EDUCAR

PITA LADDAGA

Alcanzar la autoestima significa ser capaz de pensar, decidir y actuar por uno mismo.
La autonomía consiste en hacernos cargo de nuestra vida, actuar según nuestros valores y convicciones, es lo contrario a dejarnos gobernar por los demás.
Autonomía no significa hacer lo que queramos en el momento en que se nos antoje.
Autonomía también es ser responsable, tomar en cuenta las consecuencias de nuestras acciones, no echar la culpa a otros de lo que nos pasa. Es reconocer nuestras necesidades y nuestros deseos, pero también considerar las necesidades y los puntos de vista de las personas afectadas por nuestra conducta.
La autonomía no puede estar separada del respeto y la consideración de los demás.
El niño pequeño no es capaz de entender que sus actos afectan a otras personas. Todavía no puede controlar sus impulsos, así que necesita ciertos límites que lo hagan sentir seguro. Es indispensable nuestra autoridad para ayudarlo a conseguir el equilibrio entre su libertad y su responsabilidad, y la claridad para escoger entre varias opciones sin exponerse ni hacer daño a otros.
A medida que crezca, irá dándose cuenta de que se siente mejor y sus relaciones son más satisfactorias si, además de cuidarse así mismo, toma en cuenta y respeta los derechos de los demás. Este proceso no es fácil para él. Solo nuestro cariño, paciencia y comprensión le harán sentir que vale la pena.
El desarrollo de la autonomía es un largo proceso que se da junto con la evolución de todos los demás aspectos de la vida.
Para ser autónomo es indispensable ser independiente en cierta medida. El niño tiene un impulso natural a resolver las cosas por su cuenta: comer solo, vestirse, bañarse, ponerse los zapatos. Buscar su independencia es una tendencia sana y poderosa que lo acercará al logro de la autonomía.
El niño ha de empezar muy temprano a ensayar pequeñas decisiones para después tomar las que serán realmente importantes.
El niño necesita aprender a reconocer qué es en verdad lo que quiere y no solo lo que otros esperan que haga. Pero también necesita aprender cuándo es posible obtener lo que desea y cuándo tiene que esperar o renunciar; en que situaciones puede decidir y cuándo debe obedecer.
A medida que crece y se vuelve más capaz, podremos dejarlo tomar más decisiones y ofrecerle un mayor número de posibilidades para elegir. Es bueno que él vaya asumiendo riesgos en cuestiones que no implican un peligro para él o para los demás; que sepa que cada vez que elige se produce una consecuencia que él tendrá que asumir. Podemos guiarlo para tomar decisiones adecuadas, pero tenemos que dejarlo elegir.
Posiblemente nuestro hijo, en el proceso de buscar la autonomía, no muestre las características de un niño modelo ¡Que bueno! Un niño modelo no siempre es feliz ni tampoco sabe distinguir entre lo que él piensa y desea de lo que le imponen otros. Un niño que hace siempre lo que esperamos de él quizá se sienta intimidado, atemorizado y no viva la infancia con plenitud.
Los niños no siempre son limpios, discretos y respetuosos: a veces se rebelan y desobedecen a los adultos, manifiestan conductas inadecuadas o molestan a sus hermanos. Todo esto es natural.
Para que el niño aprenda lo que es mejor para él y para los que lo rodean, necesitan probar diversas conductas, comprender que algunas serán aceptadas y en otras verá que sus padres intervenimos para corregirlo. Poco a poco, con nuestra ayuda respetuosa, aprenderá a reconocer y elegir los comportamientos que lo harán sentir más feliz y satisfecho.
Uno de los objetivos principales de la educación es la autonomía y nuestro papel como padres es guiar al niño para que logre alcanzarla plenamente.
El pequeño está iniciando apenas su camino hacia la libertad. En este viaje, va a ir descubriendo quien es él, hacia donde va, que quiere lograr y cuáles son los valores que le servirán de guía.
Quizá el niño se equivoque muchas veces, tal vez se sienta confundido y temeroso o tenga que enfrentar el dolor y la frustración. Los padres no podemos ni debemos protegerlo de las durezas y dificultades inevitables del crecimiento, pero sí debemos darle las herramientas para resistirlas y superarlas. Si le permitimos y lo animamos a luchar por sus anhelos, irá ganado a cada paso, satisfacciones, alegrías, afectos, conciencia y autonomía.
Nosotros podemos ser sus acompañantes gozosos en la conquista de su libertad.

PRÓXIMO: LOS PADRES Y LOS VALORES.

¡Comparte la nota!