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Alfonso Carbonell Chávez

La barca es ¡México!

Vaya vaya, no han pasado ni quince días (contando el de hoy) de este 2015, y ya los duendes de la intolerancia han asomado las narices. Si bien es cierto aún están vigentes muchos pendientes del 2014 que no han podido resolverse y cito solo uno; el caso Iguala y los 43 normalistas desaparecidos.Otros temas como el electoral bajo el amparo de éste (Ayotzinapa) precisamente y claro otros de nuevo cuño, están siendo usados con miras estrictamente electorales para llevar agua a sus molinos de viento en un intento “quijotesco” – hasta hoy fallidos- por combatirlos. Lo que apenas hemos visto es “punta de iceberg” de lo que subyace y está por venir. Se equivocan quienes en pretendidos desgarres de camiseta en pos (balbucean) de las libertades y los derechos humanos, le apuestan en sus discursos propagandísticos en señalar incumplimientos, desatinos y desvíos de la actual administración gubernamental nacional cuando qué, habrán de recordarse y recurro para ejemplificar a una cita parafraseando a la musa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz; “hombres necios que acusáis a la mujer, sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo qué culpáis”. O no joven Ricardo Anaya.

Pero vamos no se trata aquí de echar culpas a nadie sino más bien, cabe la reflexión si ustedes me permiten llamarla así, esque iniciamos este nuevo año con las mismas preguntas aunque sí, y más nos vale, con medibles respuestas que de menos nos merecerían o deberíamos concederles “el beneficio de la duda”. Sé que esto que planteo al menos en sentido estrictamente figurativo es decir de lo deseable como sociedad, se estrella cual choque de trenes entre la realidad y los buenos propósitos. Sin embargo juzgue usted amable lector, lo más fácil y al mismo tiempo más destructible para una sociedad y un país es quedarnos ahí relamiéndonos las heridas;peor aún, regodeándonos en nuestras miserias cuando que, de una u otra manera “desniéguenmelo” (dixit Arcadio Acevedo) nosotros somos corresponsables de lo que nos pasa. Es cierto nosotros ¡NO! gobernamos en stricto sensu (ya vas René Delios je) pero en el ejercicio de nuestras propias potestades constitucionales somos nosotros mismos quienes elegimos a nuestros gobernantes. ¿O no?Nos quede claro.

La barca es ¡México! (II)

Pero volviendo al entuerto inicial y quid del asunto (¿?), ¡ah sí!, la intolerancia que se decanta en violencia, ésta está tomando rutas muy peligrosas no solo cuando se afrenta a las instituciones nacionales como el ejército y la marina de México, sino al mismo tiempo, muestra el salvajismo que va más allá de sus arengas que grupos de toda índole y afiliación en el discurso dicen combatir. La violencia no se combate con violencia. Los hechos recientes ocurridos en Iguala y Chilpancingo en el convulso estado de Guerrero como también en el Puerto de Acapulco, no son ninguna buena señal o al menos no alcanzan a situarse en esa pretensión, de que el problema de la desaparición de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa pueda resolverse. La forma de conducirse por los padres de familia de los normalistas desaparecidos así como de sus aliados de ocasión como la CETEG es decir los maestros y otras organizaciones, lejos –pienso- de abonar al esclarecimiento de los trágicos hechos del 26 y 27 de septiembre del 2014 en Iguala, expresan, sí en su dolor e indignación sin duda comprensibles, rasgos de una enfermiza intolerancia y violencia que en su accionar trasgreden la ley y no solo ello sino que afectan de manera determinante a sus propios coterráneos al impedir o bloquear el desarrollo de sus modus vivendi.

Es decir que en su explicable dolor, no les importa infligir a otros muchos miles de paisanos al impedir poder realizar sus tareas cotidianas, otro dolor distinto si usted quiere al no poder trabajar y con ello llevar el sustento diario a sus familias que al igual que las que claman justicia tienen el mismo derecho a subsistir. El cierre de carreteras, por ejemplo, al no permitir que el flujo turístico llegue lo mismo a Acapulco que a otros lugares de la entidad, impactan en los ingresos de sus mismos hermanos guerrerenses. No creo no lo puedan entenderlo.

La barca es ¡México! (III)

Eso es finalmente lo que quizás de manera no consciente o al menos no pensada, quienes claman justicia hoy, son los mismos verdugos de otras y otros miles de paisanos que sufren indirectamente su dolor. No estoy diciendo aquí que a los propios guerrerenses no les importe el destino final de estos jóvenes hasta hoy desaparecidos ¡no! Pero su realidad y con todo y el dolor compartido que puedan sentir y compartir, les hacen finalmente ser quienes estén sufriendo las consecuencias. Quiero imaginarme a vastos sectores de población ahí mismo del estado de Guerrero cuando apenas en septiembre (¡fatídicos septiembre!) de 2013 producto o consecuencia del arrebato de la madre naturaleza que trajo consigo la “tormenta perfecta” (Ingrid y Manuel los huracanes) viendo miles de familias derrumbar, al tiempo de sus hogares, su patrimonio y sus sueños. O qué decir de quienes no solo perdieron bienes materiales sino la propia vida de sus padres, hermanos… de sus propios hijos. Y ahora esto. La pregunta es ¿hasta cuándo?

Pero bueno, quizás estemos al borde de una guerra civil; o quizá también sea la hora de reflexionar profunda y concienzudamente sobre el país que queremos. No es en la destrucción como se puede hablar de justicia, ni de libertades, ni de derechos humanos mucho menos de paz. Estamos sí en la encrucijada mayor de los últimos tiempos en que la sociedad nacional y su gobierno se hallan encontrado en lo que va de este siglo. Pero insisto no mirar hacia adelante con visión propositiva y autocrítica solo hará más grande la brecha entre los mexicanos. Digo ya de por sí ensanchada por las desigualdades.

Ya de salida

Miremos pues hacia adelante insisto, y presionemos para que lo que está pendiente se esclarezca pero no tiremos el ancla del encono social en esta barca que es México porque en ella no solo están los 43 normalistas de Ayotzinapa, ni solo sus padres, ni solo los guerrerenses. Entiéndanlo bien, en este barca van nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. En esta y no en la de ningún partido o sigla vamos todos…//Entendámoslo ahora, no es la barca presidencial ni mucho menos la de treinta y dos gobernadores; ni la de 500 diputados, ni la de 128 senadores ¡NO! Vamos en la única que tenemos; ¡La barca de México! ¡Nuestro país!…// ¡Me queda claro!

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