Del robo nadie se salva

Ana María Salazar

Un padre de familia con sus hijos, paseándose en su auto por las calles de la capital en una de las vías rápidas de la ciudad, a las 3:00 de la tarde, es detenido por dos hampones quienes los amenazan con un arma, buscando despojarlos de sus bienes. Parecería un asalto más a otra familia, de los cientos que suceden a diario en la ciudad de México. Actos de violencia como éste suceden con tanta frecuencia no solamente en la capital, sino en otras grandes ciudades del país, que parecería que los ciudadanos empezamos a aceptar que los asaltos, violaciones y secuestros son actividades “cotidianas” que debemos de tolerar si vamos a vivir en estas ciudades.
Pero este asalto a mano armada, a diferencia de la mayoría de estos incidentes, sí fue nota periodística. Y es que fue el subprocurador de Procesos de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, uno de los funcionarios de más rango en la procuración de justicia de esta ciudad, junto con sus hijos, quien sufrió este intento de robo, que fue frustrado por el personal de seguridad del funcionario, y luego de una balacera entre los delincuentes y los guardaespaldas, murió uno de los asaltantes.

Analizando la información que se tiene sobre este caso, hay factores que me llevan a concluir que nadie en esta ciudad parece estar a salvo de asaltos a mano armada. Aunque un subprocurador y su familia corren riesgos de seguridad por el tipo de actividades que él ejerce, lo que uno menos se espera es que cualquier funcionario público que procura justicia sea víctima de un delito de esta naturaleza. Pero este incidente, más allá de la identidad de las víctimas, tiene una lectura preocupante, que los índices de criminalidad en el país solamente tienden a incrementarse.

Lo que me preocupa de las conclusiones que obtuve de una investigación desarrollada para terminar la redacción de un manual de seguridad personal para mujeres es que las recomendaciones de los expertos simple y llanamente no aplican en México. Todos los expertos, por ejemplo, recomiendan evitar andar de noche en lugares oscuros, poco transitados y que, si hay que conducir, debemos buscar vías rápidas. Pero el intento de asalto al subprocurador Mancera fue a las 3:00 de la tarde, en el Periférico, una de las vías rápidas más importantes de la ciudad. ¿Esto de qué nos habla? Pues de que es tal la impunidad que existe en este país, que estos delincuentes sienten, y con buena razón, que pueden hacer lo que se les venga en gana: pueden portar un arma, asaltar a cualquier persona, sin importar la hora del día, sin esconder su identidad, sin importar el número de personas que observen sus actividades. Los delincuentes mexicanos saben que serán pocas las víctimas que denunciarán, ya sea por miedo o por desconfianza a las autoridades. Y si es que hay una investigación penal, rara vez resultará en una detención o un castigo. De hecho, el individuo que murió tratando de asaltar al subprocurador ya había estado preso con anterioridad. Encontraron entre su ropa parte del botín del día, lo que indica que no era siquiera el primer atraco de esa tarde.

Y aunque la situación de seguridad del subprocurador Mancera tiene características que son particulares por su cargo, es importante subrayar que ante el asalto a él y su familia, la reacción del subprocurador en primera instancia fue una muestra de lo que recomiendan todos los expertos de lo que se debe hacer: en ningún momento opuso resistencia. Y aunque esta recomendación por parte de los expertos parecería ser una absoluta rendición y entrega de la ciudad a los criminales, la realidad es que no hay otras opciones.

¿Debe la sociedad armarse para defenderse ante estos delincuentes? Veamos lo que pasó en el caso del subprocurador. Sus guardaespaldas, personas que asumimos que están entrenadas para usar sus armas, mataron al delincuente que amenazaba a su jefe, pero también hirieron a otra persona, una mujer que desafortunadamente se encontraba en el área cuando sucedió la balacera. En el momento en que uno se resiste a un asalto, no sólo está poniendo en riesgo su vida, sino la de sus acompañantes y de otras personas inocentes que se encuentran en el lugar. ¿Vale la pena correr este riesgo por defender la cartera, un reloj o un carro?

salazaropina@aol.comwww.anamariasalazar.blogspot.com

Analista político

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