Alfonso Carbonell
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PEMEX
La reforma energética que sin aún haberse dado a conocer oficialmente; es decir, que el documento completo se haya presentado ante el Congreso de la Unión para su discusión, dictamen y aprobación, en su caso, ésta, la dichosa reforma energética, ya está en el ojo del huracán político-mediático pero no menos, cómico-musical, cuando lo advertido por el aún -y pese a todos sus desatinos- popular Andrej Manue Lópej Joobrador (o bien también conocido como “Peje lagarto”), sobre de que si se aprueba la “privatización” de PEMEX incendiaría al país, insisto, sin aún conocerse el documento final sobre la multicitada Reforma, unos y otros se alistan en afilar, primero, sus ya de por sí “filosas lenguas”, para e inmediatamente después, sus machetes de guerra. Y en medio de éstos como siempre -políticos al fin-, el pueblo. Me queda claro. (¡Les vale madres!)
Así, mientras los “izquierdozos” representados por el PRD o de menos buena parte de estos, suenan sus tambores de guerra poniéndose en pie de lucha contra la privatización de la gran caja de ahorros, perdón, gran empresa que es PEMEX; los del temido, no perdón, tímido “centro” agrupados en el aún más timorato PRI, y juntos con éstos los derechistas recalcitrantes y éstos sí todos arropados por el PAN, de la mano decía, se disponen a darle un “su lleguesito” a la señora Constitución, ello para abrir la posibilidad de inversión extranjera privada nacional o bien extranjera -razón del acalorado debate- en ciertos rubros de exploración y explotación.
Entre tanto para los mortales comunes como usted o yo, no atinamos bien a bien a entender menos comprender ¡qué pedos!, sí, qué pasa con todo este arguende, decía, torno a la tan cacareada Reforma Energética. Estamos hechos bolas y lo que apenas acabamos a bien interpretar de una y otra posición respecto al tema, es que como sea que sea, ya sea si se aprueba la reforma o no, de todas maneras a usted y a mí; ¡nos va a llevar la chingada! (Perdón por la expresión pero es la pura verdura)
Porque miren ustedes; sí se aprueban las previsibles reformas, bueno, al menos las que se han puesto hasta hoy en el tapete de las discusiones (¡es más y es apreciación personal!, sean cuales sean las reformas, cosa que es fácil deducir de la posición irreductible del Peje sobre el tema), Andrés Manuel ha dicho -no textual pero insito es de lectura obligada- que levantará al pueblo o al menos a quienes simpatizan con su “causa”, para bloquear al país entero empezando por las entradas a los cines. Ya en serio, bloquear desde carreteras, aeropuertos y puertos marítimos, hasta llegar a los pozos petroleros. ¡Fíjate, fíjate, fíjate! Es más y para entender mejor de que se trata, aquí una cita citable del señor López durante su mitin del domingo pasado “en la torre” (que apunta a ser dentro de poco ¡en la madre”) de PEMEX: “El despojo del petróleo dejaría latente el riesgo de una confrontación violenta, lo cual nos puede llevar a más sufrimiento, inestabilidad política y social, al predominio del uso de la fuerza y no necesariamente a la emancipación del pueblo”.
Por otro lado, es decir, si no se aprueba la reforma, el país y todos nosotros claro está, estaremos condenados “perse”, a vivir bajo el deterioro paulatino de nuestras respectivas economías que se verán aún agravadas, por el deterioro generalizado de las finanzas del país al estar en crisis PEMEX columna vertebral, pulmón y oxigeno de nuestra economía. Y todos así, inmersos en un país de pobres, endeudado, saqueado por los políticos y esquilmado al final de cuentas, y es lo paradójico, por los mismos capitales nacionales y extranjeros a los que hoy, fincados en patrioterismos rampantes, se les niega participar. Y sí, porque al final y como dice y dice bien Andrej Manue con mayor sufrimiento e inestabilidad social, estos capitales ya privados ya extranjeros estarán, tarde o temprano en PEMEX. En el país entero.
Ya de salida
Así pues, estamos en una encrucijada. Porque como también lo advierte y advierte bien el señor de Macuspana -Tabasco- sobre que: “de aprobar una reforma energética con tintes privatizadores generará riesgos de violencia y de inestabilidad política en el País”. Estamos pues: “Entre la espada y la pared”. (Y no es canción de Lucerito)
