CONTROL DE DAÑOS
Por Teodoro Rentería Arróyave
De acusador, el ahora renunciante procurador general de justicia del Estado de México, Alberto Bazbaz Sacal se convirtió en acusado y nada menos que por la madre de la víctima, Lisette Fara, cuya declaración este lunes de exigir el expediente para que personas de su confianza revisen el expediente de las investigaciones, porque no está de acuerdo con la decisión final de que fuera un simple accidente la muerta de su pequeña hija discapacitada, Paulette, precipitó la renuncia del alto funcionario.
No obstante las declaraciones del gobernador de la entidad, Enrique Peña Nieto, el precandidato presidencial para el 2012 mejor posesionado en todas las encuestas, en el sentido de “lamentar la actitud de partidos políticos y que algunos de sus actores han tomado de esta tragedia, que es la muerte de una niña”, no tuvo de otra y en la necesidad del control de daños, aunque tardía, la mejor decisión fue el cese, revestido de renuncia de Bazbaz.
El mandatario estatal, por institucionalidad, defendió la investigación que la Procuraduría mexiquense hizo del caso y dijo que sus detractores “ni han tenido, ni de cerca siquiera, las pruebas que valoró la dependencia, ni cual fue el fundamento que la llevó a tomar esa determinación”.
Es de recordarse que los padres de Paulette Gebara Farah, la niña de cuatro años cuya desaparición se denunció el lunes 22 de marzo, el ahora ex procurador los declaró presuntos responsables de la muerta de su hija y logró que fueran arraigados. Sin pruebas en contra los progenitores de la menor, recuperaron su libertad.
Nueve días después y no obstante la serie interminable de visitas periciales al lujoso departamento de los Gebara Farah, inclusive con perros entrenados, fue “encontrada” en la que fuera su habitación el cadáver de Paulette con síntomas de asfixia dentro de una bolsa de plástico negra, este dato ha sido mañosamente marginado.
A la abogada Lissete, sobre todo, su colega Bazbaz, le quiso colgar toda la responsabilidad y prácticamente la exhibió como infanticida, mientras que a su marido Mauricio Gebara le brindaba toda clase de protecciones al grado tal que en forma extrajudicial se le otorgó la custodia de la otra hija, Lissete, mayor a la niña fallecida.
La Madre, mujer de temple, no se arredró y reclamó la patria potestad de su hija Lissete; por razones también extrajudiciales, que algunos encomian, logró extrañamente que terciara en el conflicto el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón para que le devolvieran a su hija.
Exacto, cuando todos confiaban que con la entrega de su primogénita toda estaba resuelto, la abogada Lissete en conferencia de prensa declaró que en vista de que no aceptaba el dictamen de que la muerte de su hija fue un accidente, exigió tener acceso al expediente del caso del homicidio de su menor hija para que “gente de confianza” lo analice y enfatizó que dudaba sobre las conclusiones a las que llegó el procurador general de Justicia del Estado de México.
Que mayor comentario: Lissete, de acusada se convirtió en acusadora y Bazbas, de acusador en acusado. La determinación del gobernador Peña Nieto de separar del alto cargo a Alberto Bazbaz Sacal, desde luego se inscribe en política de control de daños, pero la misma sólo surtirá efectos presidenciales si el nuevo procurador, nombrado por el precandidato priísta, a la brevedad informa sobre los presuntos homicidas de la niña Paulette, trátese de quien se trate.
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