Alfonso Carbonell
Crónica zinacanteca
¡Llegamos rayando!; 13:30 tiempo de Zinacantán (municipio indígena enclavado en la Zona de los Altos de Chiapas a 45 minutos de la capital), hora estimada para llevar a cabo la inauguración de la Escuela Normal Indígena Intercultural Bilingüe “Jacinto Canek”, ubicada en la cabecera municipal. Dieciséis maestros, 11 de personal administrativo y una comunidad estudiantil de 143 alumnos, hombres y mujeres, los que le dan alma, corazón y vida a este recinto del saber.
Al primero que saludamos, además porque no había llegado nadie más, fue al Secretario de Educación de la entidad, el Maestro -por cierto normalista- Javier Álvarez Ramos, quien se encontraba acompañado por el Director del plantel Dilmar Mejía Pérez, de la subdirectora académica María Magdalena López Santiz y del subdirector administrativo Juan Rodolfo de la Cruz Pérez. Lo primero que recibimos de parte de comité de recepción, bueno al menos quienes llegamos de los medios de comunicación para cubrir el evento, fue, la amplia sonrisa del profe Dilmar quien deslumbraba con sus dientes de marfil y oro al reflejar los escasos rayos de sol que se filtraban sobre un cielo cerrado de nubes. El viento soplaba fuerte y frío. ¡Que rico clima!
Fue una lucha larga y dura, comentaría el director Dilmar Mejía, pero valió la pena; “hay que tirarle al sol para pegarle a la luna”, expresión con la que resumió el logro obtenido. El Gobernador Juan Sabines nos supo entender y atender nuestras justas demandas. Fue un proceso largo de negociación que nos llevó mucho tiempo sin que encontráramos eco a nuestras peticiones; oídos sordos fue lo que encontramos en el pasado. Hoy es totalmente distinto, abundaba el titular de la Normal Indígena.
Casi al filo de las dos de la tarde, el secretario recibiría de parte de un emisario del gobierno, la notificación sobre la imposibilidad de que el gobernador arribara al lugar a la hora estipulada. La razón; el Capitán de la nave que lo transportaría vía aérea a Zinacantán, no sólo recomendó “no volar” sino que canceló rotundamente toda posibilidad de hacerlo. Ciertamente el cielo, antes con pequeñas hendiduras entre la “nubazón”, estaba prácticamente cerrado. El viento, también, habría acelerado su paso. Harto complicado por lo que se optó por extremar la seguridad del mandatario, y claro está, de sus acompañantes.
Gente iba y venía de la pequeña colina, colina que entre hermosas montañas a su alrededor se bañaba de frescura y paisaje de bosque, vestida la plaza de multicolores atuendos y chalinas que tornasoladas lucían sus mujeres y niñas; ¡Marcelina!… le gritaban al unísono un grupo de jovenzuelos que sentados sobre del pasto a la orilla del camino degustando tiernos y humeantes elotes, a una joven indígena que destacaba sobre de un ramillete de bellas todas ellas vestidas a la usanza de gala, a lo que con rubor, Marcelina y compañía, respondían con tímidas sonrisas. ¡Qué espectáculo de tan juvenil contenido! Es otra cosa.
Entre tanto, y a la espera del gobernador que venía por tierra, algo no calculado, tuvimos tiempo para hincarle el diente a un elote zinacanteco; ¡hooombre de ver dan ganas! Así, José Adriano (Director de divulgación de la SE), la bella Ale, el “gripiento” de Israel y su servidor, no pudimos aguantarnos las ganas y al grito de ¡déme cuatro con limón y chile piquín!, nos dispusimos, decía, a hincarle el diente. ¡Mmmm ricos! (A mí de lo picoso, hasta se me escurría el moco; ¡sniff!) Y mientras en el interior del plantel la marimba alegraba la espera, la Señora Rosario “Chachita” Pariente, Directora de Atención Ciudadana del Gobierno del Estado, a las afueras del mismo, atendía, como es menester, a la ciudadanía.
Por fin, y nos percatamos por una estruendosa -por decir lo menos- avanzada, misma que en portentosos vehículos y un dispositivo propio no de un mandatario estatal tan querido como lo es Juan, sino de algún “dictador” (¡me cae!), decía, logramos percatarnos del inminente arribo del más esperado; el Gobernador Juan Sabines Guerrero, el mejor aliado de los hermanos indígenas. Me quedó claro. Hizo su arribo hasta la puerta del plantel a bordo de la flamante unidad motriz (un camión tipo urbano con capacidad para 40 personas, nuevecito de paquete que les dio el gobierno), junto con el secretario Álvarez Ramos, del munícipe de Zinacantán Antonio Conde y de las autoridades de la Normal. Adentro ya instalados, un millar, aproximadamente, de lugareños entre los que destacaban los propios normalistas, los docentes y pueblo en general.
Los discursos fueron muchos y sentidos, pero de ellos por razones de espacio no me voy a ocupar, solo baste decir que en la intervención del gobernador, al tiempo de refrendar su compromiso con la educación indígena y muestra de ello es el apoyo a ese modelo único en el país y en el mundo de Normal Indígena Intercultural Bilingüe, de nivel primaria, de que en ese momento instruía al secretario del ramo para que se hicieran las gestiones conducentes, para que se extendiera el modelo a nivel preescolar, estando así, en la ruta del rescate de nuestras lenguas y costumbres. Poco más de un millón de pesos para el apoyo de la vida académica y becas, así como de otros 900 mil pesos para la operación del plantel, fueron entregados por el gobernador Sabines. Fue en verdad ¡una fiesta educativa!
Emotivo y aleccionador acto, mismo que le mereció al maestro y secretario Javier Álvarez, público reconocimiento del mandatario chiapaneco. (Merecido)
Ya de salida
Con la sombra de la tarde encima y como quien despide a un ser querido -bueno al menos así se dejo sentir-, el viento acariciaba suavemente a los visitantes como invitándolos a regresar. Yo regresaré. Al irnos alejando de Zinacantán ya sobre el pequeño tramo de terracería que conduce hasta el templo del conocimiento que es la Normal Indígena, centro del saber donde cientos de jóvenes tendrán la oportunidad y obvio el compromiso por preservar su lengua y tradiciones, nos topamos nuevamente con Marcelina y su grupo de amiguitas, quienes agitando sus manos cual si fueran blancos pañuelos nos dijeron adiós. ¡Hasta siempre Marcelina!
