Democracia, no a la desigualdad

Amalia D. García Medina

Nada justifica que alguien sea discriminado. Todas las personas que compartimos este planeta tenemos una individualidad y es esta diversidad la que hace especial a nuestro mundo. Tenemos que acabar con ese falso concepto de una “normalidad” uniforme y gris. Todas y todos somos diferentes, y ello no puede ser motivo de discriminación ni de conflicto; al contrario, debemos garantizar, en la diversidad, derechos, respeto y equidad; ese es el reto que ya no podemos eludir.
Encuentros como el que se realizó la semana pasada en Zacatecas, organizado por el Conapred y su presidente, Gilberto Rincón Gallardo —quien ha dado una lucha para darle a este tema la importancia que merece—, nos recuerdan que la batalla contra la discriminación es un pendiente de nuestra transición política. No podemos hablar de consolidación democrática mientras existan grupos sociales excluidos del desarrollo por razón de género, discapacidad o preferencias personales de cualquier tipo.

Como lo mencionó acertadamente Carlos Monsiváis en este foro, en nuestro país padecemos un grave problema discriminatorio: la dictadura de la normalidad; es decir, existe una aplastante noción de lo que es “normal” en la sociedad mexicana, a tal grado que todo lo que no se ajusta a ella es excluido, muchas veces de manera violenta. Debido a ello, durante mucho tiempo se justificó la cruel persecución de la comunidad homosexual en México, con “crímenes de odio” que mancharon de sangre toda nuestra geografía.

También, por la formación cultural al interior de muchas familias, era considerado “normal” que las mujeres sufrieran todo tipo de violencia dentro de sus hogares, situación que, lamentablemente, se sigue presentando en 50% de las familias mexicanas. Muchas veces escuchamos frases como “es tu cruz”, que promovían en las mujeres la aceptación de la violencia.

Esto nos permite apreciar cómo ese falso concepto de “normalidad” manejado no sólo en nuestro país, sino en casi todo el planeta, se ha traducido en actos discriminatorios que aún padecen las personas discapacitadas, quienes manifiestan otra identidad sexual, las mujeres, los indígenas, los pobres, los adultos mayores, en fin, todos aquellos que, en una palabra, son diferentes.

Es un asunto cultural que, por lo mismo, no debe ser asumido por unos cuantos, sino por todos los sectores de la sociedad. Todas y todos debemos trabajar para que se garantice el respeto e igualdad de las personas en todos los ámbitos. Para ello es necesario imprimir una visión humanista en cada una de las acciones que emprendemos cotidianamente. En este aspecto, en Zacatecas se aprobó la Ley Estatal para Prevenir y Erradicar la Discriminación, en la que queda establecido que toda discriminación o toda intolerancia constituyen un agravio y un retroceso de la dignidad humana. Esta disposición contempla medidas transversales para lograr una mayor eficiencia en su objetivo. Sin duda, tiene un impacto en el presupuesto del estado porque se destinan recursos para promover acciones específicas que van desde la construcción de rampas y equipamiento urbano para facilitar la movilidad de personas con discapacidad, junto con otras acciones que promueven la integración social de los grupos discriminados brindando apoyos económicos, becas, capacitación, así como su incorporación a espacios de decisión.

Sin embargo, hay un largo trecho de la ley a la práctica y el camino de la vigencia de la pluralidad. Es indispensable promover la responsabilidad conjunta por parte de ciudadanos e instituciones para hacer valer el derecho a un México igualitario.

Es cierto que los problemas socioculturales, como la discriminación, no terminan por decreto gubernamental; por ello debe quedar claro que la ley es el marco que nos permite ir avanzado en la erradicación de este problema. Pero los avances más significativos están en el marco práctico, es decir, en el actuar de cada uno de nosotros y de la sociedad.

Estoy convencida de que un país democrático, con desarrollo humano, nunca podrá serlo plenamente si hay desigualdad y discriminación. En México, necesitamos una labor cotidiana para garantizar que “democracia y libertad” no sean sólo meros conceptos, sino que signifiquen condiciones reales y permanentes, con la participación de todas las personas.

Gobernadora de Zacatecas

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