Roger Díaz de Cossío
La telesecundaria mexicana fue en su tiempo una solución novedosa y eficaz para ofrecer los grados séptimo, octavo y noveno a poblaciones rurales y dispersas que no podían sostener el modelo de un profesor por asignatura. Hubo que resolver muchos problemas. ¿Cómo lograr que los alumnos aprendan con sólo un profesor de muchas materias para las que el profesor no ha sido entrenado específicamente? Se pensó que con programas de televisión. Y después, ¿cómo hacer llegar la señal de televisión a las escuelas? Primero se usó un canal abierto de televisión y después, como por 1995, poniendo en cada escuela un receptor satelital de televisión, una vez que la Secretaría de Educación pudo disponer de canales de televisión vía satélite.
Los primeros 10 años no hubo libros que apoyaran el sistema (la telesecundaria empezó en 1965 con filmaciones de un maestro dando clase). A partir de 1977 los programas de televisión se hicieron ya profesionalmente con guionista y productor y para cada uno se elaboró una pequeña guía impresa con muy breves explicaciones para el profesor y preguntas para los alumnos. El periodo de clase era de seis horas con seis materias. En cada hora se transmitía un programa de televisión de 20 minutos y quedaban 40 minutos para discutir con el maestro las preguntas de la guía.
Así estuvo hasta 1982, con resultados si no excelentes, sí razonables. La calidad del sistema dependía de la exactitud con la que se enviaran los programas de televisión y la concordancia absoluta que debía haber con la guía de estudio. Con los años, los profesores se hacían duchos.
El sistema se empezó a caer y degenerar a partir de 1984, porque se tomaron dos decisiones de consecuencias graves. Primero se aumentó el material impreso con unos libros llamados de conceptos básicos para cada materia y grado, que al principio no tenían relación con los programas de televisión y después se acomodaron en las secuencias. Esto produjo una cantidad excesiva de material impreso (¡más de 6 mil páginas por grado!) que no se podía cubrir. La segunda mala decisión fue reducir los programas de televisión a 15 minutos para retacar uno más en cada periodo de seis horas. Con esto los alumnos acaban turulatos después de cada sesión diaria, y esto ha hecho que la calidad del aprovechamiento baje mucho, como lo reflejan ahora todas las evaluaciones. ¿Qué hacer?
Existen ahora en el país más de 17 mil escuelas telesecundarias que atienden a poco más de un millón 200 mil alumnos con cerca de 60 mil profesores. Lo que falta de cobertura será a través de telesecundarias porque el servicio se dará en lugares cada vez más pequeños.
La telesecundaria tiene teóricamente el mismo plan que la secundaria, nada más que muy pildoreado, para que coincida con los programas diarios de televisión. ¿Deben tener las telesecundarias el mismo plan de estudio que las secundarias generales? Yo creo que no. Sirven a públicos totalmente distintos. Las telesecundarias están en regiones más rurales y menos pobladas. Desde luego, las competencias básicas en matemáticas y lengua deben reforzarse pero con ejemplos de aplicación totalmente distintos, más en la vida de los alumnos. Y, a cambio de algunas asignaturas muy urbanas, poner en-señanza de oficios y capacitaciones.
Los programas de televisión deben seguir siendo diarios y perfectamente programados, de la mejor calidad posible. Ahora se pueden mandar a las escuelas todos los programas de televisión en DVD, si se dota a cada una con un proyector que se pueda conectar a la televisión. Esto sustituiría con ventaja las fallas en la señal del satélite. La televisión seguiría como elemento de control y de sugerencias de las actividades de los alumnos. Se ha anunciado que los libros de texto cambiarán. Esto es importante. Pero hay que recordar que los profesores de secundaria son entrenados en un área concreta, matemáticas, historia, etcétera. No son como los de primaria. Por lo tanto, la televisión y los libros deben sustituir su falta de conocimiento en todas las materias menos una, la que saben.
Mientras se hacen todas estas reformas, se propone eliminar los libros de conceptos básicos y reducir un programa de televisión diario, para volver a uno por hora, para cada grado.
rogerdc@prodigy.net.mx
Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana
