Desde Los Altos

Fredy López Arévalo

Ponencia que presentaré hoy martes a las 11am en la facultad de Cuiencias Sociales de la Unach, en san Cristóbal de Las Casas.

No tengo muy claro por qué los estudiantes de sociología de la Unach me eligieron a mí para hablar del movimiento campesino y los medios de comunicación. Y tampoco me queda claro qué esperan de mi, y si seré capaz de llenar sus expectativas. Primero me pidieron que les hablara del movimiento estudiantil del 68. Lo rechacé porque no es algo que me haya tocado vivir, y si aceptaba, seguramente les referiría solo algunas lecturas de Leopoldo Ayala (Nuestra verdad: memorial del movimiento estudiantil popular y el 2 de octubre de 1968), Roberto Blanco Moheno (Tlatelolc: historia de una infamia), Carlos Monsiváis (Días de guardar) Elena Poniatovska (La noche de Tlatelolco). Lecturas que seguro forman parte de acervo cultural de los universitarios. Acepté porque los estudiantes que me buscaron fueron persuasivos, y porque decidieron cambiaron la temática. De último momento me pidieron que hablara del movimiento campesino y los medios de comunicación en Chiapas. Lo cierto es que la insurgencia campesina en Chiapas es quizá tan vieja como la Conquista. Hay registros históricos de sublevaciones indígenas desde los primeros asentamientos coloniales. Antonio García de León registra muy puntual estos sucesos en su esplendido libro “Resistencia Y Utopía. 500 Anos De Historia De La Provincia De Chiapas”. En lo personal me parece desproporcionado acreditar a la aparición pública del EZLN, el 1 de enero de 1994, la sublevación indígena más importante de Chiapas. Tal vez eso se deba a la masificación de la información que se logró gracias al Internet. Antes de eso, quizá la década de los 70s se haya vivido la mayor insurgencia campesina en Chiapas. Los apologistas de la Iglesia Católica, y más aún del obispo Samuel Ruíz García gustan anteponer el Congreso Indígena que se celebró en San Cristóbal de Las Casas, con el que se conmemoró el quinto centenario del natalicio de Fray Bartolomé de Las Casas, como el parte aguas de la historia del Chiapas moderno. Yo no soy de esa opinión. El Congreso Indígena auspiciado por el gobernador Manuel Velasco Suarez ciertamente cohesionó a varios movimientos indígenas, principalmente tzotziles, tzeltales, choles y tojolabales, que colonizaron la selva lacandona, de donde años después saldría el EZLN con su grito de guerra.
Pero antes, en otras partes de Chiapas, los campesinos se organizaron por cuenta propia para buscar solución a sus demandas de tierra. Para entonces, no había medio de comunicación en Chiapas que reseñara su lucha. Ni la radio ni la prensa escrita (todavía no había televisión) registraba las invasiones de tierras, que la mayoría de las veces era repelida por los finqueros y sus guardias blancas. Así los campesinos-indígenas de Chiapas invadieron cientos de fincas. Muchos murieron sin que nadie se molestara en escribirles un epitafio. Luego comenzaron los largos trámites meramente legales para que el departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (convertida después en la Secretaría de la Reforma Agraria) les legalizara lo que habían recuperado ya por la vía en los hechos. Fue pues una lucha cruenta la que libraron para que el estado les reconociera su derecho sobre la tierra, que en la mayoría de los casos les avalaba ya alguna resolución presidencial que los gobiernos estatales se negaban a ejecutar para no afectar los intereses de sus compadres, los finqueros, quienes seguían usufructuando lo que en papel o en los informes de los gobernadores ya habían sido entregados a los campesinos-indígenas. Para entonces, comenzaron a trascender algunas noticias de estos acontecimientos en la prensa nacional. Hablo de los primeros años de la década de los ochenta. Tal vez los periódicos Uno Más Uno, Excélsior, y el Día de México hayan sido los primeros periódicos nacionales en reseñar la lucha de los campesinos de Chiapas. Pero no porque no se escribiera en los diarios no sucedía. No tengo registros de la hemeroteca, pero es posible que los periódicos locales hayan sido los últimos en informar de la insurgencia campesina que se vivía en Chiapas. Lo mismo sucedió con el alzamiento del EZLN en 1994. La prensa internacional informaba más puntualmente y con mayor veracidad de lo que acontecía en Chiapas. Claro, para entonces comenzaba la era del internet y las noticias viajaban a la velocidad de 100 megabytes por segundo. Ahora, son tan frecuentes los conflictos campesinos que estos ocupan importantes espacios en los medios de comunicación, lo mismo en los locales como en los nacionales, y llegado el caso, cuando hay muertos y heridos, y muchos, llama la atención de los medios de prensa a nivel internacional. Chiapas está pues en órbita internacional.
Para que se den una idea de lo que significó la insurgencia campesina-indígena en los 70, déjenme compartirles un solo dato: en el censo de población y vivienda de 1970, el 72.8 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), declaró dedicarse a labores agrícolas; mientras que 10 años después, en 1980, la misma fuente arrojó que el 74.8 por ciento. Entonces Chiapas era considerado un estado eminentemente agrícola. Y era en ese sector donde se suscitaba el mayor número de conflictos, pues en el estado se concentraba el 37 por ciento de las fincas de todo el país.
Para ilustrarles mejor: para 1970, de los sie3te millones y medio de hectáreas que conforman Chiapas, tres millones 250 mil hectáreas en poder de los latifundistas, 750 mil constituían el espacio de los ejidatarios y 500 mil eran tierras nacionales, urbanas y “otras”.
Para decirlo de otro modo: de cada 10 hectáreas de tierras, cinco pertenecían a terratenientes, cuatro a pequeños propietarios, y solamente una estaba en posesión de ejidatarios.
Entonces Chiapas era poblado por dos millones de habitantes, pero solo 44 familias tenían en su poder más de un millón de hectáreas. Es decir, alrededor de 23 mil hectáreas por familia.
De los años 70s a la fecha, me atrevo a decir que Chiapas es otro Chiapas, pero no soy de los que acreditan al EZLN este cambio. La insurgencia indígena, para mí, no es la que encabezó el subcomandante Marcos en la selva Lacandona, porque allá, la conquista de las tierras se dio mediante la colonización no de la expropiación, aunque hay sus excepciones.

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