Crisis de crédito

Ramón Cota Meza

El viernes pasado, la Reserva Federal de Esta-dos Unidos (Fed) redujo un cuarto de punto la tasa de descuento para calmar el pánico del mercado global de crédito. Esta tasa es la que aplica la Fed a los bancos comerciales que solicitan liquidez a corto plazo (overnight), no la que éstos cargan a los usuarios de crédito. El propósito de la medida es mitigar la crisis de confianza de los mercados de dinero a causa de la caída del mercado hipotecario en Estados Unidos.
Según la información disponible, la porción de hipotecas malas equivale a 6% del mercado total de crédito, pero los prestamistas entraron en pánico porque no pueden distinguir los activos malos de los activos buenos, es decir, ignoran la porción de cartera mala de los solicitantes de crédito interbancario. Así que su reacción es: “Mejor que digan aquí corrió que aquí murió”. Al bajar la tasa de descuento, la Fed les da luz verde para proseguir sus operaciones, pero no más.

La crisis había sido prevista hace más de dos años por muchos analistas. Su argumento fue que la baja tasa de interés comercial era insostenible en el mediano plazo y que, conforme ésta aumentara, la cartera de crédito malo aumentaría también. Esto es lo que empezó a aflorar la semana pasada. La dificultad de saber dónde están las pérdidas se explica por la conversión alquímica de casi todo tipo de deudas en activos por los intermediarios financieros.

Hasta hace poco, la conversión de deudas en activos fue aclamada por bancos y firmas calificadoras como fórmula sabia para diversificar el riesgo. Pero “la diversificación del riesgo repentinamente mutó en diversificación de la desconfianza” (The Economist). Un símil de este mecanismo es el trato personal basado en la expectativa de que un tercero pagará una determinada cantidad en un periodo equis: “Aguántame, al cabo que fulano me pagará el doble el mes entrante, seguro”.

En este ejemplo, el acreedor puede tomar la palabra del deudor, confirmar si efectivamente hay un tercero solvente que liquidará la cantidad declarada en el plazo previsto y así tomar el riesgo. Entre acreedores y deudores institucionales el mecanismo es más complejo porque el deudor puede presentar deudas como activos legales netos. Por supuesto, “perro no come perro”, pero siempre hay un reducto de confianza en el prestamista de última instancia, la Fed en este caso.

Si el acreedor calcula que la masa de deuda basada en créditos dudosos es tan grande que su incumplimiento precipitaría una crisis del sistema financiero en conjunto, puede apostar a que, una vez llegada la crisis, el gobierno redimirá su cartera mala con cargo al fisco o, en el caso actual de Estados Unidos, con cargo a la confianza de sus socios comerciales en el dólar. La Fed puede manipular la tasa de interés porque confía en que los países socios seguirán comprando bonos del tesoro.

El fondo de esta crisis sólo se conocerá hasta que aparezca. La reducción de la tasa de descuento por la Fed inyecta tranquilidad, pero algunos tendrán que pagar los platos rotos. De seguro veremos chivos expiatorios tras las rejas, como en otros episodios boom and boost del pasado inmediato. Pero mientras Estados Unidos siga siendo el destino predilecto del comercio mundial, el juego continuará. Los países exportadores harán lo imposible por sostener al dólar.

¿Y México qué? Bueno… para estimar el impacto directo de la crisis habría que identificar la inversión extranjera basada en hipotecas malas, algo que nadie puede hacer ahora. Por otro lado, si el con-sumo de Estados Unidos disminuye, las exporta-ciones mexicanas disminuirán. Una encuesta de The Washington Post arroja que 57% de los estadounidenses cree que la economía de su país ha empeorado. Si así lo creen, consumirán menos.

Pero esto no depende de México. Deberíamos preocuparnos por la cartera mala que estamos acumulando en hipotecas y consumo por nuestra cuenta. Los indicadores alertan que la expansión del crédito doméstico de los últimos años está llegando a su fin. A diferencia de Estados Unidos, no contamos con el deseo de nuestros socios comerciales de comprar papeles del Estado. Si la expansión del crédito resulta en crisis, la única solución será un aumento general de impuestos, precios y tarifas.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político

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