica y atención para ver más allá de lo que el niño dice y para encontrar el nombre precisoa su sentimiento. No es lo mismo estar molesto que furioso, desilusionado que frustrado, triste que angustiado.
Para darle una respuesta adecuada, necesitamos ser sensibles a una amplia variedad de emociones y tener un vocabulario que nos permita describirlas. No tienen que ser palabras complicadas pro sí lo más exactas posible.
Estar siempre de su lado
Es difícil manejar lo que el niño siente cundo, en vez de tratar de comprenderlo, lo culpamos y defendemos a la persona que provocó su sentimiento.
Si nos dice: “¡Estoy furioso! La maestra no recibió mi trabajo solo porque lo entregué un día tarde”, y le respondemos: “las tareas deben entregarse a tiempo. Esa es tu responsabilidad, ella tiene razón” no nos estaríamos poniendo de su lado. Apoyarlo sería : “ Debes sentirte mal por no haber podido presentar tu investigación después de trabajar tanto”. Poco a poco, en la conversación, él mismo llegará a la conclusión de que existen ciertas reglas y es necesario ajustarse a ellas.
No darle consejos
Por lo general, los niños quieren que sepamos cómo se sienten y que piensan, no que les demos consejos. Solo con estar atentos podemos ayudar al niño a aclarar sus emociones y sus ideas para que él llegue a sus propias conclusiones. Escucharlo puede ser más útil que ofrecerle una solución.
No interrogarlo
Los sentimientos se sienten, no se piensan. Por eso las preguntas tampoco son una buena opción. “¿Por qué lloras?” “¿Qué te pasa?”
Las preguntas agregan un problema al problema. Además de su tristeza o desaliento, el niño tiene que buscar una explicación. En ese momento no puede pensar con claridad.. A veces no sabe por que siente lo que siente, y si lo sabe, no siempre tiene ganas de decirlo. Si simplemente lo acompañamos y tratamos de reflejar su sentimiento: “ Supongo que pasó algo que te hizo enojar”, el niño se sentirá comprendido y, cuando esté listo, hablará con libertad.

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