Alfonso Carbonell
alcar56@hotmail.com
Nuevos vientos; tiempos de cambio
Junto con los fríos vientos que soplan en este invierno, los vientos del cambio, los nuevos vientos, también resoplarán fuertes en el terreno de la política. Del gobierno. Se sienten y escuchan.
Para muchos, hombres y mujeres incrustados en la política y el gobierno, este duro cierzo invernal (como lo advirtiera el músico y poeta Agustín Lara), les calará hasta el tuétano. Sienten frío, tiritan y terminarán en la congeladora. Lo saben.
Por ello mismo, que no es de gratis por supuesto, muchos de los presuntos o presumibles (algunos deseables) personajes que sienten y ven como se empiezan a convertir en verdaderas estatuas de hielo -o simples monigotes de nieve-, se han dado a la tarea de quemar pólvora en infiernitos y desde sus trincheras editoriales a modo y con el siempre atingente colaboracionismo de algunos tundemáquinas, están prestos a librar sus propias batallas. Ilusos. Buscan calor bajo árboles -leña- de pirul, sí de esa que no sirve ni pa´ arder.
Pero el quid del asunto no es, no al menos mi propósito, desentrañar el complejo cuan perverso juego de vencidas mediáticas a que son muy dados a escenificar los políticos o en este preciso caso al que voy a referirme, de encumbrados funcionarios públicos en pos -y posh de por medio- de dirimir sus querellas. Sus “odiellas” mejor dicho.
Secretario de Gobierno vs. Secretario de Salud
De unos días para acá, se ha vuelto un tema recurrente como de inacabada confección, el presumible enfrentamiento (y digo presumible porque hasta hoy ningún sedicente analista ha aportado pruebas de nada) que entre ambos secretarios de Gobierno y de Salud, Jorge Antonio Morales Messner y Javier Castellanos Coutiño, respectivamente, vienen protagonizando, insisto, ello a través de los medios y sus voceros oficiosos. Bueno, al menos eso han escrito en sus espacios en los que incluso, y aunque no revelan nombres, se acusan mutuamente (los que están a favor de uno y otro) de estar siendo “recompensados” por sus objetivas y siempre bien intencionadas críticas. ¡Aja!
Considero necesario, no sólo por la buena imagen que ambos funcionarios deben de guardar ante los gobernados, sino por la buena marcha del propio gobierno, gobierno el cual y sea dicho de paso, no le ha sido fácil conducir al mandatario estatal Juan Sabines Guerrero, dado el gran rezago histórico acumulado sobre todo en áreas tan delicadas y de alto sentido social como lo son, precisamente, la secretaría encargada de la política interior y la de salud. ¡No me ayudes compadre!
De qué se trata (breve contexto)
Ante los señalamientos (mediáticos se insiste) sobre del posible paquete de cambios, enroques y ceses de funcionarios del gobierno estatal, como el que habla de la transmutación del hasta hoy secretario de Gobierno Morales Messner como secretario de Salud (¡ah, luego entonces!), hay quienes le señalan ser él quien está atrás de todo este “affaire” mediático en contra del, hasta hoy también, titular de Salud, Castellanos Coutiño. La interrogante aquí surge, porque sin entrar en el terreno de las demandas de difamación y calumnia aparentemente ya superadas (nota; aunque eso no quiere decir que haya impunidad para quien transgrede la ley en la materia), sí, de menos, algún desmentido o carta aclaratoria de parte del sindicado -acusado públicamente- que lo salvaguarde de cualquier posible implicación. No olvidemos que se dice, y dice bien que; “el que calla otorga”.
Pero lo que resulta más patético, véasele por donde se le quiera ver, es que ahora el otrora flamantísimo secretario de Salud, Javier Castellanos, antes profusamente multiponderado como “científico” gloria de la medicina en materia de transplantes y chiapaneco a mucho orgullo; bueno, nomás bonito no le decían y eso, entenderán, por obvias razones (¡hay si tú muy guapo no!), ahora pasa, no sólo como un presumible delincuente dedicado al tráfico de órganos (y no precisamente Yamaha), sino como todo un “traidorcete” al señalársele como parte integrante de un complot en contra del gobernador Sabines para imponer interinamente al “senadorcete” Rubén Velásquez. ¡Háganme ustedes el refavrón cabor! (dixit Carlos Acevedo)
Pero igual que ante los señalamientos que involucran al secretario de gobierno de estar atrás de los ataques mediáticos al de salud, éste, tampoco ha salido a desmentir nada de lo hasta hoy consignado en los medios. Nada buena la lectura.
Pérdida de tiempo y espacio
Créanme que no es de estas cosas de las que deberíamos estar hablando y gastando tiempo y espacio. Lo que nos debería y debiera ocuparnos en estos aciagos momentos por lo que atraviesa la entidad, es de cómo, ante -repito y reitero- vamos a enfrentar los grandes y graves rezagos históricos que padecemos, a los que como si no fueran pocos, en la agenda de pendientes urgentes tenemos los procesos de reconstrucción en la zona Costa, Sierra y Soconusco, sumándosele ahora, lo concerniente a la zona Norte así como a una cuarentena de municipios declarados oficialmente afectados. Me queda claro.
Pero soslayar lo que está sucediendo en el gobierno, bueno al menos en este caso específico entre dos secretarios de tan importantes carteras, lo único que viene es a enrarecer y caldear el ambiente político y social por las implicaciones tácitas y explícitas de sus respectivas encomiendas. Ni al Gobernador del estado Juan Sabines como tampoco a la buena imagen de su Administración, mucho menos ¡claro! a los chiapanecos todos, nos convienen este tipo de reyertas.
Ya de salida
Los retos para Chiapas y su gobierno, lo decíamos ya, son bastos y complejos. Se requiere entonces, de sus responsables, compromiso, orden y responsabilidad. Altura de miras. No se les pide más que honestidad, capacidad y eficiencia en el desarrollo de sus funciones. Pedirles más, sería demasiado. Así pues, “lo que no funcionó”, habrá de ser la premisa para los nuevos tiempos. Vientos de Cambio.
