EDUCAR

PITA LADDAGA

EL CUIDADO DE LA AUTOESTIMA

Autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos

Una autoestima alta nos hace estar satisfechos de lo que somos. Es combinación de confianza, respeto y aprecio por nosotros mismos.
Una persona con autoestima alta está convencida de que tiene algo que ofrecer a los demás, que lo que hace es importante y que es capaz de lograr lo que se propone. Se siente responsable y hábil, trata de hacer las cosas lo mejor posible, pero no busca la perfección ni necesita la aprobación de otros. Si se equivoca o vive circunstancias difíciles, se mantiene firme y centrada en su objetivo. Su constancia le hace crecer y progresar.
La persona con una autoestima débil, en cambio, cree que no es valiosa.
Suele sentirse deprimida y triste con su vida, deja pasar las oportunidades pues cree que no las merece o que no puede con ellas, no tiene la fuerza necesaria para luchar por sus sueños, no confía en que pueda tomar decisiones para cambiar y se resigna sin esperanza.
Una persona con baja autoestima a veces trata de impresionar a los demás para esconder su falta de confianza; incluso puede comportarse de manera agresiva para compensar su inseguridad.
Los primeros años de vida son los más importantes en el desarrollo de la autoestima.
La formación de la personalidad del niño está íntimamente relacionada con la imagen que él se forme de sí mismo. Esta imagen depende de lo que percibe de los demás piensan de él y de lo que logra hacer por él mismo. Por lo tanto, los padres tenemos a nuestro alcance dos recursos para fomentar la autoestima de nuestro hijo. El primero es cuidar la forma en que valoramos al niño, las expresiones y las palabras que utilizamos para referirnos a él, y el segundo es darle oportunidades de probarse y superar retos por si mismo, de apoyarlo sin sobreprotegerlo.
El niño absorbe, de manera muy profunda, las descripciones que hacemos de su carácter y habilidades. Nuestras palabras deciden, en un alto grado, las clase de persona que llegará a ser. Si le decimos “Eres un tonto, un flojo, un antipático” el niño se comportará de acuerdo con esos atributos y crecerá pensando que no vale nada, Los calificativos, las burlas o los apodos deforman la autoimagen del niño, lo desconciertan, lo avergüenzan y lo lastiman.
Incluso los elogios afectan la seguridad del niño
Aunque el elogio parece positivo, afecta de manera desfavorable su autoestima. El niño que se acostumbra al elogio, acaba por necesitarlo ante cualquier esfuerzo que realice, por pequeño que sea; su satisfacción dependerá de las opiniones ajenas y no será capaz de apreciar por sí mismo su valía ni de tener un juicio propio acerca de lo que realiza.
Existe una gran diferencia entre estímulo y elogio
El elogio se enfoca en la persona. Es decir al niño: “Eres el mejor niño del mundo, eres tan inteligente, tan bueno, tan amable” O “Te quiero mucho por haber comido toda la sopa” El niño duda: ¿Qué pasará cuando me porte mal, cuando no entienda algo difícil o cuando esté de malas? ¿ me querrán mis papás cuando no tenga hambre”
En cambio, el estímulo no se dirige al niño ni a su carácter o cualidades, si no a sus acciones, a las tareas que lleva a cabo y a su satisfacción por realizarlas.
El elogio califica al niño y le pone condiciones: “ Eres estupendo por que haces esto” El estímulo aprecia sus acciones y lo anima, pero no lo juzga: “Es estupendo que hagas esto. Te felicito” la diferencia es sutil pero muy importante.
Para estimular al niño, basta describir su conducta y demostrarle lo satisfechos o agradecidos que estamos por ella.
“Que ordenados tienes tus juguetes. Así podrás encontrarlos cuando quieras usarlos. Te felicito” “Gracias por ayudarme a levantar la mesa. Así acabaremos más rápido y podremos jugar juntos durante más tiempo” “Que bien jugaron tu amiguita y tu. No se pelearon en toda la tarde y tú le prestaste la pelota. Te debes sentir contenta”
El niño o la niña entonces piensa “ Mis papás aprecian lo que hago” Como nos referimos a sus acciones, sus ideas o su esfuerzo, sin cuestionar su valor personal, él tampoco lo pone en duda y no teme equivocarse. Los errores le sirven para aprender, sabe que puede volver a intentarlo.
Estimular a nuestro hijo no significa negar sus fallas
El niño pierde el respeto por la opinión de quien no sabe distinguir algo bien hecho de un trabajo descuidado o defectuoso. Él tiene bien claro qué tanto se esforzó y cuál fue el resultado. Sin ocultar sus errores, podemos hacerle apreciar lo que si funcionó y reconocer los aspectos positivos:
“Hoy te vestiste más rápido que ayer” “Pusiste dos ruedas a tu carro, sólo faltan las otras dos” “ Agradezco tu esfuerzo por ayudar” “Te felicito porque tu lápiz está en su estuche y tu ropa en el cajón. Ya solo falta guardar tus juguetes y tu goma.”
Cada vez que el pequeño intenta y consigue algo solo, su confianza se fortalece.
El niño necesita experimentar el logro para obtener la seguridad que lo hará aceptar situaciones en las que no necesariamente tenga éxito. Cuando consigue hacer ruido con la sonaja, da sus primeros pasos, subir una escalera o poner la pieza del rompecabezas, aumenta la confianza en sus capacidades. Dejemos que sea de él el gusto y no exageremos en nuestro entusiasmo para aplaudirlo. Simplemente podemos decir “ Y lo hiciste tú solito. Felicidades” Entre más obstáculos haya vencido, más fuerte será y más capacidad adquirirá.
Es difícil para los padres no intervenir y dejar que nuestro niño falle y se frustre antes de lograr lo que desea.
Si estamos ansiosos por ayudarle, si tratamos de enseñarle cada detalle, en vez de dejar que él lo descubra, le quitamos parte del triunfo.
Nuestra responsabilidad y privilegio es acompañarlo, apoyarlo sin sobreprotegerlo; estar presentes sin hacer las cosas por él, animarlo a confiar en sus ideas y a enfrentar las dificultades. Nuestra propia autoestima es el mejor recurso para lograr todo esto.
Para ayudar a nuestro hijo a construir una autoestima alta es indispensable trabajar en nuestra propia valoración.
A ninguna edad hay que dar por sentada la autoestima, las críticas y reveses (como las dificultades económicas, los problemas en las relaciones, las pérdidas o enfermedades) la ponen en riesgo. Por eso es necesario que revisemos con frecuencia la idea que nos hacemos de nosotros mismos, que la modifiquemos si no nos satisface y que nos arriesguemos a luchar por lo que en verdad anhelamos. Cultivar nuestra autoestima le hará un enorme bien a toda la familia.

PRÓXIMO: EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD

¡Comparte la nota!